Claudia Salguero, voz e ingenio en Ottawa

Claudia Salguero nació en Bogotá (Colombia).  Ella ya ha vivido casi 13 inviernos en Canadá, es decir, lleva un poco más de una década viviendo en el país del norte de América. Ella es conocida por su gran talento musical, principalmente como intérprete de boleros, pero además por trabajar de lleno en el mundo del arte.

Claudia Salguero.

Claudia Salguero.

Claudia y yo teníamos planeada esta entrevista hace un buen tiempo pero por su trabajo, sus viajes a Colombia, la India y otros países, ella no había tenido mucho tiempo para sentarse a hablar y recordar las historias de su vida. En este verano nos encontramos y concertamos rápidamente la entrevista antes de que ella volviera a concentrarse en su trabajo artístico. Y es así como empezamos a conversar sobre su carrera musical.

¿Cuándo empezó a cantar profesionalmente?

Yo empecé a cantar en Bogotá en 1991 con un grupo bellísimo que se llamaba Villanueva. Era un grupo vocal compuesto por solo siete personas.  Con ellos grabábamos discos, hacíamos presentaciones y entrevistas. Antes de eso, yo cantaba siempre como solista en el colegio, en la universidad y allí me ganaba los festivales y los concursos de canto.

Retrocedamos un poco el tiempo. Cuando uno es pequeño, nos preguntan qué queremos ser cuando seamos grandes. ¿Usted que quería ser?

Esa pregunta me hace reflexionar un poco. Tendré que recordar.  Lo que si me acuerdo es que cuando dormía yo varias veces soñaba que era una bailarina sobre el hielo. Ése es uno de los sueños más presentes que tengo. Yo cerraba los ojos y yo volaba.  Podía quedarme varias horas imaginando que bailaba en el hielo. Y por ese entonces, allá en Bogotá ni siquiera había pista de hielo para patinar. Cuando nosotros supimos que nos veníamos para el Canadá, mi hija que estaba pequeña, me hizo un dibujito muy lindo y ella decía es “mi mamá bailando en el hielo”.

Yo nunca pensé llegar a ser cantante. Solo me gustaba cantar. Nunca he pensado en ser famosa. Yo canto solo porque me gusta mucho hacerlo.

La diferencia entre mi trabajo en Colombia y el de acá es que cuento con unos músicos que creen mucho en mí. Mi compañero Juan Luis confía plenamente en lo que yo hago. Los dos hemos trabajado en muchos proyectos incluido éste. Él produce mis conciertos, se ocupa de la parte administrativa y de la estructura del espectáculo, se encarga del escenario y de los músicos. Él maneja toda la negociación con el National Art Center porque él cree ciegamente en mí.

Volviendo al inicio de su carrera, usted sale del colegio y ¿qué hace?

Yo me voy a estudiar diseño gráfico.

¿Y trabaja como diseñadora?

Si,  antes de terminar mi carrera ya trabajaba en diseño y también trabajaba como fotógrafa profesional. A mí la fotografía me encantó. Yo empecé a trabajar en fotografía para los clientes, las agencias; hacia fotografía industrial, producción de multimagen y video.  Desde ese momento yo me involucré con la tecnología. Producía unas piezas bellísimas que ya no existen porque los computadores las hicieron desaparecer. Eran unos audiovisuales bellísimos producidos con proyectores de diapositivas. Podían ser cuarenta proyectores de diapositivas sincronizados con una banda musical en el que se producía una película. Era como una película en vivo. Uno no sabía si mirar la pantalla o mirar los proyectores. Yo no he encontrado nada tan espectacular como eso hoy en día. Era ver los cuarenta proyectores disparando flashes, luces, era increíble.

En ese momento, comencé trabajando como fotógrafa y terminé siendo productora durante diez años. Incluso hacia mis bandas sonoras en grabadoras a carrete abierto y maquinas de fotografía de 35 mm.  Me acuerdo que dentro de mi trabajo tuve que ir a tomar fotografías de la recolección de leche Nestlé en el Amazonas y en los ríos afluentes del Orinoco. Con esas fotos organizaba los audiovisuales que equivalen a los videos empresariales que vemos hoy en día. Y esos trabajos tenían que ver con música, con color y con imagen.

¿O sea que el arte la ha atraído toda la vida?

Sí, mi vida ha sido arte, color, música y creatividad.

Anécdotas

Claudia Salguero.

Claudia Salguero.

Usted llego en el 2001 a Canadá, ¿a qué se dedicaba en ese tiempo?

Yo llegué y pensé que aquí había multimagen. En Bogotá ya había muerto esta técnica porque ya había computadores y para mucha gente, las proyecciones para ese tipo de eventos eran los videos. Me doy cuenta que aquí también ese tipo de trabajos se habían acabado.

Una vez, trabajando como fotógrafa miembro de  la asociación de fotógrafos comerciales de Canadá, conocí una compañía grandísima de impresión y fotografía de Ottawa donde me mostraron cómo funcionaban ellos, sus instalaciones, sus equipos de producción y, de pronto él propietario abrió una puerta y la cerró inmediatamente porque según me dijo, los equipos de allí eran viejos. Pero yo los alcancé a ver y por mi interés, él me los mostró. Por coincidencia, tanto como yo, el señor había tenido predilección por el trabajo hecho con esas antiguas cámaras de registro que ahora ya no se usan. Estuvimos charlando como dos horas con una nostalgia… Hablamos mucho sobre esta manera de producir que ya desapareció.

En ese momento, me dediqué a la fotografía.  Me conecté rápidamente con revistas, con la Universidad de Ottawa y con la de Carleton quienes fueron mis grandes clientes durante mucho tiempo. Hice bodas y un poquito de todo hasta que apareció Coral Painter que es el software que utilizo actualmente para hacer mis pinturas. Y me enamoré de eso.

Yo no estudié arte porque en mi casa me decían que con eso me iba a morir de hambre, que estudiara algo que me diera de comer, un oficio. Pero aquí, la vida lo manda a uno a donde es y es por eso que ahora soy artista profesional.

¿Y qué le dice su familia ahora? Porque usted vive del arte.

Pues yo vivo de esto y en mi familia todos orgullosos con todo lo que he hecho y con los reconocimientos que he recibido.

¿De dónde viene esa vena artística?

Definitivamente es del lado de mi papa. Él es arquitecto, él dibuja muy bien, es un bohemio y definitivamente yo heredé de él la pasión por el arte, aunque mi mama también tiene una gran sensibilidad artística.

¿Cuándo empezó a cantar en Canadá? Porque como usted dijo, al principio usted se dedicó a la fotografía, al arte grafico.

Yo nunca he dejado de cantar. Yo he sido fotógrafa, diseñadora grafica, mamá y todo lo que he sido, pero nunca he dejado de cantar.

En escena

Claudia Salguero.

Claudia Salguero.

¿En qué momento se subió a un escenario para cantar?

No me acuerdo exactamente.  En algún momento, en alguna fiesta yo cogí la guitarra y me puse a cantar y la gente se dio cuenta de eso. Y así, de un evento al otro hasta que un día alguien me llamo para ponerme en contacto con un grupo de música latinoamericana que se llamaba Ensamble latinoamericano que dirigía el venezolano Antonio Llaca. Yo cantaba en ese grupito, hacíamos presentaciones pero además, también yo cantaba sola. Con Antonio hicimos un recital de boleros, es ahí cuando comencé como solista. Como una cosa chiquita que creció, hasta conectarme con músicos de más rango. Y aquí estoy, cantando con un grupo músicos que toca para mí.

¿Cuál es el género musical que más le gusta?

Los boleros. Yo aprendí a tocar guitarra con los boleros y  me sé todos los boleros desde que tenía once años.

Los boleros son un género musical que atraviesa toda Suramérica y Centroamérica.

Incluso los Estados Unidos. Los Panchos  nacieron en Nueva York, no en México.  Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando en Europa estaban en guerra, el bolero consiguió un auge gigantesco en Latinoamérica. Eso le ayudo al bolero a crecer y a expandirse. Los boleros vienen desde hace mucho tiempo y yo los escuchaba en mi casa, de la de mi mama y la de mi abuela.

Usted interpreta boleros, ¿Cuéntenos, también compone?

Escribí una canción hace mucho tiempo, pero no es algo que yo haga. Desde hace algunos días tengo el gusanito pero ya llegará el tiempo para eso.

Nombre un bolero que le encante.

Son tantos, son muchos. Pienso que ese bolero seria Si Dios me quita la vida. Ese es mi bolero preferido, me llega al alma.  Después de ese bolero, todos los demás están en segundo lugar. La preferencia por los boleros depende del momento de la vida por el que se está pasando.

Los boleros que nos tocan la fibra.

Si, están los boleros que nos recuerdan cosas, boleros con los que nos identificamos.

¿Usted adapta sus presentaciones al tipo de público?

Si,  incluso hay unas presentaciones que se hacen de boleros muy viejos que se interpretan de manera muy clásica y hay otros boleros, por ejemplo, que tienen arreglos de jazz. Pero todo eso depende de la audiencia. Siempre vario. Pero hay una audiencia a quien le toco el bolero clásico, con la maraquita y lo demás. Hay otro tipo de música, por ejemplo norteamericana o europea que cantamos tipo bolero. Lo que queremos es que todos se sientan identificados con la música aun si no  hablan español.

¿Usted hace algún ritual antes de entrar en escena? ¿O tiene agüeros?

Yo soy tan simple. No hago nada. Lo que pasa es que como yo tengo técnica vocal, yo hago ejercicios y no necesito nada más. Simplemente caliento mi voz porque le aprendí a un profesor que la mejorar manera de calentar es cantando. Pero no fuerzo la voz y no tengo ni un solo agüero, ni cargo cosas, ni estampitas, nada. Creo que mi agüero más grande es por un lado, gozarme el espectáculo, en no cerrar los ojos para disfrutarlo porque cada concierto es un regalo. El regalo de hacer sentir bien a la gente por dos horas.

Y el otro agüero es que el día que no tenga nervios o mariposas en la barriga es porque ya no me importa y ése día algo puede pasar.

O sea que usted siempre siente algo de nervios antes de entrar al escenario.

Claro, claro que sí. Siempre! Yo no puedo sentirme sobrada. Yo siempre estoy aprendiendo no solo en cuestiones de voz, sino también en cuestiones de lenguaje y actitud corporal, de comunicación con la gente, del trato con la banda, de la manera como presento los músicos. Son tantas las cosas que hay que considerar para darle valor a todo el mundo.

Usted ha pasado por diferentes escenarios. ¿Cual ha sido el que más recuerdos o satisfacciones le ha dado?

Todos los escenarios son diferentes y yo los aprecio a todos, pero hay uno en particular que considero que ha sido especial por la importancia y belleza del lugar. Esto fue en Montreal cuando canté en el Lion d’or. Este es un teatro de los años 30. El lugar es bellísimo. Estar allí era como estar dentro de un sueño.

El público

Ese punto me lleva a otra pregunta, en un país con tanta diversidad cultural como Canadá, ¿Cómo se comporta la audiencia en relación a sus canciones?

Hay una cosa especial en mis conciertos que se ha vuelto como un sello y que no puedo cambiar porque cuando lo hago, la gente lo pide. Lo ha venido pidiendo desde el primer concierto que hicimos en el National Art Center donde tuve una audiencia de más de doscientas personas cada noche. Me refiero a algo que se me ocurrió a mí esa misma tarde.  Estábamos en el chequeo del sonido y de pronto pensé que la gente no sabía lo que iba a estar contando a través de las canciones. Entonces dije, pues, les voy a explicar las canciones. Por lo que antes de cantar, le cuento al publico algo de las canciones, como dónde fueron escritas y por qué.  Que se imaginen, la luna, la playa, que sientan la historia para que cuando yo canté, el público sepa que estoy cantando. Como por ejemplo en “Dos gardenias”.

Lo que usted quiere es que la gente viva las canciones.

Sí, claro porque  por lo general un 70% de mi audiencia no es latina. Hay gente de muchas partes que va siempre a todos mis conciertos como es el caso de un señor hindú. Él me dice “Claudia es que usted me hace llorar”. Él no entiende nada, nada de español. Pero él dice que le gusta mucho la música, la voz,  la instrumentación, el ritmo, la cadencia y el ambiente que se genera. Porque es muy acogedor. Una vez, unos asistentes de Sri Lanka estuvieron una noche y luego en el siguiente show invitaron a doce amigos y posteriormente, en otro espectáculo trajeron mucha más gente. Y pues, ellos no hablan español, pero escuchan las canciones y les encanta.

Manos hiperactivas

Cuéntenos ahora acerca de su trabajo como escultora, muralista y arte plástico

Yo tengo una cosa en mis dedos y es que no se me quedan quieta las manos.

¿Son hiperactivas?

Yo no lo soy pero mis manos sí. Siempre estoy viendo, tocando, pensando que puedo hacer con todo aquello que pasa por mis manos. Alguien me decía que uno tiene una especie de dialogo con los materiales como por ejemplo con el hielo. El hielo le dice a uno hazme así aquí, y luego suavecito más allá. En fin, hay una comunicación con los materiales, con los objetos.

¿Eso le ha pasado con sus esculturas en hielo cuando ha expuesto en el festival de invierno?

Sí, todos los años, durante el Winterlude, hay una competición de esculturas hechas por aficionados en este arte. Yo siempre había querido participar allí. Llamo a mi hija Manuela que también es artista y vive en Montreal, para decirle que estábamos inscritas allí. Ella me dice: What? ¿Tú estás loca? Bueno, en todo caso, participamos. Mis hijas saben que a veces me falta una tuerca, pero igualmente me apoyan en todo.

Yo digo una cosa, si uno cree ciegamente en lo que está haciendo, como quiera le sale.

Bueno, ¿y qué pasó?

Nosotras participamos y nos ganamos el segundo lugar. Yo he seguido haciendo esculturas y tengo invitaciones para hacerlas para diferentes organismos entre ellos para el centro comunitario donde actualmente estoy realizando otros proyectos.

Trabajo además la madera, los metales, el material reciclable, con todo lo que tenga a la mano.

Ahora, ¿usted comparte esa vena artística en un centro comunitario?

Si. Uno hace cosas y uno no sabe por qué las hace. Uno tiene una misión en la vida. Y ahora que estoy en el centro comunitario estoy compartiendo todo lo que sé con adolescentes, con gente de bajos recursos. La finalidad es alejar a los participantes de la delincuencia, de la droga; es trabajar en su autoestima, en la búsqueda de recursos económicos a través de materiales reciclables. Estoy aplicando mi creatividad para darles herramientas que les permitan visualizar todo eso. Yo que más puedo pedir.

Tengo entendido que usted apoya una fundación en Colombia.

Esto lo hago a través de los conciertos que hago en el National Art Center. Yo trabajo con la fundación Ayuda a la infancia cuya misión es ayudar a las mamas y a sus hijos. Son mamas que no tienen como mantener a sus bebés.  Allí reciben a sus niños hasta los seis años, se les cuida mientras que a las mamas se les capacita, se les orienta hasta que ellas son capaces de sostenerlos de manera autónoma. Este programa (Hogares Bambi) de ayuda me gusto mucho y yo colaboro con ellos. Para eso me sirve la voz.

¿Adónde le gustaría cantar?

En un festival de boleros en la zona cafetera de Colombia o en el festival del Mono Núñez.

¿Se llevaría todo el grupo?

Si pudiera sí, claro.

¿Cuántos son?

Eso depende. Pero fundamentalmente el corazón de la banda son el piano, la guitarra, el bajo, el saxofón, la flauta y dos percusiones.

¿Es difícil la vida de un artista aquí en Canadá?

Si, es difícil. Toca rebuscar mucho. Pero creo que esto es en todo el mundo. No podemos tener una vida muy tranquila, muy estable en términos económicos. Así como en un momento tenemos buenos contratos, en otros no hay nada o son muy pocos. Aquí en Ottawa no es fácil.

¿Ustedes tienen algún tipo de apoyo del gobierno?

No, nosotros mismos nos subvencionamos, poniendo el pecho y con la ayuda de mi compañero Juan Luis que es el productor.

Sin en el apoyo del público en nuestros shows, nosotros no los podríamos hacer y ese apoyo lo apreciamos mucho. Nunca hemos tenido patrocinio. Pero es posible que lo empiece a buscar.

Yo veo que la gente aprecia su trabajo y la quiere mucho.

Gente del publico me ha dicho que les gusta mis conciertos no solamente por las canciones sino porque me ven muy sencilla, que los hago sentir que están en su casa. Yo veo que el ambiente que se genera es muy relajado, muy rico. Un día, un señor inglés me dijo que él veía que yo no esperaba nada del público sino que yo me entregaba en el escenario y que por eso yo era una persona muy generosa. Eso me pareció muy lindo.

www.claudiasalguero.com

 

5 comentarios para "Claudia Salguero, voz e ingenio en Ottawa"

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