Un minuto de placer: una vida de desgracia…

Por Jorge Eduardo Hartmann Paz, para Somos la revista

Hay varias razones por las que un adolescente que lleva una vida estable, buen estudiante, participa activamente en algún deporte, es causa de satisfacción para la familia, la institución y la sociedad; sin embargo, la atracción de algunos compañeros por las sustancias psicoactivas, nuevas amistades, reuniones sociales y más, despertó en él su curiosidad, que lo llevó a echar por la borda, su dedicación de sobresalir y convertirse en un profesional prestigioso, con planes y sueños definidos.

A pesar de todo, empezó a sentir que no era totalmente
feliz, por muchos deseos reprimidos, disfrutar de una relación estable, conocer
personas, viajar; situación causante de su inseguridad, impotencia, que lo
desestabilizó.

No pasó mucho tiempo, el día que la compañera, amigos,
nuevas relaciones, discotecas, alcohol y drogas que consumía compulsivamente
fueron la causa de su perdición, enfermedades respiratorias, trastornos
mentales y de ansiedad, que obligaron a su familia a internarlo en un
psiquiátrico sin poder superar su condición de enfermo mental.

Esta es la descripción inusual que amerita conocer para que
como padres, docentes estén vigilantes de que hijos, estudiantes ocupen el
tiempo en hábitos productivos  como el deporte, la lectura y compartir en
familia.

La adicción a las drogas es una enfermedad que afecta el
cerebro, se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo de la sustancia
spicoactiva a pesar de sus consecuencias negativas. El proceso en el que se
matricula la persona cuando decide probar por primera vez es: consumo regular,
obsesión, enfermedad, locura y muerte.

Que triste el caso de un adulto que cuenta con una pensión, la familia para ayudarlo a salir de su condición de adicto compulsivo, con muestras evidentes de trastornos mentales, agresivo al punto de violentar a su anciana madre, enceguecido por su condición enfermiza y peligrosa, debido a su adicción de treinta años, que poco a poco fue llevando su vida integral deteriorada al despeñadero.

Jorge Eduardo Hartmann, director *Fundación Rescate IPS CAD

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