Se necesitan agallas para lograr que Duque y Maduro conversen sobre problemas de frontera

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Por Mary Stapper para Somos la revista

Se necesitan agallas para lograr que Duque y Maduro se pongan de acuerdo en cuestiones de frontera.

Se necesitan agallas para proponer que congresistas colombianos y venezolanos se sienten en mitad de uno de los puentes internacionales para que dialoguen y convenzan al dictador venezolano Nicolás Maduro y al presidente colombiano Iván Duque Márquez sobre la necesidad de reactivar la vida comercial del Estado Táchira y Norte de Santander.

Iván Duque y Nicolás Maduro. Foto Somos la revista.

Se necesitan agallas para reunir líderes de diferentes matices y tendencia para que hablen el mismo idioma con relación a la apertura de frontera.

Se necesitan agallas para cruzar la frontera en busca de personajes allegados a Nicolás Maduro, para que le digan, no debe seguir castigando la frontera más viva de América con su cierre arbitrario.

Pues las agallas las tuvo un hombre cívico llamado Donamaris Ramírez París Lobo, quien cruzó la frontera por la trocha y llegó hasta La Fría en busca de un hombre a quien llaman el “protector del Táchira” y quien le habla al oído a Maduro para pedirle que le susurrara sobre el sufrimiento de hombres y mujeres de frontera.

Siga aquín la entrevista con Freddy Bernal, protector del Táchira

Donamaris Ramírez París y Freddy Bernal, protector del Táchira. Imagen tomada de Cívica TV.

Siga aquí 6 años de cierre de puentes fronterizos.

Desde que comencé a hacer periodismo, he dicho, los problemas de Caracas y Bogotá son muy distintos y distantes a los de la zona de frontera y, por lo tanto, deben ser resueltos por gente de uno y otro lado de esa línea invisible llamada frontera porque hablamos el mismo idioma, tenemos los mismos dichos, bailamos los mismos ritmos, tenemos familias y amigos en común y comemos los mismos productos.

Y que Chávez y Uribe encontraron un buen escenario para practicar el boxeo y eran un gozo para los redactores y caricaturistas políticos, quienes, pese a sus contradicciones, siempre dialogaban.

Sin embargo, Iván Duque, presidente de Colombia y Nicolás Maduro, dictador de Venezuela, herederos de esos dos colosos, siempre terminan peleados y sin cara de buscar la reconciliación. Por obvias razones, quienes llevamos “del bulto”, somos los hombres y mujeres de frontera.

Por lo que sea, considero, los problemas que llevaron al presidente Iván Duque y me pongo en sus zapatos para cuestionar los atropellos de su homólogo Nicolás Maduro, contra su pueblo al que llevó de la opulencia a la pobreza, y contra el nuestro, son válidos sobre todo para quienes escuchamos los gritos de quienes gritaban y siguen gritando, ¡libertad!

Sin embargo, me pongo, también, en los zapatos de los comerciantes, de los agricultores, de los mineros, de los arcilleros, de los hoteleros, de los restauranteros, de los nortesantandereanos y de los tachirenses y siento que se necesita una reapertura de frontera para no morir en el intento de hacernos autosuficientes.

Y aunque Duque junto a más de 40 gobiernos, incluidos Estados Unidos y Gran Bretaña, no reconocen a Maduro como presidente legítimo de Venezuela, quien sigue atornillado en el poder y es difícil que se deje sacar de Miraflores, Juan Guaidó, líder admirable por su entereza, sigue esperando junto a una oposición cada vez más debilitada, debe permitir ese diálogo que dé un respiro al libre comercio de las dos regiones andinas: Norte de Santander y el Estado Táchira.

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