Cúcuta: entre la paranoia y la esperanza

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Por Mary Stapper para Somos la revista

Siempre he pensado y sostenido que Cúcuta es el mejor vividero del mundo y que en nuestra bella ciudad, hasta los árboles sonríen. Y me embeleso con el canto de los pájaros, el verde de los árboles, los colores de sus flores y el azul del cielo. Me entusiasman los pasteles de garbanzo y los de yuca, los dulces de platico, los cortados y los arrastrados. También el mute y las hallacas. El comerse un trozo de jugosa piña o disfrutar de un masato, un agua de panela con limón o beberse un buen tinto.

San José de Cúcuta

Me emociona la resistencia de la gente que sale adelante a pesar de las situaciones económicas

Disfruto cuando las personas emprenden, montan empresa y brindan oportunidades para la gente sin dejarse morir en el intento.

No quiero cambiar esa percepción que tengo de la ciudad, por la que hemos luchado y librado batallas.

Ahora, desde la acción comunal, cuando se ejerce un trabajo voluntario, he encontrado algunas satisfacciones y algunos sinsabores.

Sobre todo, este domingo cuando unos gritos horribles, acompañados de olores a bazuco, basura, aguas negras y pólvora me sacaron del sueño profundo en plena madrugada.

Sentí pánico. Pensé, se habían tomado nuestra bella Cúcuta y pedí ayuda a través de un grupo de chat.

Estaba emocionalmente perturbada por varios factores externos ocurridos desde hace algún tiempo como los problemas fronterizos, el aumento de habitantes de calle, la cantidad de migrantes quienes, con niños de brazos se toman las calles. También, el aumento de la drogadicción, la suciedad y la invasión del espacio público.

Me sentía perturbada por la multiplicación de ventas ambulantes en cada calle, avenida, separador o parque de la ciudad.

Son situaciones que desequilibran la menta sobre todo en tiempos de pandemia, porque Cúcuta se ha caracterizado por ser una ciudad arborizada, llena de jardines, calles y andenes amplios, de gente solidaria y amable, panorama que ha venido cambiando porque la ciudad está perdiendo su norte.

Cuando la paranoia se apoderó de mi mente y pedí auxilio, vi el panorama muy oscuro y olvidé la limpieza y recuperación que se le ha hecho al malecón, la pujanza de la gente, el aumento de pie de fuerza para controlar y el ejército de voluntarios trabajando por recuperar la idiosincrasia de la ciudad.

Lo que no sabía, en ese mismo instante, la Policía Nacional que salvaguarda nuestra integridad y nos brinda seguridad, realizaba un operativo, junto con la Alcaldía de Cúcuta, para recoger a los habitantes de calle y llevarlos al centro de oportunidades o cualquier otro albergue. Ojalá se queden ahí y recuperen su autoestima.

Las preguntas quedan flotando en el ambiente.  

¿Nos quedamos en los lamentos o buscamos soluciones a los problemas?

 ¿Qué podemos hacer por Cúcuta?

¿Cómo podemos recuperar su mejor cara?

¿Cómo emular a reconstructores como Francisco Andrade Troconis?

¿Cómo mejoramos a Cúcuta?

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2 comentarios para "Cúcuta: entre la paranoia y la esperanza"

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