Colombia: gigantesco «garito» en las noticias

Por: Jairo Cala Otero / Asesor en redacción – Corrector de estilo

mundodepalabras@gmail.com

Jairo Cala Otero. Asesor en redacción – Corrector de estilo

Jairo Cala Otero. Asesor en redacción – Corrector de estilo

Nuestra Colombia querida ofrece diversidad de facetas. Esa diversidad nos hace distinguidos en el orbe entero, aunque algunas de tales facetas sean vergonzantes. Aun así, eso no nos desentraña el amor por este terruño.

De entre todas esas «caras» colombianas me ocupo aquí de las «apuestas». No las apuestas permanentes (chance) que autoriza Coljuegos, con las que muchas personas prueban fortuna en los juegos de azar. Hablo de las que, sin ser propiamente apuestas, «suenan» todos los días por todos los rincones de la geografía colombiana. Saltan de aquí para allá, de allá para acá y de acá para acullá.

Sus promotores son muchos. Particularmente están «enquistados» en algunos medios de comunicación, donde fungen motu propio como tales, sin esperar nada a cambio. Pero ellos no son conscientes de esa labor, la desarrollan a diario sin darse cuenta de la promoción que hacen de Colombia como un gigantesco garito.

De qué hablo, preguntará usted. Ya lo sabrá en las siguientes líneas, no se atortole. Porque las expresiones que le mostraré son la fiel radiografía de los garitos, esos sórdidos e ilusorios lugares públicos adonde acude mucha gente con el deseo de volverse rica con pulsar unos aparatos, y poner un poco de dinero como case o apuesta. De cómo salen de allí ya usted sabe.

Este ciclo de «apuestas» es distinto. Es verboso. Y, sin embargo, adquiere un ribete singular porque en tales «apuestas» están involucradas disímiles situaciones: eventos, proyectos, programas de Gobierno, prospecciones sociales, cavilaciones sobre solución a problemas de nunca acabar, etcétera.

Las noticias cotidianas están «untadas» de esas «apuestas», sin ex profesa intención de los informadores de la radio y la prensa. Brotan espontáneamente porque ─con seguridad─ sus promotores están convencidos de que apostar es proyectar un determinado asunto y estar confiado en que eso saldrá airoso.

Note usted cómo es el asunto, a partir de estos enunciados informativos:

«Músico barranqueño le apuesta a la fabricación de acordeones».

«El alcalde le apostará al intercambiador vial».

«Entre tanto, para la Gobernación, hasta ahora, ningún liberal ha manifestado su deseo de apostarle a conquistar el cargo para los comicios…».

«Al finalizar la primera etapa los ‘embajadores’ le apostaron a provocar faltas cerca del área, para intentar igualar en compromiso con tiros penales».

«Pocos apostaron a que esta alta corporación tuviera la suficiente autonomía e independencia».

«Los empresarios de las Pyme, reunidos en Cúcuta, le apostaron al inminente mejoramiento de las relaciones con Venezuela».

«Los cucuteños le apuestan a mejorar la cultura ciudadana».

Como se nota con claridad, muchos compatriotas viven pensando en un juego permanente; en un ciclo interminable de apuestas, de uno y otro orden, para ver si algún día esos sueños se vuelven tangibles. ¿Será la falta de fe, de seguridad, de autoconfianza, o todo junto, lo que lleva a que muchos crean que solamente con apuestas se conseguirá aquello que se persigue? Aunque no sean reales, ya anoté; pero la semántica devela el pensamiento de esos ciudadanos. ¿Será facilismo para hacer las cosas? ¡Quién sabe!

Lo cierto es que no deja de ser peculiar ese estilo de presentación de las noticias: sobre el techo de un garito imaginario, el destino de muchas realizaciones ─particularmente gubernamentales─ se afianza en las «apuestas».

Ese fenómeno es el fruto de una manida costumbre entre comunicadores colombianos: tomar un vocablo (sustantivo, adjetivo o verbo) y restregarlo una y mil veces en los ojos y los oídos de los lectores y oyentes. ¡Hasta que se vuelve casi un karma! La sinonimia brilla por su ausencia en el lenguaje de aquellos promotores de «apuestas» fingidas.

Porque, volviendo a los ejemplos que cité, el músico barranqueño, en lugar de apostarle a la fabricación de acordeones, puede proyectarla; el alcalde puede determinar la construcción del intercambiador vial, en vez de hacer apuestas para que se haga; los políticos podrán ser candidatos para la Gobernación en cambio de ponerse a jugar al azar; los futbolistas, simplemente, pueden optar por otras estrategias de juego para ganar, en vez de dejarle los partidos a la suerte; los pequeños comerciantes de Cúcuta pudieron confiar en el mejoramiento de las relaciones colombo-venezolanas, para no dejar tan delicado asunto a expensas de una apuesta; y en lugar de poner a los cucuteños a hacer apuestas para que mejoren su cultura ciudadana, se podrá cambiar su comportamiento en los sitios públicos con educación cívica.

Ese verbo (apostar) no funciona para ninguno de los casos que cité en este escrito, y que fueron «noticia» en algunos medios impresos y sonoros.

Apostar es ‘pactar con otra u otras personas que aquella que se equivoque o no tenga razón, perderá la cantidad de dinero que se determine o cualquier otra cosa’. Una segunda acepción del término nos enseña que también es ‘arriesgar cierta cantidad de dinero en la creencia de que algo, como un juego, una contienda deportiva, etc., tendrá tal o cual resultado; cantidad que en caso de acierto se recupera aumentada a expensas de la que han perdido quienes no acertaron’.

Visto así el panorama, reitero que el imaginario noticioso tiene convertida a Colombia en un enorme garito. Por eso, yo apuesto doble contra sencillo a que mientras los periodistas y funcionarios apostadores no rediman la semántica del verbo que me ocupó para escribir este artículo, seguiremos escuchando y leyendo el manido anuncio de las «apuestas».

¿Acepta usted mi apuesta para ver si se habla y se escribe al derecho?

 

 

 

Un comentario para "Colombia: gigantesco «garito» en las noticias"

  1. José Gilberto Donado Grimaldo  agosto 26, 2015 at 4:32 am

    Con-versando Por Don grim

    Ir «doble contra sencillo»,
    ya son palabras mayores;
    tener las cartas mejores
    y hasta el «AS en el bolsillo»;
    muy seguro y sin culillo
    al momento de APOSTAR.
    El caso particular
    del actual comunicado,
    elocuente, muy versado
    y muy digno de aplicar.

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