Carretera hecha a mano ¡El viaje por la palabra!

Hernando Guerra Tovar

“La abuela de gruesos lentes mira al pasado y mira al futuro

La nostalgia en los ojos. Bebe un café para decidir camino”.

Hay en este poema de dos versos, en el poemario Carretera hecha a mano del poeta, narrador y artista plástico Jesús María Stapper, un universo. Al lector que lee desde el Ser, esto es, que no se queda en lo intelectual, sino que involucra también lo emocional y lo existencial, le son revelados los misterios de la palabra y de la vida. En la brevedad de la poesía, cada grafía está cargada de significación, de sugerencia, de extrañeza.

Jesús María Stapper

No se trata de entender, sino de comprender. Hay que comulgar en lo más íntimo para que los secretos del signo florezcan en la conciencia, y ser consciente es estar atento. En versos sencillos, coloquiales, cotidianos, la profundidad es un milagro. No se requiere rebuscar palabras. No se necesita manipular el lenguaje ni mucho menos la intención.

La sabiduría no consiste en la erudición, no acaece en la vastedad de información que llamamos conocimiento, no. Contrario sensu, el conocimiento debe ser eliminado, para que la sabiduría pueda arribar a puerto seguro y se develen todos los silencios.

La abuela del poema debe decidir el camino a tomar, y para ello mira a la memoria y al devenir. Ella lleva a cuestas la edad de todos los tiempos terrenales. Se detiene, hace una pausa allí, en el cruce de senderos, donde nace la escisión, y funda la libertad para decidir el rumbo. Qué si no libertad hay en el ser humano en su viaje por la vida.

Y este viaje no es un peregrinar, porque el peregrino no tiene rumbo, no lo piensa, va por la tierra como una brizna lo hace por el viento. La figura de la abuela refiere el otoño, es una hoja ya seca que se libera del árbol para viajar en la distancia. ¿Mas, qué puede decidir alguien que ya frisa la edad del retorno? Diríamos que la conciencia. Y el coloquialismo iluminado: “Bebe un café para decidir su camino.”

“Las ceibas olvidaron los años pegados a sus troncos de moho

el musgo un testigo feliz cuando la flor besa la nariz del sol.”

“Las
ceibas olvidaron los años pegados a sus troncos de moho

el
musgo un testigo feliz cuando la flor besa la nariz del sol.”

Contemplar este poema es advertir el tiempo, las huellas de su tránsito, el irse; y comprender así mismo la resurrección. Hay en este texto la sabiduría de los Upanishads, cuyo fruto es el Sol, en contraste al Taoísmo de Lao Tse, cuyo tesoro es el agua. El primero asciende, el segundo desciende, pero ambos constituyen la realización suprema del Ser.

Es la universalidad poética emparentada con la  filosofía, en ese puente entre el pensamiento occidental y oriental que tendiera el filósofo alemán Arthur Schopenhauer. Si “Cada partida es una anticipación de la muerte y cada encuentro una anticipación de la resurrección”, (Schopenhauer), la filosofía en este caso particular del pesimismo, es aplicada, por así decirlo, en Carretera hecha a mano de Stapper: En este poema las ceibas trascendieron el pasado, la inconsciencia, y de ello da  testimonio el musgo, en este bello verso, “cuando la flor besa la nariz del sol”.

“Los centauros repisan viejas rutas y palpan
otras grietas 

en la distancia el humo de la casa milenaria
que habitaron.”

En la mitología clásica, estos seres mitad
humano, mitad caballo, hijos de Centauro, sostienen una guerra con Piritoo, rey
de los lápitas, de quien son primos en línea paterna de Ixión, su hermano. Esta
pelea es una alegoría del conflicto del hombre y sus bajos instintos. En el
poema de Jesús María la imagen “repisan viejas rutas y palpan otras grietas”,
alude o elude sobre la dualidad del hombre. Esa escisión que le mantiene en la
inconsciencia, en la separación y genera toda una lucha por volver a Casa. Y en
este sendero de la huida hacia sí mismo, la poesía.

“La roca partió como si fuera a invadir los
siglos entrantes

el pedregal es otro y la orfandad de la
cordillera se siente.

Un poema profundo, que sólo el ser integral del lector puede comprender. La roca se aleja de su casa. Parte en búsqueda de otros siglos en el tiempo de la piedra. El pedregal, su familia, ya no es el mismo. Un sentimiento de orfandad en la cordillera toda, se agita. Aquí podemos distinguir, de la mano de Bachelard, el concepto de metáfora e imagen.

El filósofo, crítico, epistemólogo nos dice lo siguiente: “El juego del exterior y de la intimidad no es, en el reino de las imágenes, un juego equilibrado.” Porque en el texto de nuestro poeta se comprende el tema de la Poética del espacio, del ilustre fenomenólogo francés. Aquí la casa es la cordillera. La roca la habita, la vive, la funda. La cordillera alberga la roca en su interior, la atrae, la convida; o la rechaza, la expulsa.

Jesús María Stapper. Portada del libro Carretera hecha a mano.

Y puede ser también, como en el poema, que la roca se aleje por decisión propia, eso que llamamos albedrío.  “Y en lo que concierne a las imágenes, se observa bien pronto que atraer y rechazar no llevan experiencias contrarias.”, apunta Bachelard. Irse o quedarse, hacen parte de la misma dinámica, del mismo movimiento, la misma decisión: la libertad. En estas figuras retóricas (semántica), la comparación, la metáfora y la imagen, medios de la expresión poética (y literaria en general), el distinguirlas, diferenciarlas, más que una complicación, es una necesidad.

Bachelard prefiere la imagen: “Tendremos allí una  nueva oportunidad para denunciar el intelectualismo de la metáfora, y demostrar, por consiguiente, una vez más, la actividad propia de la imagen pura.”

Carretera hecha a mano de Jesús María Stapper propicia un viaje largo y profundo por el lenguaje poético. Una aventura terrestre y telúrica por la vida y por el sueño.

El paisaje es variado tanto como variada es la vida y la experiencia. Es un poemario, pero también es una obra pictórica, en la que el autor nos muestra la policromía del recorrido, los hallazgos, las percepciones, los objetos, los personajes. Caballos, rocas, pedregales, montañas, cordilleras, pájaros, árboles y personas. Desde la carretera el viajante mira no sólo  el entorno, lo cercano tangible, sino que observa el más allá, el horizonte, el fuego lejano, el encendido cielo, la tiniebla del Ser y la aurora del cosmos. El hombre va por esta carretera con el olvido y la memoria.

A su lado el abismo, arriba la estrella que guía, a los lejos una sombra, quizá la página; en todo caso el viaje, con sus asombros de orilla, de piel, de silencio: “El olvido envía la alondra como una inútil cosa a otro mundo / sola y olvidada va por la vereda, del amor a una rama abrazada.” Y es que el olvido es el envés del recuerdo, como la muerte es la otra orilla de la vida.   O como dijera Fernando Pessoa: “La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.”

Bogotá D.C. Colombia

Noviembre de 2019

Comentar

Su correo electrónico se mantendrá en privado.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.