Salvavidas de Rusia no alcanza para sacar a Venezuela de la quiebra

 

La agencia calificadora Standars & Poors rebajó a ‘default’ parcial la deuda soberana de Venezuela después de incumplir con el pago de los intereses de dos bonos.

La decisión llega después de un impago de 200 millones de dólares correspondientes a los intereses de los bonos que vencen en 2019 y 2024.

Donald Trump y Nicolás Maduro.

La quiebra, por mucho que sea selectiva, es la bestia negra que ha acechado a Nicolás Maduro durante su gestión. La pregunta no era si se iba o no a incumplir con los pagos sino el momento en el que los incumpliría. Venezuela atraviesa una crisis económica derivada de la caída de los precios del petróleo y de la terca insistencia del régimen chavista en mantener un modelo de desarrollo que no genera confianza entre los inversionistas. Apenas cuenta con unos 10.000 millones de dólares (8.478 millones de euros) en reservas internacionales. En las mejores épocas del Gobierno del predecesor de Maduro, Hugo Chávez, ese colchón giraba en torno a los 30.000 millones.

Claro está, aunque, Venezuela está al borde del incumplimiento de los pagos de su deuda, Rusia le lanzó un salvavidas el pasado miércoles. El ministro ruso de Finanzas, Anton Siluanov, anunció que ambos países acordaron la reestructuración de aproximadamente 3000 millones de dólares en préstamos del Kremlin.

Esa cantidad es muy pequeña comparada con la enorme deuda de 120.000 millones de dólares que tiene Venezuela, pero le ayudaría al gobierno de Nicolás Maduro a hacer pagos por cientos de millones de dólares en las próximas semanas a otros acreedores y posiblemente sirva para asegurarle a los tenedores de bonos que el impago no es inminente.

Para la madrugada del miércoles, los inversores y analistas financieros habían comenzado a temer que Venezuela no obtendría el dinero para honrar sus deudas. Aunque, para el mediodía, iniciaron las transferencias vencidas a los tenedores de bonos.

Esta es la tercera vez en un año que Rusia ha aceptado ayudar a Venezuela por sus problemas financieros. Y sus préstamos al gobierno de Maduro forman parte de una estrategia mundial que utiliza a Rosneft, la petrolera estatal rusa, para ayudar a alcanzar los objetivos de política exterior del gobierno de Vladimir Putin.

Las inversiones de Rosneft también se han centrado en Cuba, China, Egipto y Vietnam, y ha estado buscando acuerdos en el este del Mediterráneo y África, zonas en las que rivaliza con los intereses estadounidenses. El uso de su compañía petrolera como una herramienta geopolítica le ha dado a Rusia más espacio para operar en un momento en que las sanciones occidentales pesan fuertemente sobre su economía.

La profunda crisis institucional y económica que atraviesa a Venezuela sufrió este martes un duro golpe que aboca sus finanzas públicas a un nuevo abismo. La temida suspensión de pagos ha alcanzado al país tres días después de que el presidente Nicolás Maduro jurara que jamás llegaría. La agencia de calificación crediticia estadounidense Standard & Poor’s (S&P) rebajó la deuda soberana en divisas extranjeras a Venezuela. La decisión llega después de un impago de 200 millones de dólares correspondientes a los intereses de los bonos que vencen en 2019 y 2024.

La decisión de la agencia lleva a Venezuela a un incumplimiento parcial de los pagos que, sin embargo, no afecta el endeudamiento en moneda nacional a corto y largo plazo. S&P —que bajó la calificación de CC/C a SD/D (default selectivo) a la deuda emitida en divisas extranjeras— mantuvo la nota para la deuda nacional, aunque con una expectativa negativa en cuanto a las perspectivas. La firma calcula que hay un 50% de posibilidades de que, en los próximos tres meses, el régimen venezolano deje de pagar sus obligaciones. A este anuncio se sumó otra pésima noticia para la estabilidad de un país cuya economía gira alrededor del petróleo. Las agencias Fitch y Moody’s también declararon en suspensión de pagos a Petróleos de Venezuela, la petrolera estatal, PDVSA.

A principios de noviembre, el jefe del Estado venezolano había anunciado su intención de reestructurar y refinanciar la deuda externa tras pagar, durante su gestión, unos 73.000 millones de dólares que había pedido prestados. El régimen se ha dado cuenta de que, con la menguante producción de petróleo y la necesidad de aumentar el gasto público con vistas a 2018, cuando deberían celebrarse las elecciones presidenciales, iba a ser imposible seguir cumpliendo con sus acreedores como hasta ahora.

Sanciones y negociación

Nicolás Maduro, Vladimir Putin y Donald Trump. Fotos tomadas de Internet.

La negociación del pago de los bonos, sin embargo, se anuncia larga y compleja. A la primera reunión convocada el lunes en Caracas con el vicepresidente Tareck El Aissami apenas asistieron acreedores, a los que dirigentes chavistas entregaron una bolsa de café y chocolates, y ninguna concreción sobre su plan. El número dos del régimen leyó un comunicado en el que alegaba que la demora en los pagos obedecía a las sanciones financieras impuestas por el Gobierno de Donald Trump.

La deuda externa de Venezuela asciende a unos 150.000 millones de dólares. De ese monto, alrededor de 70.000 corresponden a títulos de deuda emitidos por el Gobierno y PDVSA. El resto corresponde a créditos con China y Rusia. El Gobierno de Vladímir Putin es el único que se ha mostrado dispuesto a arrojar un salvavidas a Maduro en esta crisis.  Es un alivio parcial, pero insuficiente para encarar los gastos de 2018.

Recopilación informativa de medios internacionales

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