Parque Residencial Las Palmas: una aventura alrededor de los cocos

Por Hernando Suárez para Somos la revista –Fotos de Mary Stapper

Cuantas historias podemos contar de esta aventura. Un proyecto tal vez 20 años  avanzado a la época de los años 70´s, finales . . . en la querida Cúcuta . . . para que la gente, solo 30 familias se fueran al vecindario . . .  a la Bella Villa del Rosario.

Pues, cuando llegué a Cúcuta a vivir, a asentarme y probar mis habilidades que había aprendido en EAFIT y en algunas otras empresas, en que tuve oportunidades laborales, empecé a buscar terrenos, y quien fue mi socio por efímeros 4 o 5 meses, ingeniero, Julián Caicedo, me ofreció un terreno que él denominaba El Palmar, y no era otra cosa que un lote de 4.2 hectáreas, con 820 palmas de coco sembradas y cuidados por nuestro más insigne y antiguo empleado, Don Bruno, quien entró en la negociación y fue parte integral del proyecto.

Jardines de Cúcuta

Julián había adquirido
el terreno por compra a mi tía Alicia Suárez Peñaranda, y sembró los cocoteros,
buscando inteligentemente una valorización esperada, por la vía que estaba
planeada, trazada y “rozaba” el terreno.

Con Alonso Bravo, mi jefe y socio, y hasta la fecha, mi buen amigo, nos abocamos a la tarea de buscar un excelente arquitecto que conjugara correctamente la brisa de las tardes, la belleza del espacio, los atardeceres crepusculares y la escasez de vecinos que tendríamos.

Jardines de Cúcuta

Pues el arquitecto
Roberto Muñoz, hizo el proyecto. Casas abiertas y ventiladas, que crecían de
acuerdo a necesidades y posibilidades de la familia. Terrenos con 10 o 15
palmas en producción que nos deparaban más de mil cocos al mes. Lugar para
juego y deporte infantil. Estacionamientos comunales de visitas. Vías que no
deterioraran el entorno y retirar las menos palmas posibles. Sacrificamos al
final solo 37.

«Pensamos e hicimos tantas cosas, cómo financiamos, cómo promovemos, cómo construimos. Cómo y cuándo le vendemos la idea al cucuteño, que 8.5 kilómetros de San Mateo a Las Palmas eran 9 minutos»…

Pensamos e hicimos tantas cosas, cómo financiamos, cómo promovemos, cómo construimos. Cómo y cuándo le vendemos la idea al cucuteño, que 8.5 kilómetros de San Mateo a Las Palmas eran 9 minutos. Como llevamos los niños al Colegio, pues compramos un pequeño bus y lo rotulamos muy orondos, Parque Residencial Las Palmas. A la entrada pusimos letreros.  “Despacio, los niños te saludan“ y eran felices en bicicletas, patines, caballitos de madera, de arriba abajo, sudando como olla exprés. . . 

Terminamos el
anteproyecto e iniciamos ese viacrucis de querer construir. Buscamos agua.
Difícil pero la conseguimos. Desagüe y aguas lluvias, obras importantes y
necesarias. Costosas, pero lo logramos. Telefonía. Casi imposible. Que odisea,
pero lo conseguimos. Energía, muy lejos para “Centrales Eléctricas” pero
Estrada nos Apoyó.

Vinculamos al ingeniero Ariel Gómez, paisa verraco y trabajador, para que fuera el director de obra y lo hizo con lujo de detalles. También trabajaron en la obra el gran Pi Pizarro, Guayo Garciaherreros, el pato Camperos, gente chévere de Cúcuta. El dinero nos lo arbitró Corpavi, después de muchas, muchísimas horas de angustiantes juntas. Para obra contratamos gente local. A Joseíto y su maquinaria pesada. A Leo Posada sus concretos y pavimentos. A Marco Antonio Peñalosa y Alfredo Mendoza. . .  mil cosas. A los hermanos caradura, pues carpintería y techos.

«Lo que cuesta un coco, o la mejor manera de volverse loco»…

Jardines de Cúcuta

Dos años después de iniciada la obra, Alonso me nota desesperado, pues, las ventas no se daban, y la gente no veía ninguna ventaja vivir en La Palmas a “tantisisísimos” kilómetros de Cúcuta. Extraño, pero así era. Le dije, bravo, me han pasado tantas cosas con la venta la Las Palmas, que estoy escribiendo un libro.  Le platiqué el guion y como lo enfocaría. Dos días después me llama y me dice “Suárez, no puedo hacer más de lo que has hecho por Las Palmas, pero le tengo nombre a tu libro». . .   Y era: LO QUE CUESTA UN COCO, O LA MEJOR MANERA DE VOLVERSE LOCO . . .

En la mudanza de Cúcuta a Medellín a fines de 1961, se extraviaron unas cajas y en una de ellas se fue todo mi manuscrito de lo que sería mi libro. ¿Solo el recuerdo, nefasto o alegre?  ¿Orgulloso o triste?  Tengo, hoy día del proyecto, Parque Residencial Las Palmas.

Alonso había sido
testigo de lo complicado que fue vender este proyecto. A Gabriel Peñaranda, le
regalamos 6 meses de estadía y vivió gratis dos años. Excelente inquilino y
gran vecino. Los demás colonizadores, Jorgito Flórez y Mary, El Piriqüike Rafa
Pérez y Fanny, Don José Alejandro, Guillermo Rey, Edgar Zambrano, Leo y
Margarita, Don Herbert, El doctor Uribe,    
¡qué buena comunidad logramos!, al menos para el 50% de las casas que
debiéramos hacer. Vivíamos a gusto. Seguros, con menos calor que en Cúcuta.
Servicios públicos al 100% y más económicos.

Sin embargo, la
capacidad de éxito que pensamos tendríamos se había esfumado y los costos
financieros nos arropaban tremendamente, ya que comían día y noche. Jueves y
domingos. . . Evitamos las demandas de Corpavi gracias a los pesos que a
cuentagotas entraban y muy celosamente se cuidaban.

La gente, amigos de
todos los acá residentes y que venían a Cúcuta, eran llevados a conocer Las
Palmas y recibimos felicitaciones y reconocimientos. Fue un proyecto que dejó
un gran sufrimiento y una inmensa felicidad haberlo podido realizar.

Hace un año, mi amiga de infancia, 50 años ha. . .  Ingrid Hartmann, nos invitó a cenar a su bellísima casa. Al murmullo de ranas y grillos. Al disfrute del sonoro meceo de palmas en vida, hamacas, mecedoras, sillas cómodas, algún aguardiente invadiendo un vaso con hielo y reclamando un SALUD, por Las Palmas, pues este irrepetible proyecto de casi 800 cocoteros en producción ya tiene una vida espectacular, con gente feliz en su bellísimo solar.

Tres anécdotas para terminar:

Entrando a la callejuela que conduce al proyecto, había unas 8 casas realmente espantosas. Feas y en proceso de venirse abajo con dos aguaceros más. Pues casi nos tocó suplicarles a sus dueños (o vivientes) que nos dejaran arreglarlas, por supuesto sin costo para ellos, pues era parte del look inicial de paso al parque. Y ¡lo logramos!

Otra, Carmencita mi
señora se iba a la “sexta” a vender los cocos y los permutaba por pan coger del
diario sustento. Nos deparó vida ese lote, cuando Stefanía andaba dando giros
en la panza de su madre y Max su hermanito corriendo en la parcelación.

Durante la obra, cuando
se estaban haciendo las excavaciones para aguas negras y cimentaciones, un
obrero sacó una caja y sin decir nada se fue. . .   nada se volvió a saber de él. Se comenta que
la caja contenía monedas de oro que años atrás alguien había sembrado con gran
esperanza de futuro.

Hernando Suárez para Somos la revista

Noviembre 19 / 19

10 comentarios para "Parque Residencial Las Palmas: una aventura alrededor de los cocos"

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