Educación en Colombia y las falsas promesas

 

Por: Isbelia Gamboa Fajardo. Hablar de educación en Colombia se ha vuelto imperativo, no solo por las justas demandas de mejoramiento que hacen los docentes a nivel nacional sino porque representa el pilar fundamental del desarrollo social. 

Más aún, teniendo en cuenta que el actual gobierno la ha colocado como bandera de sus programas sintetizados en tres palabras: paz, equidad y educación que encierra un mundo infinito de posibilidades si logran concretarse.

Educación en Colombia. Dibujo tomado de Internet.

La paz, según el presidente Santos está ya resuelta con el proceso del fin del conflicto con la Farc, grupo guerrillero que sembró el terror durante más de 50 años.

Lo anterior, representa un paso agigantado para consolidar un ambiente  más sosegado para la sociedad. Sin embargo, la paz no podrá afianzarse en medio de injusticias.

Por eso estamos lejos de la equidad. Una equidad que contempla la ruptura de barreras laborales, económicas y educativas  que en nuestro país se ve reflejada mucho en el papel pero poco en la práctica.

Las manifestaciones de hastío, de indignación, los paros de varios sectores están haciendo visible todas las promesas incumplidas y está reafirmando la ausencia de oportunidades, de justicia y de equidad.

Marcha de maestros. Foto tomada de Internet.

Las marchas multitudinarias de los profesores son las más recientes demostraciones de este inconformismo. ¿Cómo puede lograrse un país educado? ¿Cómo llegar a ser la nación, a nivel de Latinoamérica, más educada en 2025?

Tarea bastante difícil si se tiene en cuenta el contexto general sobre el que se rige la educación, donde los recursos se han disminuido considerablemente y por el cual varios secretarios de educación se manifestaron ante el gobierno.

Paralelo a esto, la corrupción galopante que merman estos recursos hacen el panorama más oscuro y las instalaciones educativas sufren las consecuencias con infraestructuras muy antiguas que representan peligro para los estudiantes, falta de pupitres, ausencia de dotaciones tecnológicas, falta de personal administrativo, de orientadores, de vigilantes. Esto último convierte a  muchas instituciones en sitio preciso para sufrir el embate  delincuencial   hurtando lo que el gobierno ha proporcionado. ¡Contradicción!

Educación, palabra que interioriza la satisfacción personal, el engrandecimiento del alma y la exaltación del espíritu; condiciones que llevan al humano a su posición de privilegio en el universo.

Educación, sin distingos de estratos, donde los niños de menos recursos económicos accedan con calidad a los conocimientos, donde tengan en sus aulas recursos didácticos que profundicen y hagan más amena la disertación del profesor, donde tenga una alimentación balanceada, donde las instalaciones o ambientes escolares, como se evalúa en el famoso Día E (Día de la Excelencia Educativa) sean cómodos y no donde 40-50 niños estén hacinados.

Esta última situación en discusión sobre una reforma a largo plazo del Sistema General de Participaciones que establece el número de estudiantes por cada profesor, pero que en Colombia se exceden en forma vergonzosa.

El Pliego de Peticiones se radicó desde el 28 de febrero y la respuesta fue dilaciones que condujeron a la situación actual.  A Groso modo cito los puntos que se contemplan: mejoramiento de la política educativa  incrementando  las fuentes de financiación  a 7.5% del Producto Interno Bruto, Estatuto Único  Docente, Cumplimiento de los acuerdos del 7 de mayo de 2015, mejorar el sistema de salud, pago puntual de las prestaciones económicas y garantías sindicales.

Por todo esto, por las promesas incumplidas es que se protesta como medio legal para exigir los derechos vulnerados y la comunidad debe conocerlos y no criticar a los docentes ubicándolos como personas que “exigen mucho”.

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