Su Santidad y el ambiente

Por ALONSO OJEDA AWAD

Guardo profunda admiración por Su Santidad el Papa Francisco, desde los tiempos de su sorpresiva elección. Me impresiona su sindéresis en el manejo de los complejos problemas que agobian a las naciones. Siempre lo acompaña una franca sonrisa desde donde esparce seguridad, fe y confianza para el mundo y más cuando la grave pandemia que nos ataca va atravesando el corazón mismo de la religiosidad y la cultura mundial.

Papa Francisco. Foto tomada de Internet.

Ha impuesto su sencillo estilo
personal desde el solio de San Pedro. Sus primeras decisiones sorprendieron al
mundo acostumbrado como estaba al boato religioso. Ordenó que no lo transportaran
en el lujoso Mercedes Benz que el Vaticano le tenía reservado para sus
movilizaciones, y pidió que mandaran por su viejo Fiat que utilizaba en Buenos
Aires. Cuando le trajeron las finísimas sandalias rojas distintivo de ser Papa,
las rechazó cortésmente, aduciendo que con sus viejos zapatos negros que usaba
en la Argentina no tendría ningún problema. Con estos dos mensajes anunciaba al
mundo Su Santidad El Papa Francisco, su sólida personalidad, que le auguraba un
destino diferente a la Iglesia. Una iglesia más comprometida con los pobres del
mundo como lo había enseñado Cristo Nazareno.

Su solidaridad con los pueblos
sufridos del mundo no se hizo esperar. Comprendió que Cuba había recibido una permanente
ofensa, al imponerle el gobierno de los Estados Unidos un bloqueo, que año tras
año derrotan en la ONU con apabullantes votaciones que siempre deja solo al
gobierno gringo, y una ola inmensa de naciones apoyan a Cuba. Pero esto no es
suficiente, siempre el país del Norte impone a raja tabla su decisión
antidemocrática y antihumana de persistir en el bloqueo.

El Papa comprendió que solo una
acción personal, fraternal y humanitaria con el presidente Obama podría limar
estas duras situaciones, hacia allá impulsó todo su dinamismo logrando lo que
pensábamos casi como un imposible:  Que
Cuba y los Estados Unidos abrieran relaciones diplomáticas, hecho que se logró
y se ratificó posteriormente con el histórico viaje del presidente Obama a la
Isla. Esto alivió la tensión mundial considerablemente. Solo hasta ahora, con
el gobierno de Trump, vuelve nuevamente EE. UU en forma abrupta y temeraria a
incluir a la heroica isla de Martí, en la lista de países que no apoyan la
lucha contra el terrorismo, cuando Cuba ha dado muestras incansables e
irrefutables de su firme compromiso con la Paz del mundo y el reconocimiento y
respeto por los Derechos Humanos.

La acción más significativa de Su
Santidad el Papa se refiere a su carta encíclica Laudato Sí, una
profunda reflexión en relación con el “deterioro ambiental global y la urgencia
de afianzar una verdadera cultura del cuidado del ambiente”, la cual cumple
cinco años, ya que fue el 24 de mayo de 2015 cuando Su Santidad habló a todos
los pueblos del mundo para “entrar en dialogo con el mundo, acerca de nuestra
casa común”.

Para ninguno es un secreto que la
debacle en la que se encuentra nuestro “planeta azul” como se designa la Tierra,
se debe fundamentalmente a un desordenado y caótico desarrollo tecnológico y
económico que está desajustando las principales bases biológicas, ecológicas y éticas
sobre las que se levantó la civilización humana.

Es hora entonces de escuchar la
sabia voz de nuestro pastor el Papa Francisco y disponer realmente nuestra
voluntad y decisión de acompañarlo en 
este revitalizado compromiso de salvar nuestra casa común, al entender
que no hacerlo, es condenar a la madre naturaleza a optar por otro ser
diferente a nosotros como especie dominante que la habite, para que otro  ser  haga de la 
Tierra el remanso de respeto, cuidado e integración con la madre tierra,
que Dios nos brindó con toda su generosidad y  que la avaricia sin límite de los hombres  ha llevado  al borde del abismo, donde no hay tabla de
salvación alternativa para esta civilización.

El sentimiento expreso de Su
Santidad es: La casa común que vamos a construir debe estar levantada sobre los
pilares de la solidaridad, el amor, la fraternidad, la ética y la justicia
social. Tendrá que acabarse para siempre la explotación inmisericorde que hace
el capitalismo salvaje de la naturaleza y de millones de mujeres y hombres
quienes viven en la miseria, la desolación y la desesperanza total.

Un nuevo modelo social y económico se está abriendo paso en medio de esta pandemia. Estamos convencidos que los pueblos instauraran un nuevo contrato social, donde la naturaleza sea para amar, disfrutar, respetar y articularse a ella como un ser más de la misma, la riqueza sea un logro para compartirse entre todos y la nueva democracia, una visión renovada de respeto a la dignidad de las naciones, a las mujeres y los hombres que las componen.

Alonso Ojeda Awad
EXEMBAJADOR DE COLOMBIA
VICEPRESIDENTE DEL COMITÉ PERMANENTE DE DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS.  CPDH.

Mayo 20 de 2020.

Nota del editor: los conceptos emitidos son responsabilidad exclusiva de su autor.

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