Sor Yaneth Díaz Tamayo: Tócate, para que no te toque

Por Diego Monsalve*
Hace meses seguía la historia de Sor. Nos conocimos en la clínica de Cancerología de Norte de Santander, donde recibimos tratamiento. A partir del primer día sentí cariño especial por ella, que nos llevó a contarnos historias de vida y cómo habíamos sido diagnosticados; los remedios caseros que cada uno se hacía para alivianar los días posquimios y contrarrestar los mareos; las náuseas, los dolores de cabeza, la migraña y cómo subir las defensas para los próximos 21 días.

Sor Yaneth Díaz, un mes antes de iniciar su proceso

Hace meses seguía la historia de Sor. Nos conocimos en la clínica de Cancerología de Norte de Santander, donde recibimos tratamiento. A partir del primer día sentí cariño especial por ella, que nos llevó a contarnos historias de vida y cómo habíamos sido diagnosticados; los remedios caseros que cada uno se hacía para alivianar los días posquimios y contrarrestar los mareos; las náuseas, los dolores de cabeza, la migraña y cómo subir las defensas para los próximos 21 días.

Tratamos de estar pendientes uno del
otro. En mis oraciones y en las de mi familia estaban Sor y sus hijos. Nos
habíamos visto a mediados de septiembre, cuando fui invitado a una conferencia
de productos americanos, claves en su recuperación.

Sor Yaneth Díaz Tamayo es hija de
Pablo Elías Díaz y María Teresa León. Nació en El Zulia, el 11 de agosto de
1979. Es la menor de cinco hermanos, cuatro mujeres y un hombre. Por decisión
propia empezó a trabajar, a los 13 años, en la confección de ropa. Vivían cerca
al municipio natal, donde cursó hasta sexto grado. Motivada por generar
ingresos para la casa no quiso estudiar más. En esa época era casi imposible
hacerlo, debido a que no existían las posibilidades de hoy.

Al poco tiempo, Sor y la familia, se
trasladaron a Cúcuta donde construyeron sus sueños.

A los 17 años, tuvo la primera hija,
Mayerly Steffanny. Convivió con el padre de la pequeña hasta que cumplió 5 años.
Luego de batallar por mantener el hogar, las fuerzas y las esperanzas
declinaron. Pasó un tiempo sola, hasta que nuevamente el amor tocó las puertas
del corazón. De esa relación nació Breiner José. Luego de dos años, la relación
llegó al fin.

Con dos hijos y con el apoyo de la madre y  hermanos, Sor se dedicó al hogar. Trabajaba en modistería y soñaba con darles lo mejor a Mayerly y Breiner, el principal motor para vivir.

«Hace dos años y medio, le salió una masa en el seno derecho. No le dio importancia, porque la hermana mayor había tenido lo mismo y el resultado de la biopsia había salido benigno. Apersonándose del diagnóstico, continuó con la vida normal y no acató las alarmas que emitía el cuerpo».

Hace dos años y medio, le salió una
masa en el seno derecho. No le dio importancia, porque la hermana mayor había
tenido lo mismo y el resultado de la biopsia había salido benigno.
Apersonándose del diagnóstico, continuó con la vida normal y no acató las
alarmas que emitía el cuerpo.

En junio de 2018, sintió hundimientos
en el pezón y le salieron masitas alrededor de la axila derecha. Sentía fuertes
dolores. Sor trabajaba en una fábrica, del barrio Comuneros (Ciudadela Juan
Atalaya), cocía bluyines. El miedo la llevó a comentarle la situación a la jefa,
que le ordenó y envió a sacar cita médica para prevenir cualquier anomalía.

El 12 de julio, le practicaron la ecografía
mamaría y con los resultados volvió al médico del dispensario. El profesional
de la salud le dijo que no le gustaba lo que veía y que para descartar
cualquier sospecha la enviaría con el cirujano.

De la cita con el cirujano comenzó el camino de exámenes y ecografías que confirmarían o descartarían la posibilidad del cáncer de mama. Entre las valoraciones recuerda la insistencia del médico del centro de especialistas Ecoimagen, por la biopsia y reclamar el resultado.

Sor Yaneth Díaz, foto en mitad de las quimioterapias

A principios de agosto, la llamaron
para practicarle la biopsia. Esa mañana, recordó que la jefa le recitaba un
versículo bíblico para subirle el ánimo por ser de las mejores colaboradoras.
Aquella mañana quedó marcada en la mente de Sor, por el miedo del estudio que
venía y por la palabra de esperanza que la llenaría de fe en los días de
incertidumbre.

 “Jesús les dijo: Si puedes creer, al que cree
todo lo es posible. Marcos 9:23”, con esta frase bíblica la mujer agradecía a
Dios y se encomendaba a Él.

Luego de recibir los estudios, fue
programada para una cita en el Laboratorio de Patología y Citologías. Sor
Yaneth sintió voces de rechazo y discriminación en el centro de especialistas.

-Me
pareció imprudente la señorita que me atendió. Cuando llegué a preguntar, lo
primero que hizo fue decirme que tenía cáncer; además, empezó a tratarme con
lástima y a murmurar con los compañeros mi situación. Era consciente de mi
proceso, pero me pareció que no era la manera adecuada para enterarme. Esa
actitud genera miedo y temor. Una se imagina lo peor.

Con ese temor en el corazón, se dirigió
al trabajo en el barrio Comuneros. Tan pronto llegó a la fábrica, la patrona
Mary Luz la recibió. En el rostro reflejaba tristeza. Sor le contó la mala
experiencia vivida y el diagnóstico. Por la cabeza pasaban los dos hijos y la
madre. Afligida, se dirigió al baño del taller y se arrodilló a orar. En medio
del dolor recordó el pasaje bíblico: “Si puedes creer, al que cree todo lo es
posible”. El mensaje llegó como rayo de luz para menguar el quebranto.

Compartió la noticia con la hermana mayor
Carmen. Se abrazaron y propusieron asistir al congreso en la iglesia Cristiana
Cruzada Estudiantil y Profesional de Colombia. Aquella noche, el pastor Rodrigo
Castrillón se acercó a Sor Yaneth para preguntarle por los dictámenes médicos y
al oírla le dijo, “Todo está en las manos de Dios”.

Llegó noviembre. Sintió puntadas fuertes
en el seno y con Carmen buscaron cita con el mastólogo. El diagnóstico de Sor
seguía en espera para junta médica y prefirió trabajar en ese mes, a pesar de
la gravedad del estado de salud.

Pasó los dos últimos meses del año sin
preocuparse por la respuesta de los médicos y confiada en Dios. El 8 de enero
del 2019, se dirigió al centro de salud. Le dijeron que el tiempo había pasado
y que debía cumplir el protocolo correspondiente.

 El 16 de enero, fue programada con el cirujano,
quién le explicó la amenaza que el cuerpo afrontaba. El protocolo se activó con
exámenes, biopsia y mamografía, entre otros procedimientos.

-Tenía temor.
En ese momento pasaban por mi mente mis hijos y mi mamá. Recordaba las palabras
de los pastores y líderes espirituales, mi confianza estaba puesta en el Señor
y la prueba de mi fe con aquel versículo.

Una vez salió del cirujano, se dirigió
a la Clínica San José a programar las tomografías de tórax, abdomen y medio de
contraste. Cuando estuvo en el sanatorio, llamó a la hija Mayerly para
confirmarle el diagnóstico. Al terminar la conversación, alzó la mirada al
cielo y oró: “Señor, dependo de ti. Mis hijos, mi madre y yo no dependemos del
hombre, dependemos de ti”. Caminó cinco cuadras y no paraba de llorar, como
cuando una niña extravía la muñeca preferida.

La siguiente cita médica sería ocho
días después. Al llegar a casa sintió el amor y el respaldo familiar. Más que
aceptar una enfermedad, aceptaban una prueba que debían pasar en unión.

Ese día, se activaron las voces de
aliento que venían por los cuatro puntos cardinales, para llenar de fe y
esperanza a Sor Yaneth. En la iglesia, las oraciones no se hicieron esperar y
las palabras que ratificaban el milagro en la vida eran más evidentes.

-No tenía
miedo de morir, solo que no quería y le pedía a Dios que no me dejara demacrar.
No quería verme enferma.

El tratamiento

El de 27 de febrero, asistió a la
primera quimioterapia y tenía muchas dudas referentes a lo que encontraría. En
la cabeza construía un sinfín de absurdos. Una vez llegó al segundo piso de la
Clínica de Cancerología del Norte de Santander, la realidad fue diferente.

-Me
encontré con hombres, mujeres, niños, ancianos y jóvenes que me recibieron con
sonrisas. Era increíble la amabilidad del equipo de enfermería, hablar con gente
que padecía una enfermedad similar a la mía me motivó.

Luego de terminar el primer ciclo de
quimioterapia roja, le suministraron una vacuna que hizo efecto a las 24 horas.
En ese momento comenzaría el cuerpo con los malestares posquimios. Aparecieron
los mareos, los dolores de cabeza, la sensibilidad a los olores de la comida y
las náuseas, además del sabor a metal por cualquier alimento.

Los días transcurrían y Yaneth veía la
gracia de Dios puesta en ella. La hermana Carmen se había hecho responsable de
los gastos de la casa. Una mañana, se dispuso a lavarse el largo cabello negro
azabache y se desprendió, dejando espacios entre un mechón y otro. Ese día, se rapó
la cabeza y compartió la imagen en Facebook para mostrarle al mundo cómo Dios
haría el milagro en su vida. Acompañó la foto con el versículo bíblico.

La fotografía de fe y resiliencia
llamó la atención de dos amigas. Mary, seis años atrás su patrona, le obsequió el
pago de la mamografía en la clínica de Carlos Omar Figueredo. Con vergüenza e
incomodidad, Sor recibió el dinero y sacó la cita. Fue programada al cabo de
tres días.

Sor le confesó al especialista que era
madre soltera y que una amiga le regaló el dinero para la cita. El médico,
asombrado por la sinceridad de la paciente, le hizo un obsequio. “Tomó el
aparato para hacer la mamografía y no era una masa, ahora eran tres”. Al final
de la consulta, no le cobró la valoración con el aparato y le entregó la
fotografía, para avanzar en el proceso. “Quedé asombrada de ver cómo Dios obra en
favor de los que creemos”.

Claudia es otra amiga y quién tenía
mucho de no verse. Trabaja en una red de negocios y le obsequió productos
naturales, hechos a base de calostro de vaca y huevo de gallina, traídos de
Estado Unidos. Esos Factores de Trasferencia fueron fundamentales para el resto
del tratamiento.

Cuatro quimios rojas y doce blancas, más
la extirpación del seno para liberarse del cáncer, contemplaba el tratamiento
para poner a salvo la vida. Así trascurrieron nueve meses, entre exámenes,
citas médicas, autorizaciones en la EPS Salud Vida, la familia, la iglesia y
los amigos. Durante este tiempo sacó rifas, vendió productos y ofreció yogures caseros.

En el tratamiento conoció a mucha
gente, participó en talleres en la Fundación Pañoletas de Colores, hizo amigas
guerreras, escuchó historias y compartió la propia. En este proceso se
fortaleció, motivó a mujeres que vivían una historia de resiliencia. Un hombre
la ayudó para que Mayerly encontrara una empresa y adelantara la práctica
profesional como comunicadora Social en formación de la UFPS.

En una de esas quimios nos conocimos.
Fue una empatía al conocer que teníamos mucho en común, más allá del
diagnóstico y el tratamiento. Nos permitió entablar amistad sincera y
recíproca.

La victoria

 El 19 de octubre, luego de la ecografía de
seno, tomografías de tórax, abdominal y medio de contrate, el oncólogo Gabriel
Rodríguez, de la Clínica de Cancerología del Norte de Santander, la felicitó. El
tratamiento había llegado al fin y con éxito. El seno no sería amputado, las
tres masas detectadas en enero se habían disuelto ciento por ciento, no había
dolores, hundimientos, brote ni ganglios afectados. 

Puso en conocimiento de los allegados
la buena nueva y repetía que al que cree, todo le es posible. De este proceso
aprendió mucho, especialmente en relación con la fe.

-Entendí el versículo de Mateo 6:26 que dice: ‘si Dios alimenta las aves del cielo, cuánto más cuida de nosotros’. Es algo que viví, esa atención que mi Padre celestial tuvo en mi vida.

«Aunque la suspensión de la EPS Salud Vida, el 15 de octubre, generó que Sor Yaneth no se practicara dos exámenes de protocolo para corroborar los resultados de las pruebas, el oncólogo y el mastólogo la dieron de alta. Al igual que los 1,1 millones de afiliados, espera ser reubicada para continuar con la atención médica que necesita para recibir  asistencia en la salud que tanto requiere».

Aunque la suspensión de la EPS Salud
Vida, el 15 de octubre, generó que Sor Yaneth no se practicara dos exámenes de
protocolo para corroborar los resultados de las pruebas, el oncólogo y el
mastólogo la dieron de alta. Al igual que los 1,1 millones de afiliados, espera
ser reubicada para continuar con la atención médica que necesita para
recibir  asistencia en la salud que tanto
requiere.

Sor sabe y tiene fe en que no quedaron
rastros de cáncer. A los pacientes que acaban de ser diagnosticados les dice que
si Dios pudo hacer el milagro en ella, también lo puede hacer en ellos. A los
profesionales de la salud les agradece el cariño, la atención, la humanidad con
que la recibieron en cada cita. Agradeció la dedicación del personal de
enfermería de la Clínica de Cancerología del Norte Santander, por recibirla
cada 21 días con los brazos abiertos para atender sus pedidos y cumplir la labor
con sentido humano.   

Les pide a quienes trabajan en el área administrativa de clínicas y consultorios, ser prudentes al dirigirse a alguien con alguna enfermedad, sin importar el nombre. A la Superintendencia de Salud le solicita que reubiquen lo más pronto posible a los afiliados de Salud Vida, para que reciban los tratamientos adecuados y a tiempo.

Sor Yaneht Díaz y Diego Monsalve. Foto actual.

Sor es maestra de niños en la iglesia, sirve y hace parte activa de la red de mercadeo. Su testimonio es fundamental para recomendar los factores de trasferencia que ayudaron a menguar los síntomas secundarios de la quimioterapia. Espera que con su historia, las mujeres se hagan el autoexamen y  prevenir a tiempo el cáncer de mamá “Tócate, para que no te toque”.

“Tócate, para que no te toque”.

*Diego Monsalve, estudiante de Comunicación social de la Universidad de Pamplona.

Un comentario para "Sor Yaneth Díaz Tamayo: Tócate, para que no te toque"

  1. Camilo  noviembre 28, 2019 at 10:23 am

    Excelente reportaje Diego felicitaciones por tocar un tema como es el cancer que últimamente a muchos hogares del mundo toca y me incluyo

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