Ana Helena Vega de Camargo, trabaja por los pobres más pobres

Ana Elena Vega de Camargo. Foto somoslarevista.com

Ana Elena Vega de Camargo. Foto somoslarevista.com

Ana Helena Vega de Camargo es una mujer menudita, escogida como la mujer Cafam, Norte de Santander, con un corazón más grande que una catedral, se inspiró en su hija María Teresa, una niña especial, se unió con 3 madres en sus mismas circunstancias y creó el Instituto La Esperanza para trabajar por los más pobres entre los pobres.

Ana Helena, o Naná, como le dicen quienes la conocen, trabaja en Cúcuta con los niños y jóvenes que padecen diversas patologías físicas y mentales. Ella tuvo cinco hijos, pero fue con el nacimiento de Teresita, quien presenta un retardo mental, que inició su trabajo con esta población. En 1966, con ayuda de la radio cucuteña y por inspiración de Gloria Rodríguez Ruiz, se iniciaron las charlas para varios padres de niños con retardo, culminando el ciclo con la fundación, el 26 de mayo, del Instituto del Niño Retardado Mental.

Era el año de1966, cuatro madres de familia  en busca de un gran sueño emprendieron el camino a la creación de un centro para albergar a niños con problemas de retardo mental ausente en la ciudad, hasta ese entonces.

El camino fue duro y triste. La historia comienza cuando cuatro madres de hijos especiales inician un largo transitar por los barrios marginales de Cúcuta. Gloria Rodríguez Ruíz,  Eumelia de Pacheco, Josefa de Urbina y Ana Helena Vega de Camargo,  se dieron a la lucha de fundar una institución, donde ellos y otros muchos, tuvieran cabida sin ser rechazados y pudieran vivir en un mundo que solo fuera de ellos, con comprensión, disciplina y derecho a  especiales oportunidades. Así inicia la obra.

El camino emprendido duró cerca de un año, de casa en casa y de puerta en puerta, estas cuatro mujeres  con el apoyo de la ciudadanía, insistían en convencer a otros padres de que esta era la gran oportunidad para sus hijos y olvidar así, esas viejas  creencias que rondaban sobre por qué se tenía un hijo con retardado, muchos consideraban esto como un  castigo divino, mientras que otros señalaban que era una posesión demoniaca. Entre tanto, estas madres explicaban en sus términos caseros que esto era solo una enfermedad y tener un hijo especial significaba tener un ángel en casa con todos los beneficios celestiales. Así se fue abriendo paso hasta formar un grupo de 12 discapacitados con el cual empezaba a cristalizarse este gran proyecto de vida.

En una casa situada en la avenida tercera entre calles10 y 9 se dio inicio a la apertura de lo que hoy conocemos como el Instituto de Educación Especial “La Esperanza”.

El 26  de mayo de 1968, dos años después de aquel primer paso para su formación, La institución obtiene su personería jurídica, cuyo primer presidente fue el siquiatra, Carlos Castro, los fundadores y 17 personas más dan inicio al gran ideal de crear un servicio adecuado y efectivo para los niños especiales de Cúcuta.

En un lote donado por la Alcaldía de Cúcuta y con el apoyo del Club de Leones Centro Cúcuta y el apoyo de la ciudadanía a través de una radiotón que duro tres días, se inicia la construcción de la sede en el barrio Quinta Oriental y en 1971 se entrega la obra. Y comienza la gran tarea de formar lo que sería la nueva institución. Empieza a verse gran solicitud de cupos, el porcentaje de retardo en la ciudad es muy alto, llega a más del 10 por ciento  por causas sociales tan dramáticas como la desnutrición en la madre en  primer plano, cuadros convulsivos, discapacidad múltiple y síndrome de Down, originadas en su gran mayoría por sífilis, enfermedad venérea de la cual Cúcuta es una de las ciudades más infectadas del país.

En 1980, el centro de educación especial atraviesa por una grave crisis económica y es entregado a la comunidad de las hermanas de Santa María de la Providencia, quienes ante el alto número de solicitudes ponen en marcha la doble jornada de la institución y asumen las Olimpiadas Nacionales  con la participación de 600 niños de todo el país. Seis años más tarde se retiran y la dirección regresa a manos de padres de familia.

Transcurren los años y  la institución   se enfrenta a un nuevo problema, existe un gran número de niños con discapacidad física y mental abandonados por sus padres. Esta nueva faceta que se presentaba sin piedad las obliga a  arrendar una nueva casa para emprender esta loable labor de recibirlos y suplir ese afecto que les fue negado. Comienzan a florecer casos  tristes, dramáticos  e inimaginables como el de Oscar, un muchacho criado por sus tías que lo alimentan entre los cerdos y de manera infame e infrahumana lo mantienen en una cochera. Oscar fue creciendo como crece un cerdo, perdió su capacidad motriz, el habla y el derecho a vivir como un niño que a pasar de ser limitado y abandonado, podía  participar de lo poco o mucho que la vida le ofreciera. Actualmente el internado está  cobijado por el Instituto de Bienestar Familiar y cumple una de las más altruistas labores en pro de la sociedad.

La carencia de establecimientos para estos menores en Cúcuta y el alto número de niños con discapacidad, hace que se mire hacía otras posibilidades. Es así que se logra la consecución de un lote y se dispone a la construcción de una nueva sede que recoja a todos  en un mismo lugar. La nueva institución, ubicada en el corregimiento de  Lomitas tiene un costo de 5 mil millones de pesos y faltan 3 mil millones para concluirla. El nuevo centro con amplias zonas verdes, cuenta con una huerta taller, aulas, baños, comedores, donde son atendidos 200  niños, parqueaderos, piscina, dormitorios y salas múltiples.

El Instituto del Niño Retardado Mental desarrolló un exitoso modelo de reinserción social de niños con retardo mental no profundo a labores productivas, bajo control y seguimiento en tareas específicas. En 2005, se inicia la construcción de la nueva sede y a partir de 2012, como resultado de la unificación de las tres sedes, en Lomitas albergan a 400 discapacitados mentales o múltiples moderados, severos y profundos.

Vídeo Mujer Cafam Norte de Santander

Ana Helena Vega de Camargo con los pobres más pobres. Foto somoslarevista.com

Ana Helena Vega de Camargo con los pobres más pobres como óscar, un niño que dormía con os cerdos y rescatado por ella. Foto somoslarevista.com

Ana Heena Vega de Camargo es la creadora del Instituto La Esperanza. Foto somoslarevista.com

Ana Heena Vega de Camargo es la creadora del Instituto La Esperanza. Foto somoslarevista.com

Ana Helena Vega de Camargo trabaja por lo pobres más pobres. Foto somoslarevista.com

Ana Helena Vega de Camargo trabaja por lo pobres más pobres. Foto somoslarevista.com

Ana Helena Vega de Camargo, mujer Cafam Norte de Santander..

Ana Helena Vega de Camargo, Mujer Cafam Norte de Santander, recibió la visita de Maribel Cuadros, Gestora Social de Cúcuta. Foto somoslarevista.com

 

 

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