Semblanza de un buen hombre: José Nery Pedroza Rojas

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Por Alvaro Orlando Pedroza Rojas – Su hermano

Semblanza de un buen hombre, de un buen padre de familia: un buen hermano, soñador, senderista, docente y poeta.

José Nery Pedroza Rojas, el segundo de los diez y el mayor de los cinco hijos sobrevivientes del hogar formado por los profesores José de Carmen Pedroza Salazar (q.e.p.d) y Ofelia María Rojas López (q.e.p.d), nació el 19 de julio de 1950 en la población de Teorama, Norte de Santander y falleció en la ciudad de Cúcuta, el 10 de julio del año 2021. De sus primeras nupcias con Rosa Zenaida Rangel Peña, nacieron Addy Zenaida Pedroza Rangel (Bacterióloga) y Sergio Nery Pedroza Rangel (Abogado). Alcanzaron sus ojos y su corazón a ver y sentir la presencia de una rama de su linaje, con el reciente nacimiento de su primer nieto, Isaac José Pedroza Mejía. Del hogar formado con Sandra Yaneth Rivero Garavito, nació Yeisy Camila Pedroza Rivero (último año de bachillerato, en curso)

José Nery Pedroza Rojas

José Nery cursó sus estudios de primaria y primeros años de secundaria en el Seminario de la ciudad de Ocaña y de Pamplona, y posteriormente culminó su educación media y secundaria en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Cúcuta, en la Promoción de 1969. Se tituló como Especialista Técnico Agropecuario y como Licenciado en Educación Básica Mención Humanidades del Instituto Superior de Educación Rural, ISER, de la ciudad de Pamplona y como Administrador de Empresas de la Universidad Francisco de Paula Santander. Realizó cursos de postgrado y diplomados en Traducción de textos en inglés en la Universidad de Pamplona y de Artes escénicas en Comfaoriente.

Prestó asistencia técnica como consultor en desarrollos agropecuarios en diferentes regiones del Norte de Santander; prestó servicios de asesoría en gestión empresarial y se desempeñó como docente del Magisterio Nacional en esta misma región del país, alcanzando la máxima categoría del Escalafón docente y ejerciendo su misión de docencia en el Colegio El Carmen Teresiano, Colegio Gran Colombiano y, en el Colegio Manuel Fernández de Novoa, en la ciudad de Cúcuta. Así mismo, laboró como docente en procesos de formación de educación especial en el Instituto de Educación no formal Comfaoriente y como profesor universitario en el Instituto de Educación Rural (ISER) de Pamplona y em la Corporación Universitaria Simón Bolívar. Con la UFPS estuvo vinculado a procesos de investigación formativa ejerciendo labor de dirección de trabajos de grado.

Alcanzado el derecho a la jubilación continuó ejerciendo docencia como profesor catedrático y haciendo una de sus mayores pasiones: viajar y escribir poesía y ensayos. Su obra, si se quiere inédita, salvo algunos poemas socializados a través de las redes sociales y de la prensa local, es copiosa. De su cosecha poética transcribo algunos versos,

OLVIDO (José N. Pedroza Rojas)

Mi silencio es todo, mi soledad te llora;

Ya no hay frases, ni palabras, ni canción.

Es tu rabia que nace, es el rezo que implora,

no desangres con olvido mi pobre corazón.

Cómo no he de extrañarte, sin tí nada es hermoso,

cómo no he de estar triste si me enseñaste a amar.

Hoy, que te encuentras lejos viviendo tu reposo,

mi dicha se suicida, ahogándose en el mar.

Ya no hay en esta alcoba la alegría de la aurora.

La fe se torna incrédula: sin luces, sin placer;

Los ojos, antes alegres te viven y te lloran,

lágrimas como lluvias, se ven sólo caer.

JUSTO A TIEMPO (José N. Pedroza Rojas)

No estoy acelerado, no he llegado temprano…

Jamás me he retardado,

ni tampoco, preocupado por llegar.

El camino está trazado y,

en el momento indicado … llegaré,

y encontraré,

lo que en la mente llevo que habrá de suceder.

Un amor, una sorpresa,

una recompensa o un placer

por parte de la que menos esperaba, hallaré.

Nunca es tarde, sólo hay que derrotar

el ansia, el desespero, lo intenso y el padecer.

He aprendido a escoger lo correcto

entre lo bueno y lo malo,

lo perverso y lo sagrado,

y, a saber, la distancia que existe

entre el ganar y el perder.

Antes de reclamar mis derechos

he sabido cumplir con mi deber

por eso, nada debo de temer,

ni sumirme en la impaciencia

He aprendido que la mejor virtud del hombre

es la paciencia

y, siendo la vida un puñado de experiencias

que llegan, desde el momento de nacer,

hay que vivirla con altura, optimismo,

autoestima y deseo de vencer.

SED DE AMOR (José N. Pedroza Rojas)

Hay momentos en que el alma se torna taciturna…

le abate la tristeza, el llanto y el dolor;

sin sospechar que, cerca de la soledad nocturna…

hay quien quiere consolarla y, llenarla de candor.

Hay instantes placenteros y, horas de intensas lluvias,

como olas que se abrazan con sueños de pasión;

tiempo de juventud, años que no enturbian…

es tiempo que llena de esperanza, la paz del corazón.

Sin embargo, a pesar de no estar solos… nos sentimos aislados,

como el sol y la luna, como el fuego y el mar;

la sed de amor se atrinchera en los labios

y, colma de incertidumbre, la fe y la voluntad.

Aun cuando hay momentos de sano esparcimiento…no todo es alegre, ni se siente la emoción…

Tanto se pretende…que se vacían las manos

cuando se corre raudo detrás de una ilusión.

…Lúcido, el pensamiento trae un recuerdo lejano, un verso, una canción…

Esas con las que, al llegar a viejos nos sentimos amados…

por una hermosa joven repleta de fulgor,

que hicieron, en un instante, que todo se tornara bello,

porque el sueño anhelado nos dio a beber

el agua fresca para la sed de amor.

ONCE AÑOS (José N. Pedroza Rojas)

Once años hoy cumple mi princesa

y sigue aun siendo una niña sin igual…

Ella sabe que los años pasan y conversa

en cada primavera algo especial.

Las trenzas, aún ajustan su estatura

y resaltan su candor,

reluciendo con detalles su hermosura

como el ángel del amor.

Se observa en sus ojos la alegría

que brilla como el cristal,

reflejando en su cuerpo la armonía

de niña humilde y singular.

Esta muñeca de tiernos ojos negros

y figura angelical,

aún siente el arrullo de la sangre

como el agua en el trigal.

Al cumplir once años su delantal de lino

aún cubre con adornos su niñez,

reservando el sabor del suave vino

al encuentro de su sana madurez.

Hoy sabe la razón de muchas cosas

que ha debido ignorar,

pues comprende que al pasar los años

la edad avanza siempre sin cesar.

A su edad sus simples travesuras

acechan en sus venas la virtud,

y observa el cambio que provoca a su figura

la ya casi cercana juventud.

Y aun cuando le nace simplemente

el canto y la oración,

va sintiendo que la paz de su alma

se va quedando en sus muñecas de cartón.

PALABRAS DE DESPEDIDA PARA MI HERMANO: el profesor JOSÉ NERY PEDROZA ROJAS, quien ha partido a la dimensión del cielo

Oración de gratitud a Dios por su existencia – Leída en la Eucaristía de Exequias celebrada en la Iglesia Espíritu Santo de la ciudad de Cúcuta, el día 12 de julio de 2021

Por Álvaro Orlando Pedroza Rojas

 “Aquí, Señor, Dios de la vida, estamos, en esta Iglesia del Espíritu Santo, en la celebración de tu Sagrada Eucaristía, atendiendo de nuevo tu llamado, para decirte gracias, por habernos dado a un ser de luz como amigo y como hermano. Y, no obstante que la muerte se nos antoje más cercana y casi familiar se nos parezca, debo decirte Señor, que nadie está preparado para hacer frente al adiós que, pese a ser temporal, nos pone frente a ella y, que, al sentirla de cerca, abriguemos un dolor de alma, que hace un nudo estrecho en la garganta. Nos conforta saber que, al convocar buen Dios a mi hermano José a cruzar el puente y a vivir su pascua, le has invitado a emprender el regreso hacia tu celeste casa.

La realidad es esa, a juicio del Supremo Hacedor, la misión terrenal de nuestro hermano estaba cumplida y, presto le ha convocado a trascender como un ser de luz allá en sus cielos. Para hacer fehaciente la Pascua de José Nery, el Señor ha detenido su reloj biológico, permitiéndole cruzar ese puente o umbral al que llamamos muerte para que hiciera viva su mudanza. Débiles como somos, desde nuestra humilde condición humana, su partida nos duele; pero, aún con un nudo de angustia en la garganta, nuestra fe Señor de la Vida y la Esperanza, sigue firme, al saber que, junto a ti, nuestro hermano, bien descansa. Por eso como dice mi amigo, el poeta argentino Carlos Boaglio: “No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado. Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha. La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más

Hace aproximadamente seis meses te llevaste Señor a nuestra madre, haciéndonos sentir ese vacío que deja una madre cuando marcha, a reunirse en tus cielos con el hombre que, siendo nuestro padre junto a ella, el hogar de nuestro origen tú, formaras. Ahora, ese vacío y las preguntas que asoman con la muerte han regresado; porque has venido de nuevo Señor a nuestras casas y a nuestro hermano mayor has convocado. Perdónanos, Señor, si esta nueva vivencia de ausencia de una rama tan vital en nuestro árbol de vida deshojado nos pone en angustia y hace que el océano de llanto viva un naufragio y se vuelva, como dijera la poetisa Ofelia Villamizar Buitrago “estrecha la cárcel del pecho, para eso que salta y que se anuda al cuello y que nadie sabe si es músculo o es alma”.

Invito a recordar a José Nery como era, con su espíritu libre, carismático, osado en la aventura, senderista, poeta, soñador, amante de la docencia, enamorado de la vida, orgulloso de sus hijos, un ser humano que creía y se esforzaba por crear lazos de amistad, y como todos los humanos, a veces eufórico, a veces solitario, a veces tímido y callado, a veces con la palabra conjugada en sus labios, a veces alegre, a veces cascarrabias, a veces distante de ellas, en ocasiones pleno de preguntas y en otras pletórico de respuestas.

Un buen lector …y en consecuencia un hombre de exquisita fluidez en la escritura. En lo personal quiero compartir recuerdos de nuestra dorada edad de infancia, cuando siendo niños nuestra preocupación era jugar y ser felices, encariñado con los estoraques, el playón, los pueblos pintorescos de Colombia, los encuentros en las vacaciones con los primos…Recuerdo al seminarista que en cada vacaciones corría alegre con los otros niños por los riscos y montañas, al corsajista que declamaba en los centros literarios, al administrador de empresas que ideaba formas para apoyar a los seres que amaba, al especialista agropecuario que viajaba por las veredas a prestar asesoría a los pequeños minifundistas. Al hombre que luchaba por la injusticia, al ser humano que, al dialogar, argumentaba.

Al viajero infatigable que hizo realidad el poema de Antonio Machado y que inmortalizó Serrat: “caminante no hay camino se hace camino al andar”. Y en este sentido, José Nery caminó y caminó haciendo el bien. Recién salido del ISER y de la UFPS, llenó las veras con nutridas cargas de vocación por lo que hacía y, tal vez esa forma de ser cautivó a Dios que les llamó a sus huestes y entonces el alma de José abandonó la casa de barro, dejó vacío el fondo de la tinaja; dejó atrás la ruta terrenal, cuando a nuestro juicio, aún le quedaba mucho por hacer aquí en la Tierra…Queda la alegría de haberle tenido como hermano, de haber compartido junto a él, bellos momentos y superados trances aciagos.

Recuerdo al autodidacta en idiomas. Al hombre de bien, jovial, bonachón, de buen talante, al magnifico escritor, al estudioso en constante inspiración, al hacedor de versos: al Vate que tenía a la vida como musa, y a la que en cada instante le cantaba con poemas. Recuerdo al amante de las buenas relaciones públicas, al profesor consagrado a su trabajo: una lección que aprendimos del ejemplo sagrado de nuestros padres, a un defensor de la familia aún con sus sombras y luces, con sus encuentros y sus pruebas, con sus aciertos y desaciertos…Con mi hermano compartimos la doctrina corsajista…y cimentada en casa: de hace siempre el bien.

Pese a que el sesgo de los lazos de sangre conmocionan, hice esfuerzos por escribir esta semblanza, con el mayor respeto, procurando plasmar con palabras el retrato de mi hermano José Nery: una persona de bien, con quien tuve el honroso privilegio de compartir sangre y hogar, travesuras y sueños, aciertos y encuentros, diferencias y desencuentros…y con quien, aprendimos, al igual que con los otros hermanos, a comprender que la vida…es un efímero soplo de aliento que Dios nos concede y, que a golpe de tiempo, con la fe y enseñanza de nuestros viejos que están el cielo, bien sabemos que estamos de paso y que nuestra casa propia es la casa del cielo.

Acelerado por la urgencia, como era José Nery, siendo el hermano mayor, le dio también por ser el primero en emprender esa nueva etapa que llamamos la carrera de la vida eterna ….

Recuerdo al hermano inventor que de muchacho le apostaba a tener un teatro en casa y se inventaba mecanismos para proyectar películas. Con él vi por primera vez el filme “la sociedad de los poetas muertos” y de corolario dialogamos sobre el ser humano que nos habita, los pensamientos que nos pueblan…los temores que nos hacen próximos y cuya confrontación nos fortalece…recuerdo al hermano con quien tuvimos ocasión de jugar con la pelota de trapo, el trompo y la cauchera, la rueda, el escondite, tocar los timbres y salir corriendo y subirnos a los cerros para ver como se elevaban contra el viento las cometas.

Fueron muchas las vivencias y lugares que nos hicieron comprender y conjugar a plenitud que antes de ser sustantivos, somos verbo, donde aprender y enseñar, reír, soñar, vivir, siempre se impusieron…Pese a reconocer limitaciones, vivenciar diferencias, descubrir fortalezas, tener momentos difíciles y crudas desavenencias… con papá y mamá aprendimos como hermanos la solidaridad, la convivencia sana en el marco de toda diferencia; nos enseñaron que la palabra no tiene veto y que la amistad y la sangre no se quebrantan porque en un momento dado, pensamos diferente o nos apostamos en polos opuestos.

La muerte no es la última batalla que libramos y tampoco en ese cruel encuentro, la muerte es victoriosa ni la vida ahí termina… en la fe, bien sabemos que, al perder esa lucha, a la vida trascendemos, como el Dios humanado que al descender de la Cruz en su calvario y dejar en el sepulcro su cuerpo resguardado, regresó a la vida, como EL mismo, en su tiempo vital bien lo anunciara, para quedarse entre nosotros como Dios Resucitado.

Desde la fe sabemos que la misión de José Nery no está acabada…comparto con el poeta Manuel Acuña, su expresión de que “no es la nada el punto en que nacemos, ni el punto en que morimos es la nada”, porque pienso que el tramo de tiempo entre la cuna y el sepulcro es sólo un trayecto y que el cuerpo que poblamos y mostramos es tan solo el molde de la humilde greda es nuestra forma geométrica con la cual, cruzamos ese trayecto de tiempo al que llamamos vida terrenal. Siendo seres de luz no es esa geometría la primera que habitamos, y tampoco será la última forma, cuando bien morimos.

Siendo el tiempo de vida solo un trayecto, lo que ocurre al morir es que solo se ha terminado la jornada…al romperse el cántaro de greda, Dios toma de nuevo nuestra alma liberada. Y si bien se detiene nuestro aliento, en Jesús que es Verdad, Camino y Vida, un nuevo halo y fuego nos recibe y eterniza y, al concluir con la muerte esa jornada de vida, lo que es dolor y gozo del cuerpo se termina; cuando justo el aliento de vida bien se agota, el corazón que enamora se detiene y el cerebro que razona no funciona y, es, en ese instante, en el que el ser que abandona este planeta, en otra dimensión muy bien renace… en otra dimensión germina y brota.

En este momento en que Dios toma del árbol de la vida a José Nery, nuestra fe de nuevo es puesta a prueba. Reconforta saber que es en nuestra debilidad cuando la presencia de Dios toma más fuerza.

Expreso agradecimiento a todas las personas que han respondido presencial o virtualmente a esta cita eucarística de acción de gracias a Dios por la vida de mi hermano José Nery, cuyas exequias y memoria nos congrega. Por el descanso eterno de su alma, elevo a Dios una plegaria de agradecimiento por haberme dado la oportunidad de su hermandad, conocerle y ser su amigo, por los buenos momentos compartidos, las dificultades superadas, y las alegrías ampliamente celebradas. Al noble caballero que se batió en el ruedo de la vida para sacar adelante a su familia: ¡A todo señor, todo honor! En la gloria de Dios descanse su espíritu. Quiero concluir con un poema del escritor Hamlet Lima Quintana denominado GENTE NECESARIA

“Hay gente que con solo decir una palabra enciende la ilusión y los rosales, que con sólo sonreír entre los ojos nos invita a viajar por otras zonas, nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente, que con solo dar la mano rompe la soledad, pone la mesa, sirve el puchero, coloca las guirnaldas. Que con solo empuñar una guitarra hace una sinfonía de entrecasa. Hay gente que con solo abrir la boca llega hasta todos los límites del alma, alimenta una flor, inventa sueños, hace cantar el vino en las tinajas y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida desterrando una muerte solitaria, pues sabe, que, a la vuelta de la esquina, hay gente que es así, tan necesaria”.

Porque pienso que mi hermano José Nery, el hermano mayor de la familia, hace también parte de esos seres de luz sobre el planeta que son siempre y serán Gente, así de necesaria.

En comunión con mi esposa Nina, de mis hijos Álvaro Alexander y Olga Andrea, del núcleo familiar de mi hermano José Nery: (Rosa Zenaida, Addy Zenaida, Sergio Nery, Isaac José, Sandra Yaneth, Yeisy Camila) de mis hermanos Adid del Carmen, Eulicer Alfonso, Jesús Bethsaid y Graciela, y junto a ellos, sus respectivas familias, damos gracias a Dios por la vida de José Nery y por haberle recibido en sus moradas del cielo. Agradecemos a todas las personas que presencialmente o en forma virtual se han unido a esta Eucaristía de acción de gracias y exequias. Dios les pague y bendiga.

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