Elecciones argentinas: Macri y el fin de la era K

Por David Muñoz Lagarejos

Argentina es una república presidencialista, es decir, el Jefe de Estado y de Gobierno es la misma persona, elegida directamente mediante elecciones presidenciales, y no por el Parlamento, el cual es compuesto mediante elecciones legislativas.

Carlos Menen. Foto archivo.

Carlos Menen. Foto archivo.

El sistema electoral argentino retornó al voto directo de los ciudadanos como sistema de elección tras la reforma constitucional del presidente Carlos Saúl Menem. La candidatura triunfadora puede ser electa en una primera vuelta, o bien, en una segunda cuyo resultado sería definitivo. Actualmente se determina que la fórmula de presidente y vicepresidente que resulte triunfadora en la primera vuelta será declarada electa si obtiene un porcentaje mayor al 45% de los votos válidos, o bien, si alcanza el 40% de la votación y cuenta con una distancia superior a diez puntos porcentuales con respecto a la fórmula que ocupa el segundo lugar en las preferencias electorales. Se requerirá de una segunda vuelta (ballotage) cuando ninguno de los supuestos ya señalados se cumpla y solo competirán las dos fórmulas más votadas en la primera vuelta. En este caso, resultará electa la que obtenga mayoría simple de los votos emitidos.

Fue en septiembre de 2014 cuando se fijó la fecha de las elecciones presidenciales en Argentina. Dicha fecha era el 22 de octubre de 2015; millones de argentinos estaban llamados a las urnas para elegir al que sería el sucesor de Cristina Fernández de Kirchner.

Estas elecciones presidenciales parecía que iban a transcurrir como las últimas tres, donde el candidato kirchnerista se impuso con más o menos facilidad. Pero no, no fueron unas elecciones más. El 22 de octubre los argentinos acudieron a votar. El candidato Mauricio Macri (34.15%) consiguió forzar el ballotage, lo que se conoce como segunda vuelta, al quedarse a tan solo tres puntos porcentuales de voto del candidato oficialista, Daniel Scioli (37.08%). La participación fue altísima, sobrepasando el 80% de electores.

La era Kirchner

La era Kirchner. Foto tomada de Internet.

En este caso, la segunda vuelta fue convocada para el 22 de noviembre. Después de 12 años el Kirchnerismo tenía serias opciones de ser derrotado por otra fuerza política. Como se esperaba, la participación fue más alta que en la primera vuelta y llegó al 82.5%, la participación más alta desde las elecciones presidenciales de 1989. Casi nada. Algunas encuestas daban por ganador a Macri, el candidato opositor. El día D llegó y los argentinos votaron. La sorpresa (que con el paso de los días desde la primera vuelta cada vez lo era menos) terminó de producirse y Macri conseguía vencer con el 51.4% de los votos. El candidato kirchnerista obtuvo el 48.6% de los votos y se convertía oficialmente en perdedor, pese a que la mayoría de encuestas le daban por vencedor en los días y semanas previas y pese a ganar en la primera vuelta.

Macri: ¿Y ahora qué?

Mauricio Macri, nuevo presidente de Argentina. Foto tomada de Internet.

Mauricio Macri, nuevo presidente de Argentina. Foto tomada de Internet.

El nuevo presidente argentino tiene por delante varias misiones. La primera y más importante, hacer olvidar a la nefasta etapa de los Kirchner. La segunda, recuperar la economía del país, algo en lo que ha insistido Macri en toda la campaña electoral. La tercera, construir un país unido, que deje atrás las divisiones, otro aspecto que ha dejado claro Macri en los últimos meses.

En cuanto a la economía, uno de los puntos en los que más ha insistido el nuevo presidente es el empleo. El refuerzo del poder de los sindicatos y las modificaciones en la regulación laboral han aumentado notablemente las rigideces del mercado de trabajo. En vez de admitirlo, el anterior gobierno argentino se limitó a ocultar el nivel real de paro que soportan los ciudadanos. Así, las cifras oficiales hablan de un 7% mientras que los estudios independientes de expertos elevan la tasa de desempleo al 12%. Desde aquí le digo a Mauricio Macri que nada mejor para favorecer el empleo que intervenir lo menos posible, eliminando todo tipo de barreras que exista en el mercado laboral argentino, como el salario mínimo, que es internacional y es utilizado por mandatarios de muchos Gobiernos, pensando que así ayudan a crear empleo cuando realmente ocurre lo contrario.

Otra de las cuestiones económicas que tiene por delante el nuevo Ejecutivo argentino es reducir drásticamente la inflación. Durante los años del gobierno de CFK, la inflación acumulada ha llegado casi al 500%. Es una auténtica barbaridad. La agresiva política del Banco Central y los fuertes controles a la entrada y salida de capitales no hicieron más que complicar esta situación, hundiendo el poder de compra de la divisa argentina.

Y la medida estrella anunciada por el nuevo presidente es la anulación del llamado “cepo cambiario”. Éste surgió en Argentina en noviembre de 2011 ante el incremento en la llamada fuga de capitales, es decir, la compra de dólares y otras divisas extranjeras por parte de familias y empresas. Consiste en una serie de medidas restrictivas con el objetivo de evitar la compra de dólares. Intervencionismo monetario a todas luces.

En general, la herencia kirchnerista se puede resumir en el siguiente cuadro:

Herencia kischnerista.

Herencia kirchnerista.

  • No ha existido crecimiento económico. El PIB per cápita actual es igual que hace 16 años cuando acabó el gobierno de Menem.
  • El déficit fiscal es mayor también. Unido a la tan alta inflación, hace que la economía argentina esté hundida.
  • Solo hay dos aspectos en los que Argentina esté mejor en la actualidad que cuando comenzó el primer gobierno de los Kirchner, allá por 2003, y es la formación de capital fijo y la pobreza. Aunque en la formación de capital fijo no hay demasiada diferencia.
  • Otro indicador que refleja el desastre de los 12 años kirchneristas es la libertad económica. Mientras que en 1999, cuando acabó el gobierno de Menem, Argentina estaba en las primeras posiciones (32 de 123), actualmente se encuentra en las últimas posiciones (149 de 152), según los informes de Fraser Institute. Las cifras hablan por sí solas.
  • En comparación con el Gobierno de Menem (1989-1999), la era K no mejora en nada la situación del país. Todo un “logro” del Kirchnerismo.

Otra propuesta de Mauricio Macri: en la próxima Cumbre de Mercosur del 21 de diciembre solicitará que se aplique la cláusula democrática contra Venezuela por la persecución a los opositores y a la libertad de expresión. La cláusula democrática prevista en el Mercosur -integrado por Argentina, Venezuela, Brasil, Paraguay y Uruguay- establece la posibilidad de suspender a un Estado miembro ante la ruptura del orden democrático en virtud del Protocolo de Ushuaia, suscrito en 1998, que contempla que solo puede aplicarse por consenso. El acuerdo fue perfeccionado en 2011 mediante un nuevo protocolo que abre la vía a sanciones más severas, como cerrar total o parcialmente las fronteras terrestres y suspender o limitar el comercio, el tráfico aéreo y marítimo, las comunicaciones y la provisión de energía y servicios.

Espero y deseo que la victoria de Macri sea el comienzo del fin del Socialismo en Latinoamérica. Todavía quedan varios países por delante, sobre todo Venezuela y Cuba. Pero esta victoria debe ser un rayo de esperanza para los que anhelamos libertad y desarrollo en estos países socialistas de Latinoamérica, que lejos de acercarse al primer mundo, oprimen e impiden el desarrollo de sus ciudadanos. La solución está en el capitalismo y no en el socialismo. La solución está en acercarse al primer mundo y no al tercero.

Para terminar, no será difícil que Macri lo haga algo mejor que cualquier gobierno kirchnerista, al menos el nuevo Presidente parece tener algo que no tenían los Kirchner: sentido común. Si me dieran a elegir entre un candidato fiel a Kirchner, que ya fue Vicepresidente bajo el mandato de Néstor Kirchner, y Macri, no tendría dudas en elegir a éste último.

David Muñoz

David Muñoz Lagarejos

Por eso me alegra que Macri haya ganado, porque Argentina merece otro Gobierno. Ahora ya lo tiene y en manos de Macri hay puestas muchas confianzas, esperemos que no traicione a los argentinos y ayude a recuperar esa unidad de la que él mismo ha hablado tanto. Como siempre, el tiempo nos dirá. Tener el Congreso con mayoría del Frente para la Victoria (partido de Scioli) hará necesario pactar para llevar adelante los planes del programa electoral de Mauricio Macri. Él ya ha dicho que cuenta con todos, veremos los demás.

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