¿Xenofóbica? NO

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Por: Isbelia Gamboa Fajardo.

La migración, entendida como un mecanismo biológico, a lo largo de toda la evolución ha demostrado ser un camino expedito para la creación de nuevas especies y a lograr asentamientos humanos con la diversidad cultural y social que ello implica. Muchos son los que emigran de sus países de origen por diversas situaciones y se instalan en los que ofrecen su ayuda como un gesto de hermandad.

Migrantes. Foto www.somoslarevista.com

Es válido esta asistencia ya que permite afianzar la solidaridad, el tener un gesto de compasión para aquellos que sufren. Sin embargo, en algunas ocasiones esto se convierte en problemas para los países que abren sus puertas y su corazón a dichas personas. 

Paralelo a la migración surgen en los países hospedadores los sentimientos xenofóbicos   conduciendo a lo largo de la historia a conflictos mayúsculos como, por ejemplo, a la aterradora lección de la 2 guerra mundial donde el odio hacia judíos fueron    la excusa para dar rienda suelta a la mente enferma de Adolfo Hitler.

El Antisemitismo racial (propiamente dicho) es un episodio vergonzoso de la humanidad. El desmoronamiento de los prejuicios religiosos que se fueron desacreditando a finales del siglo XIX llevó a Alemania y Francia a la adopción de una nueva construcción de las naciones donde imperan el racismo, o creencia de superioridad. Toda esa forma de pensamiento presidida por las ideas de liberalismo y la Ilustración se manifestó en su más alto nivel durante el nazismo, para consolidar objetivos de poder, extensión territorial y que mostró descarnadamente la barbarie del hombre en manifestaciones xenofóbicas aberrantes.

Sin llegar a esos extremos el siglo XXI no es ajeno a estas realidades. La pobreza que inunda gran parte de países conlleva asumir decisiones de emigrar, de buscar nuevas oportunidades en ese anhelo tan natural y justo de encontrar un mejor vivir.

Es noticia diaria, e indiscutiblemente nos ha hecho impermeables al dolor ajeno al volverse cotidiano, rutinario y donde la expresividad de tristeza es momentánea mientras emiten una noticia más trágica acerca de los inmigrantes.  Ese sentimiento de conmiseración, piedad, caridad, se perturba cuando el actuar de algunos extranjeros lleva a estados de inseguridad en los países que le han acogido.

La migración es en muchas ocasiones la aparición de fenómenos como la pobreza, y la desigualdad social. Situaciones que conllevan a que se presenten escenarios adversos al bienestar social. Y si nos enfocamos en los países latinoamericanos el problema se acrecienta.

En nuestro país esta realidad ha hecho de muchas ciudades estancias inseguras donde el vandalismo se ha convertido en algo tan continuado que los ciudadanos de bien no sienten protección en ningún lado.

No todos los migrantes vienen con esa intención, hay seres valiosos que aportan al crecimiento económico de la región, pero los otros han dañado aún más nuestra patria aquejada ya de tantas vicisitudes.

Colombia no ha sabido afrontar la migración, No tiene un procedimiento unificado para el control de emigrantes desde los antecedentes judiciales o por lo menos no ha sido eficiente.

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