¡Quiero pegar un grito vagabundo!..

Por Mary Stapper – Somos la revista

¡Uy! Acabo de descubrir que estoy sufriendo tres tipologías que los sicólogos llaman, tecnodependiente, tecnoadicto y tecnoestresado. Creo que el último se aplica a mi caso específico.

De la modernidad a la caverna…

Primero, porque mi operador de telefonía celular de más de 20 años, me está cobrando un computador portátil que nunca compré y desde abril me envía avisos de cobro, mañana, tarde y noche. En la última semana, varios mensajes donde me dicen que si no pago, me bloquearán el celular.

¿Coincidencia? ¿Cumplieron su amenaza y bloquearon mi celular? No lo sé. Lo cierto es que desde el lunes 18 de junio mi Samsung Galaxy 6, con tan solo 8 meses de comprado, duerme en paz, mientras enloquezco porque con su muerte cerebral, se llevó mis contactos, Whatsapp, otras redes sociales y demás arandelas que utilizamos los periodistas para nuestro diario trabajo.

Un amigo se compadeció de mi locura y me prestó un celular de teclas, pequeñito, que no he aprendido a manejar y que sólo recibe llamadas, tuve uno parecido hace 16 o 17 años…

Y, el problema es que en este mundo
moderno, quien no está en la red es nadie. Y quien no sabe utilizar un teléfono
inteligente vive en la edad de las cavernas y debe comunicarse con señales de
humo… En mi caso, la tecnología de la época de las cavernas, me atropella.

Algunos amigos de Facebook me consuelan. Marino Vargas Gelvis, señala,  “la ventaja que tiene, es que después de 15 años sigue con carga”.

Andres Bello Garcia Ese es de tecnología 2 G, no
creo que funcione muy bien, que digamos…

Andrés, gracias,
es un consuelo.

Claro está que
para Claudia J Elcure Chacon son muy buenos, aguantan de todo. No dan más porque no pueden…

Rafael
Camperos me dijo que mi “nuevo” celular era un panelazo…jajajaja.

Gustavo Adolfo
Caballero
, compasivo que es,
él, me dice:   “Compra otro y demanda, con paciencia, porque el proceso si
te va bien demora unos 5 años, si no hay artimañas”.

Mientras
tanto, sigo sufriendo los cobros injustificados de la empresa prestadora de
servicios, por un computador portátil de 1.800.000 pesos que no compré,
mientras espero pacientemente, como el Santo Job del que habla la Biblia, me
aclare lo sucedido.

Y, aquí estoy, sufriendo tres tipologías que los sicólogos llaman, tecnodependiente, tecnoadicto y tecnoestresada, enfermedades que no he podido curar…

En fin, quiero pegar un grito vagabundo…porque las señales de humo no llegan a todas partes.

Tendría que provocar un gran incendio como sugieren mis amigos Alonso Ojeda Awad y Guillermo Eduardo Mantilla Nieto.

Comentar

Su correo electrónico se mantendrá en privado.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.