Conversaciones familiares y la política 2014

Por Manuel Guillermo Camargo Vega. Vean la campaña presidencial, ausente de ideas y abundante en nauseabunda guerra sucia. Se hablaba de la degradación del conflicto armado; en realidad lo más degradado es el conflicto político.

Día sin carro. Foto somoslarevista.com

Día sin carro. Foto somoslarevista.com

Por Manuel Guillermo Camargo Vega. Especial para Somos a revista. Estuve en semana santa en la ciudad de Cúcuta, y como siempre sucede, hay reuniones familiares donde se dan buenas tertulias, que van desde la mamadera de gallo hasta temas de política y religión. Y hablando de todo se llegó al tema de las “Alcaldadas”, a propósito de la decisión de la Alcaldía de Cúcuta de hacer día sin carro un Viernes Santo y mantener el pico y placa toda la semana santa. Y  surgió una pregunta de por qué la gente más preparada no se lanzaba a la política activa. Una semana que es esencialmente de turismo, los funcionarios de movilidad deciden controlarla y además imponer un día sin carro.

Antes de explicar las razones por las cuales creo que eso sucede, me gustaría mencionar que es patético observar como las alcaldías del país son felices imitando medidas tomadas en Bogotá, que no es precisamente la ciudad de mostrar. Si se va a imitar al menos debería hacerse sobre las mejores prácticas y no sobre las que han mostrado un estruendoso fracaso. Mockus y Peñaloza erraron por innovadores; los nuestros yerran por imitación.

El día sin carro ha mostrado ser totalmente inocuo en materia ambiental, y es sólo un símbolo de la necesidad de restringir el carro propio que en su momento montó Mockus, quien es hoy uno de esos fenómenos políticos raros que tuvo 6 millones de votos, y por sus salidas en falso, terminaron en 300 mil. Ello, sumado a esa medida de incapacidad administrativa que es el pico y placa, han desviado la atención de los ciudadanos en exigir verdaderas medidas de desarrollo urbano y creación de infraestructura. El pico y placa solo ha generado mayor crecimiento mayor del parque automotor en las ciudades, incluyendo las motocicletas, pues la gente tiene que moverse y si el Gobierno se los restringe con medidas absurdas, buscan como hacerlo.

Estas medidas restrictivas son apropiadas cuando se ha desarrollado la estructura urbana adecuada, incluyendo una malla vial diseñada como sistema de flujo, con adecuado mantenimiento y semaforización inteligente, así como la creación de un sistema de transporte público eficiente y seguro, y no el lechucerio que vemos todos los días en Cúcuta montándose por donde puedan.

Los Alcaldes no están para “desincentivar y prohibir” sino para hacer gestión pública; no son principitos, sino administradores públicos. Claro, es mejor tomar medidas de impacto negativo que enfrentar los zares del transporte, o medírsele a solucionar los problemas de tierras o propiedad que obstaculizan el apropiado desarrollo urbano, o al menos tomar con seriedad el tema del transporte en una ciudad, mucho menos en un área metropolitana, y menos aún en un área binacional.

Y volviendo a porque creo yo que las personas más capaces no se lanzan a la política pública, es porque como lo he mencionado en varias columnas anteriores, el sistema político Colombiano está en crisis por su diseño intrínsecamente corrupto, que hace que quien con buena intención se le mida a manejar los problemas de gestión pública, puede terminar en serios problemas, como ya ha pasado en otras latitudes del país. Las ías, en particular Contraloría y Procuraduría, y a nivel local las Personerías, tienen agenda “política” y están prestos a abrir proceso contra cualquier funcionario, por cualquier acto administrativo, sea o no corrupción, que además “pueden” calificar de “falta grave”. Bogotá está en interinidad por eso, se esté o no de acuerdo con el gobierno Petro.

El empleado público, en nuestro sistema político debe ser un sujeto casi perfecto que responde por acción, omisión, por lo que supo o por lo que no se enteró, en una maraña gigantesca de decretos, resoluciones, que o bien lo llevan a una total inmovilidad decisoria o a  armar su “combo” con los funcionarios de las entidades de control para sacar lo que quieran. Es solo para los que “saben”, me dijo un día un político de profesión.

Alguna vez hablando sobre los juicios fiscales en Colombia, traía a colación el caso de Werner Von Braun padre de la cohetería mundial, quien realizo más de 400 intentos fallidos de hacer volar un cohete por unos segundos, y a quienes le preguntaban por sus fracasos, respondía que no lo eran porque ya sabía más de 400 maneras en que no volaba un cohete. En el sistema Colombiano habría perdido sus bienes por detrimento patrimonial con la Contraloría, quien daría traslado de pliego a la Procuraduría, quien después de concluir que había “falta grave” lo destituía y lo inhabilitaba por 20 años para ejercer cargos públicos, quien a su vez daría traslado a la Fiscalía para lo de su competencia. El mundo Kafkiano está vivito en el sistema político colombiano y es un cáncer a punto de metástasis; y a nivel de los gobiernos locales pasa por el absurdo y convive con la mediocridad.

En resumen, una persona que ha hecho una gran inversión en capacitarse y lograr competencias, puede perder su patrimonio en una aventura por el sector público, quien por lo demás paga mal; quien tiene algo que perder no se le mide  a una Alcaldía, pero si alguien tiene algo que ganar y nada que perder, le interesa. Por eso tenemos tantas Alcaldadas que además se imitan.

Y no solo es de alcaldes. Vean la campaña presidencial, ausente de ideas y abundante en nauseabunda guerra sucia. Se hablaba de la degradación del conflicto armado; en realidad lo más degradado es el conflicto político.

Campaña presidencia y las chuzadas.

Campaña presidencia y las chuzadas.

Manuel Guillermo Camargo Vega

Bogotá, mayo de 2014

Comentar

Su correo electrónico se mantendrá en privado.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.