Falleció Monseñor José de Jesús Pimiento, un siervo bueno y fiel

Por Guillermo Romero Salamanca para Somos la revista

El cardenal santandereano José de Jesús Pimiento falleció este 3 de septiembre en la casa San José, una casa de retiros en Floridablanca, cerca de Bucaramanga.

Monseñor José de Jesús Pimiento. Foto de Vanguardia

Tenía 100 años y seis meses al momento de su fallecimiento. Obispos de la Conferencia Episcopal Colombiana y decenas de sus fieles, especialmente de Manizales, lamentaron la noticia.

Monseñor José de Jesús Pimiento Rodríguez fue el asesor que más quedamente le hablaba al papa Francisco.

Monseñor Jesús Pimiento. Foto tomada de Google

“El sacerdocio depara alegrías y una cruz cada día”, había simplificado así su vida dedicada a una vida religiosa.

“El sacerdocio depara alegrías y una cruz cada día”, había simplificado así su vida dedicada a una vida religiosa.

“Dios ha sido misericordioso conmigo y me ha sacado de las dificultades. Nunca me ha fallado en nada. Sólo soy un siervo de Dios, débil y humilde”, manifestó este obispo recordado, entre otras cosas, por sus sermones de Semana Santa, desde la catedral de Manizales, cuando hablaba fuerte y claro, sin tapujos y que sus palabras no solo retumbaban en los muros, sino que eran retransmitidas por las cadenas radiales.

Presidentes, congresistas, dirigentes políticos y empresariales, catedráticos y fieles le escuchaban cada año, no sólo por sus enseñanzas y sus duras críticas a la realidad nacional, sino también por el exquisito uso del idioma.

En 1991, por ejemplo, en plenas discusiones sobre la nueva Constitución, como arzobispo de Manizales, le pidió a la clase dirigente del país que revisara su mentalidad y sus comportamientos “porque la crisis social que vivimos es básicamente una crisis de dirección, de valor y de responsabilidad, para establecer el orden, la justicia, la dignidad y el valor de la vida y de las personas”.

Invitó ese año a los constituyentes a que respetaran el valor de la familia y lo aseguraran dando determinaciones que tuvieran en consideración la naturaleza del matrimonio.

En 1995 dijo, entre otras cosas, que nuestra sociedad está constituida sobre proyectos políticos personales y de grupos, sobre proyectos económicos de acaparamiento y ambiciones desmedidas, y sobre indisciplina social desbordada. “Así, se ha creado un clima de injusticia, de emulaciones equívocas, de despotismos de grupos de poder, de explotación de los débiles, de leyes y códigos impracticables, que traen como consecuencia la pérdida de la paz, violencia generalizada, criminalidad desbordada, subversión armada, impunidad, narcotráfico, injusticia social institucionalizada”.

Agregó también en esa Semana Mayor que “estos males no los resuelve ni la guerrilla porque es violencia sin causa, ni el narcotráfico porque es corrupción total, ni el Estado fingidamente democrático porque es la debilidad misma como sistema”.

Eran homilías contundentes. En julio del 2017 fue nombrado Miembro Honorario de la Academia Colombiana de la Lengua, “en reconocimiento a su ministerio orientado al bien común y destacando las buenas maneras de hablar y escribir manifiestas en sus cartas pastorales, homilías, alocuciones y sermones”.

Cuando el papa Francisco visitó a Colombia en el 2017 fue invitado a la reunión con el clero en el palacio arzobispal, pero sólo pudo darle la mano y no charlaron de ningún tema. “Él vive muy ocupado de los niños, enfermos, necesitados, para qué lo acosaba yo más”, le comentó a una periodista de Vanguardia Liberal.

UNA VIDA AL SERVICIO DE LA IGLESIA

Desde hace 20 años, el noveno Cardenal que ha tenido Colombia, vivía en el Foyer de Charité San Pablo a unos 20 minutos de Bucaramanga, relativamente cerca de su natal Zapatoca.

Cuando era niño, este hijo de don Agustín Pimiento y de doña Salomé Rodríguez de Pimiento, lo llamaban como Horacio, pero luego cuando ingresó al Seminario de San Gil, sus compañeros le recortaron su nombre y sólo le dejaron los dos primeros: José de Jesús y el Horacio, pasó al olvido.

Su madre lo llevaba a misa a las cinco de la mañana, pero él recuerda que se dormía. “Era muy pequeño y me daban sueño las ceremonias con latín y sólo vine a descubrir mi vocación a los 17 años cuando vi el trabajo pastoral de un par de sacerdotes”.

Empezó a estudiar Filosofía en San Gil, terminó Teología en el Seminario Mayor de Bogotá y el 14 de diciembre de 1941, con 22 años edad, fue ordenado sacerdote por monseñor Ismael Perdomo Borrero, arzobispo de Bogotá de la época.

Pronto comenzó a ejercer trabajos de dirección para la Iglesia como párroco, capellán, síndico y profesor, vicario y coordinador de Acción Social y de Acción Católica. A los 36 años –después de 14 años como sacerdote—fue nombrado como Obispo auxiliar de Pasto el 14 de junio de 1955 por el papa Pío XII.

El papa Juan XXIII lo trasladó a Montería y luego el papa Pablo VI lo mandó para Garzón y Neiva.

Durante esos años, participó activamente en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II y luego fue Delegado participante para las II y III Conferencia del Episcopado Latinoamericano, realizadas en Medellín y Puebla.

En julio de 1972 fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, cargo que desempeñó hasta 1978. En 1973 fue asesor de la Nunciatura en los diálogos sobre el Concordato con Colombia.

El 22 de mayo de 1975 Pablo VI lo nombró como arzobispo de Manizales, donde ejerció su ministerio pastoral durante 21 años.

SU PELEA CON BELISARIO BETANCUR

Es quizá en esta época donde sus declaraciones causaron escozor entre las personas que no le entendían su mensaje. Alegó con el presidente Belisario Betancur por el nombramiento de una gobernadora que no daba “buen ejemplo a la ciudadanía” y les solicitó a las muchachas que no usaran minifaldas, “porque eran cuerpos del Espíritu Santo” y con esas prendas podrían escandalizar o crear malos pensamientos.

No obstante, emprendió grandes obras para Manizales como el Centro de Evangelización y Catequesis de la Arquidiócesis, la Casa Juvenil y la Casa de orientación a la Juventud, el reforzamiento estructural de las torres de la Catedral de Manizales averiadas por el terremoto de 1979, y la remodelación del Seminario Menor en 1979.

EN BÚSQUEDA DE AYUDAS

Su participación como trabajador en búsqueda de las ayudas solidarias a los damnificados por la erupción de volcán Nevado del Ruiz en noviembre de 1985 fue perseverante, al promover unas 100 soluciones de vivienda localizadas en el Municipio de Chinchiná, en las veredas de Papayal, Los Cuervos y La Guayana de Villamaría, y las aldeas agrícolas La Paz y el Encanto.

En 1995, con 75 años de edad presentó su dimisión como arzobispo de Manizales al papa Juan Pablo II, quien la aceptó el 15 de octubre de 1996.

“En el Ángelus del domingo 4 de enero de 2015 el papa Francisco anunció la celebración de un consistorio público para la creación de 20 nuevos cardenales provenientes de diversos países, que se llevó a cabo el 14 de febrero del mismo año en la Basílica de San Pedro; cinco de ellos, cardenales no electores en un eventual cónclave –por superar los 80 años de edad– entre los cuales se encuentra monseñor Pimiento, de 95 años”, informó la Conferencia Episcopal Colombiana.

El 28 de febrero de 2015, monseñor Pimiento recibió en la catedral, de manos del cardenal arzobispo de Bogotá Rubén Salazar Gómez el birrete, el anillo cardenalicio y el pergamino con el Título otorgado por el papa, en una ceremonia presidida por el Primado de Colombia y el entonces Nuncio Apostólico en Colombia Monseñor Ettore Balestrero.

Ahora como Cardenal de Colombia, siendo el de mayor edad en el mundo, descansa en el Foyer de Charité, le escribe al papa Francisco cada vez que puede y lo requiere, da consejos cuando lo solicitan y camina unos minutos en la mañana. Quizá a su amor por el deporte –trotó durante muchos años en Manizales, donde le veían en sudadera y tenis ejercitándose—y por su interés por el yoga católico, le han mantenido en vida. “Cuando me pude parar en la cabeza, dejé esa práctica, porque me parecía peligrosa”, comentó.

Manizales y el país lo recuerdan con cariño y el país extrañan sus prístinas enseñanzas.

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