Colombia: la paz es otra cosa

Por David Muñoz Lagarejos 

Este domingo se votó en Colombia el plebiscito sobre el Acuerdo entre el Gobierno y las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo), por el cual, y una vez que la guerrilla ha cesado su actividad armada, se pondrían una serie de cesiones a los terroristas sobre la mesa, que los colombianos han rechazado. Eso sí, por poco margen: el ‘no’ ganó con el 50.22% de los votos, por el 49.77% que cosechó la opción del ‘sí’. Hay que resaltar la alta abstención en esta histórica votación: tan solo votó el 37.4% del censo.

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Pese a que muchos han insistido en esa idea, el domingo no se votó sobre la paz o continuar la guerra, básicamente porque en Colombia no ha habido guerra, sino un grupo terrorista. Lo que se sometía a plebiscito era blanquear la imagen de las FARC-EP, una especie de impunidad que incluía la participación política de estos criminales, llegando a asegurar escaños sin necesidad de que fueran votados. Un disparate en toda regla y un atentado hacia la democracia, que aquellos que se cuelgan carteles de “demócratas” ni han rechistado. Qué casualidad.

Como bien dice el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, «la paz es ilusionante, pero los Acuerdos de La Habana son desilusionantes»; puesto que dichos acuerdos pretendían borrar, de alguna manera, de la “memoria colectiva” (algo que no existe, pero que gusta mucho entre colectivistas) los años sangrientos de las FARC-EP.

La paz es otra cosa, no el acuerdo que rechazó el pueblo colombiano. Las FARC-EP deben mostrar verdadero arrepentimiento, entregar todas las armas que aún tengan, colaborar con la Justicia en los crímenes que queden por resolver, dar luz en la ‘oscuridad de la guerrilla terrorista’ y, por supuesto, resarcir a todas y cada una de las víctimas.

David Muñoz Lagarejos.

David Muñoz Lagarejos. Politólogo.

Y para participar en política, desde un lado demonizar estos 50 años de actividad terrorista por sus propios integrantes y simpatizantes, y desde otro lado, que la sociedad civil colombiana no olvide estas 5 décadas de sangre y terror, ni la ideología de dichos terroristas: el marxismo-leninismo, fuente de pobreza, sangre y falta de libertades allá donde se han implantado (no es casualidad que siempre desde la violencia, como han pretendido durante este tiempo las FARC-EP) en cualquiera que sea el Estado, desde la URSS hasta Cuba, pasando por la RDA.

La Memoria y la Dignidad [como debe ocurrir con ETA en España] debe venir desde la Justicia, no desde un acuerdo político en vistas de dotar de impunidad y querer borrar la historia desde el órgano encargado de contar la “verdad oficial”, el Estado; como sucede con las leyes de “memoria histórica”. Y la paz, por tanto, debe pasar por una rendición y entrega de los terroristas, no desde la impunidad y el olvido.

Publicado con autorización del autor

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