Sobrevivir para contarlo: 20 años del holocausto en Ruanda

A las víctimas del conflicto de Ruanda… a las víctimas de nuestro absurdo conflicto.

A los Schulz Arias, en cuyo hogar, conocí a Immaculée Ilibagiza y viví su tragedia, la que puede ser la nuestra.

Por Jorge Enrique Báez Vera. Abogado y articulista. Hace unos meses, de vacaciones y de relax completo en San Diego, CA, USA, mi cuñada Lila, conocedora de mi  manía lectora, me pasó un libro, el cual, la verdad lo recibí sin mucho interés, pues, creía yo era otro de esas producciones empalagosas de “motivación y superación personal”,  y una mañana después de mi habitual repaso de las páginas web de los periódicos, revistas y emisoras, me decido a tomar  en mis manos y a fijar la atención en el préstamo  de mi cuñadita: SOBREVIVIR PARA  CONTARLO… su autora: Immaculée Ilibagiza.

Sobrevivir para contarlo.

Sobrevivir para contarlo.

Lo que empecé esa mañana, lo hubiera terminado ese mismo, en una sola sentada, si no hubiera sido por los planes que ya tenía Ama para salir a disfrutar de la encantadora San Diego, para mí, la ciudad más espectacular  que haya conocido, más aún,  con tan especiales y generosos anfitriones como los Schulz Arias.

Este mes de abril, a veinte (20) años del holocausto de Ruanda, vuelven a mi mente esos dos o tres días, en que devore en sendas sesiones, el libro que no con mucho intereses le había recibido a Lila… me demoré un poco más de lo debido, porque de cuando en vez, levantaba la vista y me quedaba absorto mirando el majestuoso cañón detrás del  generoso  hogar que me hospedaba,  pensando , qué tan diferente  es la raza humana, pero  que tan símiles son los comportamientos de los hombres en cualquier parte del mundo, que se diferencian por su manera de pensar, pero que son iguales cuando obran  movidos por esa diferencias , que los llevan a perder la razón y actuar sin  consideración por el prójimo que piensa diferente a él.

Immaculée es la única chica de una familia Ruandesa con tres hermanos. Católica de religión, llegará a tener estudios universitarios. Nos cuenta la historia de los días que pasó escondida en el pequeño cuarto de baño de un pastor protestante -con otras siete mujeres- rodeadas por Utus provistos de machetes y armas de fuego buscando por los alrededores y cantando: ¡Mátenlos! ¡Mátenlos! ¡Mátenlos a todos!

La historia es macabra como macabro es cualquier holocausto: cientos de miles de cadáveres de Tutsis que caen bajo el machete de sus vecinos Utus con los cuales habían compartido escuela, juegos y hasta la mesa, desde la infancia.

Ella no sabía en qué momento ponerse de pie cuando su maestro pasaba lista por tribus. No sabía si era Utu o Tutsi, sus padres nunca se lo habían dicho porque para ellos no tenía ningún sentido: eran todos ruandeses.

Cuando estalla la revuelta su condición Tutsi, sin embargo, le convierte en objetivo del odio tribal. No puede confiar ni en sus mejores amigos, no está segura en ningún lugar. Tiene que abandonar a sus padres y hermanos y huir.

Vivirá tres meses en un espacio de unos dos metros cuadrados comiendo de vez en cuando y superando fiebres de más de 40 grados.

Pero la verdadera lucha es la que se da dentro de ella. Dejarse llevar por su odio y deseo de venganza o perdonar. Decide abandonarse en Dios y perdonar.

Aunque esté encerrada, su alma encontrará un espacio de libertad cuando se relaciona con Dios. Pero será una lucha encarnizada. El odio quiere apoderarse de ella y encerrarla en una cárcel de desesperación, como lo ha hecho con cientos de miles de ruandeses que se esconden o que están, llenos de alcohol y drogas, buscando «cucarachas» para descuartizar y matar.

En medio del horror, el corazón de Immaculée es un oasis de esperanza y fortaleza. Una luz en la oscuridad que le da fuerza y tesón para sobrevivir.

Una historia dura y esperanzadora que podrá enseñar a muchos la fuerza del perdón.

Todo esto sucedió hace escasos veinte (20) años…en Ruanda,  África…pero bien podría repetirse en esta latitudes, si seguimos dejándonos llevar de la intolerancia y del no respeto por la diferencia, y si seguimos haciendo eco a las voces guerreristas de unos pocos.

Jorge Enríque Báez Vera. Abogado, plitólogo y articulista.

Jorge Enríque Báez Vera. Abogado, plitólogo y articulista.

Quiera Dios que los gritos de… ¡Mátenlos! ¡Mátenlos! ¡Mátenlos a todos!…no hieran nuestros oídos… y la razón del perdón y la reconciliación, prime sobre la ignominia  de la venganza, el odio y el rencor….Perdonémonos mutuamente  y  no nos matemos más.  ¡Por Dios! la vida hay que vivirla…no sobrevivirla, y ojala que como  Immaculée no nos dejemos llevar por el  odio y deseo de venganza, y  nos perdonemos. Refugiémonos en Dios y reconciliémonos, para volver a vivir en paz; paz y mis hijos y yo  no conocemos, pero anhelo, que sus hijos, mis  nietos, la vivan y disfruten

Con el apoyo de: http://librosjuveniles.blogspot.com/

2 comentarios para "Sobrevivir para contarlo: 20 años del holocausto en Ruanda"

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