Todo en la vida es efímero, eso lo sabía bien Hernando Cruz, aquel capaz de pintar obras que se quemaban con el sol

Por Andrés Ricardo Carvajal Catro. Es un honor cuando te piden hacer una nota sobre una persona que admiras y estimas, así nunca se te pague, y así se pierda esa nota.

Hernando Cruz con Andrés Ricardo Carvajal

Hernando Cruz con Andrés Ricardo Carvajal

Para un medio más de la ciudad realicé una entrevista sobre la obra de Hernando Cruz, esa revista se murió y el único ejemplar que tenía se perdió, pero las palabras quedaron ahí inmanentes. Pude conocer a fondo más que detrás que de ese hombre muy amable que hablaba conmigo sobre arte se escondía un coloso que pintaba con el sol,  y con cualquier otra sustancia que el Cosmos le ofreciera.

No recuerdo como lo conocí, creo que fue gracias a una gran amiga y bailarina de la vida, Mayra Cárdenas, de esas personas que nunca serán profetas en su tierra, a esa ninfa la acompañaba un hombre de gafas y corazón enorme, de un mirar sereno pero una palabra certera, alto, de manos y pensamientos enormes, flaco, desgarbado, un abuelito tierno que odiaba admitir que amaba más de lo que lo odiaba el amor.

Y es que recordar como lo conocí se torna efímero, solo tengo imágenes de él observando una foto que alguna vez expuse un día antes de que la muerte quisiera llevarme con ella. O cuando vimos “El mago de Oz” y se sorprendió de saber que Judy Garland era madre de Liza Minelli, o cuando al fin la vida me permitió reencontrarme con él y visitarlo en su morada, la casa más bella que haya visto en esta zona metropolitana, en donde decía : “Carajo, si algún museo local se dignara a hacer una expo sobre él” Bogotá si le abrió las puertas posteriormente, me alegro de su triunfo y me entero que la muerte que no quiso llevarme a mí esa noche si se lo llevó a él, como si la luna envidiara al sol que quemaba sus obras.

En su casa, llena de testimonio de lo que fue y pocos sabrán, reposan 2 libros que ni siquiera son míos, sino de un abuelo y una amada efímera como lo es todo en la vida, espero sigan allá. Ahora Hernando Cruz yace en una tumba en su tierra natal Sogamoso. Pocos sabrán que ha muerto el mejor artista plástico que vivió en Cúcuta, tal vez nunca brilló porque nunca se la pasó ebrio afuera de la biblioteca pública o nunca se le oyó una mala palabra. Se la pasaba en su Wolksvagen llamado “Cielo” viviendo con su perro llamado “Gato”, nunca conocí a su hija ni vi su farmacia, solo sé que se montó de nuevo en su Wolskvagen azul l a conocer el sol que quemaba sus obras.

Efímera, así es la vida… Hernando Cruz, gracias por tu amistad, algún día volveré y haré ese documental que tu obra merece mi amigo… (Y saber que solo esta foto nos une y nunca te abracé en una).

 

5 comentarios para "Todo en la vida es efímero, eso lo sabía bien Hernando Cruz, aquel capaz de pintar obras que se quemaban con el sol"

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