Semblanza del señor Luis Alberto Rozo Gutiérrez

Al noble caballero Luis Alberto, quien se batió en el ruedo de la vida para sacar adelante a los suyos, al amante del ciclismo, al hincha del Cúcuta Deportivo, al comerciante honesto y pulcro, al flameante campeón de ruta en nuestros tiempos corsajistas, al amigo de las buenas costumbres y el buen trato, … ¡Paz en la gloria de Dios tenga su espíritu” ¡A Señor del caballito de acero todo honor!

Luis Alberto Rozo Gutiérrez

Por Álvaro Orlando Pedroza Rojas –

Dios,
supremo creador del universo, pleno en bondad y motor de todos los  hombres, en todos los tiempos, ha llamado a su
casa del cielo a otro integrante de la familia corsajista-promoción 71; esta
vez, ha convocado al amigo LUIS ALBERTO ROZO GUTIÉRREZ: un hombre de bien,
jovial, bonachón, de buen talante, de férrea disciplina, de trabajo a lomo de
sol con vocación de hogar, un enamorado del ciclismo, del buen trato, volcado a
su familia, y gustoso de la amistad corsajista.

Pese a
que la noticia conmociona y las palabras se agolpan adentro, no salen, hago
esfuerzo por escribir esta semblanza, con el mayor respeto, procurando plasmar
con palabras el retrato de una persona de bien, a quien tuve el honroso
privilegio de conocer y con quien compartí una franja de tiempo de los años
dorados de colegio: el amigo Luis Alberto

Pero
esa es la vida…un efímero soplo de aliento que Dios nos concede, para que
aprendamos a golpe de tiempo que estamos de paso y que nuestra casa propia es
la casa del cielo.  Por eso el propio
Dios humanado se nos hizo camino… y al volver a nacer desde la muerte para
ascender al cielo nos enseñó que la muerte es solo la puerta que nos conduce a
la siguiente ruta y, que la vida es el crisol que nos forja en el bien para ir hacia
el encuentro del Padre.

Pero humanamente duele… el alma se consterna, no resulta fácil decir adiós y, como dije:  las palabras no fluyen, se anudan a la garganta, se marcha la calma; razón tenía la poetisa Ofelia Villamizar Buitrago…cuando evocó momentos en el que” se vuelve estrecha la cárcel del pecho, para eso que salta y que se anuda al cuello y que nadie sabe si es músculo o es alma”

Para
Luis Alberto, como bien lo recordamos sus compañeros de la edad dorada del
colegio “un ciclista de cuna”, llegar primero era su impronta y en esta última
carrera, cuando todos soñamos y visionamos al 2021 como un hito en el  tiempo 
por el reencuentro de la edad de oro de egresados, le dio por ganar la
contra reloj, retirarse del equipo de los que seguimos siendo peregrinos, acatar
el llamado de Dios, para sumarse a otra competencia: la carrera de la vida
eterna … y queriendo  de nuevo ser  primero en cruzar la puerta que todos, en
procesión, cuando el Justo Juez decida habremos de pasar… se fue adelante.

Nos
consuela, a quienes tenemos en Cristo la fe cimentada, saber que la muerte no
es final sino el comienzo y lo que hizo “Rocito”, como cariñosamente le
llamamos sus amigos, fue iniciar primero. El no estar más físicamente se
compensa con buenos recuerdos que quedan de los momentos que en vida se labran
y que después permanece en la memoria de quienes seguimos en pie en esta etapa
de peregrinar terrestre.

Por
eso, cuando las horas pasen y de nuevo la odisea del colegio nos convoque, el
espíritu de Luis Alberto, junto al de los  otros precoces compañeros que marcharon al
encuentro con Dios en los cielos, estarán de nuevo con nosotros…y allí en
grupo, estaremos evocando sus memorias, rememorando anécdotas, y disfrutando,  como bien lo dice el amigo  Iván Orlando, esa diversidad de caracteres,
esa  gran variedad de temperamentos, de
ingenio, de formas de tomar el pelo o de 
mamadera de gallo (como decimos coloquialmente) y las múltiples
ocurrencias que afloran en ese grupo de unión y de  amistad a toda prueba.

En su
dimensión humana Luis Alberto hizo parte del grupo de los grandes hombres que
tienen en su sencillez de sabios, forjados en la ruda exigencia de la vida, el
temple de los atlas que debieron llevar al sol sobre sus hombros para
materializar en la rutina del esfuerzo, el pan de cada día, y encontrar así la
generosidad de los elegidos por Dios y al propio Dios por compañía.

Al
noble caballero Luis Alberto, quien se batió en el ruedo de la vida para sacar
adelante a los suyos, al amante del ciclismo, al hincha del Cúcuta Deportivo, al
comerciante honesto y pulcro, al flameante campeón de ruta en nuestros tiempos
corsajistas, al amigo de las buenas costumbres y el buen trato, … ¡Paz en la
gloria de Dios tenga su espíritu” ¡A Señor del caballito de acero todo honor!

 A su familia y amigos comparto finalmente una reflexión
sobre la muerte que hiciera Facundo Cabral; señalaba el cantautor que “La muerte
trabaja para recrear la vida y, la que llamamos muerte es en realidad una
mudanza”. El amigo Luis Alberto, ciclista como era hizo un sprint para mudarse
a la habitación de al lado, como dijera San Agustín y se adelantó hacia la meta
de dialogar con Dios y lo logró; se liberó de su casa de campaña y abrió las
alas de su alma y viajó hacia el cielo.

La
Promoción de Bachilleres Corsajistas 1971, compañeros que apreciamos a Luis
Alberto, en pie y con recia voz de amigos le decimos “Aquí nos tienes hoy,
rindiendo los honores a todo un campeón”, y expresando en unísono a su querida
familia, a su distinguida esposa y a sus hijos, nuestra moción de condolencia
y, nuestro fraternal y solidario abrazo. Ofrecemos a Dios nuestras oraciones
para que asista en fortaleza y con la luz del entendimiento y comprensión de
sus designios a su querida familia.

Al
reconocer que es grande el vacío que deja la partida presencial del entrañable
corsajista LUIS ALBERTO ROZO GUTIÉRREZ, recuerdo al cantautor   Alberto Cortez, quien entonaba:

“Cuando un amigo se va, queda un espacio
vacío
Que no lo puede llenar, la llegada de otro amigo

Cuando un amigo se va, queda un tizón
encendido
Que no se puede apagar, ni con las aguas de un río

Cuando un amigo se va, una estrella se ha
perdido
La que ilumina el lugar, donde hay un niño dormido

Cuando un amigo se va, se detienen los
caminos
Y se empieza a revelar, el duende manso del vino

Cuando un amigo se va galopando su
destino
Empieza el alma a vibrar, porque se llena de frío

Cuando un amigo se va, queda un terreno
baldío
Que quiere el tiempo llenar, con las piedras del hastío

Cuando un amigo se va, se queda un árbol
caído
Que ya no vuelve a brotar, porque el viento lo ha vencido

Cuando un amigo se va, queda un espacio
vacío
Que no lo puede llenar, la llegada de otro amigo”

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