«La omisión causa tanto daño como la corrupción»: Juan Antonio Nieto

Juan Antonio Nieto Escalante. Foto somoslarevista.com

Juan Antonio Nieto Escalante. Foto somoslarevista.com

Por Mary Stapper. En su reciente viaje a Cúcuta, Juan Antonio Nieto Escalante, Director Nacional del IGAC (Instituto Geográfico Agustín Codazzi), conversó con somoslarevista.com 

Doctor Nieto: ¿Cómo se siente nuevamente en Cúcuta?

Yo siento que no me he ido de Cúcuta. Estoy aquí aún, me siento feliz cada vez que puedo acercarme por acá.

¿Qué es lo que más añora de la ciudad?

En Cúcuta, pese a que ha crecido, se logra tener mucha calidad de vida. Aún se puede hacer siesta, aún el tiempo alcanza. El tiempo rinde, mientras que en una ciudad como Bogotá, el verdugo de uno es el tiempo.

¿Lo qué más le desagrada cuando llega?

Aún el desorden que se en las calles, la falta de cultura ciudadana, creo que el hecho que tengamos gente de muchas partes y que los gobiernos tanto local como departamental no hayan emprendido campañas de conciencia y educación ciudadana, hace que la ciudad se vea un tanto desordenada en su quehacer diario.

Bueno, aunque usted no está en campaña porque es el director nacional del IGAC, si usted fuera Alcalde, ¿Qué le cambiaría a esta ciudad?

Yo creo que mi énfasis sería la educación, sería la innovación tecnológica para podernos conectar con el mundo y que la gente aprenda que no somos el ombligo de mundo, sino que somos una ciudad que hace parte de un entorno nacional e internacional y que debemos aprender de los demás las cosas buenas. En la educación y la innovación tecnológica, creo que es el primer paso para lograr una sociedad mejor educada y esta mejor educación, sin duda alguna, va a redundar en una calidad de vida mejor.

Usted es un personaje que ha tenido cargos sumamente importantes tanto a nivel nacional como a nivel internacional. El hecho de haber sido uno de los secretarios del Presidente Menen en Argentina, de haber estudiado en ese país,  de haber sido funcionario estrella en la Alcaldía de Bogotá, de haberle dado un cambio ambiental a la capital del país,  volvió a Cúcuta para regresar nuevamente a la capital a ejercer un cargo tan importante como la dirección nacional del IGAC. ¿Cómo se siente con esa evolución?

Mi último periplo es Cúcuta se da después de 21 años sin ninguna responsabilidad pública en la ciudad. Creo que en poco tiempo, dejé mi impronta, puse un granito de arena. Coordiné los estudios del plan de desarrollo de la ciudad… sin lugar a dudas, lo digo con orgullo, pude generar el proceso de transformación de la Empresa de acueducto y alcantarillado de Cúcuta, la EIS. En fin, siento y creo que fue una labor productiva la que hicimos acá donde puse mi experiencia internacional, mi experiencia nacional a favor de esta ciudad que amo tanto.

Sí, lo de la EIS veo que se ha transformado, que ahora va a empezar a contratar nuevamente, que quieren manejar cosas importantes…

Encontré una empresa disminuida. Creo que era un tesoro escondido que tenía la ciudad. Una empresa a la que se le había prohibido que después de 20 años, pudiera siquiera pensar en manejar  su propio acueducto. Logramos con la modificación de los estatutos que parecían la caja cerrada y sellada de un Mercedes Benz. Logramos que se modificara el convenio de desempeño. Logramos que se abrieran a nuevos negocios. Y la sucesión que ha habido en esto y la decisión política del Alcalde, ha contribuido para ir fortaleciendo esa empresa que cada vez  va a ganar más experiencia, para poder asumir los retos que una real empresa de servicios públicos debe tener en una ciudad en crecimiento como Cúcuta.

Usted fue uno de los consejeros estrella de Donamaris. ¿Usted cómo ve a Donamaris?

Me hubiera gustado poder aconsejarlo más de lo que cree a gente que pude hacerlo. Me hubiera gustado que el Alcalde hubiera escuchado más.

¿En qué no lo escuchó y en qué sí?

Siguiente pregunta…

No doctor “Uribe”, conteste sin miedo…

(Risas…) Pienso que en aspectos generales que tanto copió lo que le estábamos diciendo,  no lo sé… Por eso digo que pude haberlo aconsejado más, creo que pudo haber escuchado más, pero… bueno, finalmente esa es la dinámica de la política y de la gestión pública. Él es el Alcalde, entonces que él decida a quién escuchar y a quién no, que tomar y qué no…

Usted acá, organizó la EIS que estaba desbarajustada, luego, le tocó organizar otra casa desbaratada como el IGAC…

A mí Dios y la vida me han puesto siempre a dirigir y gerenciar entidades que las encuentro con muchos problemas. No tengo el complejo de Adán. Yo no creo que el día que llegue a alguna entidad, sea el primer día de la creación. Pero creo que sí me ha tocado recibir  entidades muy desbarajustadas y creo que me ha correspondido enderezarlas. Yo a veces digo, ¿cuándo será que me toque una entidad en la cual pueda sentarme plácidamente a dirigirla?

¿Cuándo vivamos en un país de ángeles tal vez?

Pues, sí, cuando vivamos de Dinamarca y no en Cundinamarca, (risas) o algo parecido. Lo cierto es que a mí, este reto me gusta. Yo empecé muy joven. Fui alcalde de Tibú a los a los 24 ó 25 años. Desde entonces, he venido trabajando siempre en el sector público. Tú eres testigo de excepción de lo que se hizo por ejemplo aquí en algún momento con el Incora, cuando quedamos ubicadas como la mejor regional de la entidad en todo el país. Obtuvimos un reconocimiento nacional importante por la gestión que se hizo. Eso me fue animando.

Cuando uno hace un esfuerzo, planifica y ve que las cosas se logran, es la compensación para un funcionario que tiene vocación del servicio público.

¿Cuando fue Acalde de Tibú soñaba con volar tan alto?

Pues, hay un tema y es que la vocación siempre ha estado dentro de mí. A veces veo que les peguntan a los artistas. ¿Bueno y usted cuándo empezó? Cuando tenía 7 años yo cantaba…

Aquí, en mi caso, desde muy joven se ha asumido el tema público, el tema de la política siempre me interesó.  Pero yo tengo una concepción de la política que en buena parte la aprendí de Luis Carlos Galán, con quien me formé. Esa fue una concepción de política de estado, no de la tranza, no de la “politiquita” chiquita, no de la politiquería sino de un tema en donde como se le decía al Presidente Barco en su momento, hay que ser manzanillo y técnico porque tampoco el tecnócrata alcanza a entender las vicisitudes sociales.

Hoy por hoy, después de tantos años en este tejemaneje, puedo decir que me siento un gerente público. Por eso, cuando llego a una entidad, esa experiencia me permite hacer rápidamente un escaneo de la situación y tomar correctivos como lo estamos haciendo hoy por hoy en el Agustín Codazzi.

¿Todavía hay mucho traumatismo?

Siempre se pueden hace cosas. Tal vez, no todas las que uno quisiera.

Me llamó la atención en la rueda de prensa cuando dijo que como estaba el sistema actualmente, se prestaba para muchas triquiñuelas.

Así es. Yo siempre tengo una frase que he acuñado y es “contra la corrupción, transparencia”. Creo que lo que logre el sistema nacional catastral que vinimos a presentar en Cúcuta, es justamente que se transparente la acción del Estado, la acción del IGAC. Que por ejemplo, si un ciudadano ingresa al sistema, porque los trámites se van a facilitar, se tenga una trazabilidad: se empiece hasta que salga esa persona de nuestro sistema, van quedando rastros de qué hizo, cómo lo hizo, por qué lo hizo, pero además de eso, la información va a ser segura y no fragmentada como hasta el momento. Una información donde se van a poder transparentar procesos y ser mucho más ágiles en los trámites.

Juan Antonio Nieto Escalante conversa con Mary Stapper. Foto somoslarevista.com

Juan Antonio Nieto Escalante conversa con Mary Stapper. Foto somoslarevista.com

Por ejemplo, en el caso de Cúcuta, los problemas que ha tenido la gente con el catastro, cómo solucionar eso.  Conozco el caso de don Lino Galavís a quien le sale el impuesto predial en un año por su casa, más o menos unos 25 millones de pesos. Eso es exagerado.

Aquí hay que entender varias cosas. El IGAC no es el que establece el impuesto. El IGAC lo que hace es elaborar el catastro; y aquí hay que entender situaciones como lo dije en algún momento, incluso el periódico lo tituló “La tormenta perfecta”, es porque se conjugaron muchos elementos. Por ejemplo, Cúcuta tenía 7 años sin hacer actualización catastral. Se hizo la actualización catastral y claro, áreas como la de Caobos o barrio Blanco, pasaron de ser un sectores residenciales a comerciales.

Entonces, el uso del suelo cambió. Al cambiar el uso del suelo, cambia la modalidad de impuesto que lo establece el Concejo Municipal y la administración municipal y no el IGAC.

Esa es una primera precisión que me parece importante. Entonces, el valor catastral de Cúcuta subió, si mal no recuerdo, más de 13 billones de pesos. La ciudad cuesta. Ahora, hay fallas internas y lo hemos denunciado nosotros mismos. Nosotros encontramos un desorden administrativo profundo. Yo creo que la única forma que uno tiene para poder enmendar situaciones es entender y reconocer que hay situaciones internas adversas y administrativas  que hay que corregir.

¿Después de todo este torbellino de cosas y de todo este entuerto, a qué santo se encomienda para que todo funcione bien?

Yo que soy un profundo creyente, me encomiendo a Jesús. Cierro los ojos y tomo decisiones.  Aquí también hay un elemento. Uno no puede pasar, como dicen popularmente, sin tocar aro. Uno tiene que entrar a hacer planificación, que ese es un tema que no se tiene por ejemplo en la ciudad. Nosotros los cucuteños  carecemos del sentido de la planificación. Somos los reyes de la improvisación. Refiriéndome a la pegunta, hay que planificar lo que se va a hacer, hacer un buen diagnóstico y tomar las decisiones. A Santa Rosa o al charco, porque si no se hace, la omisión causa tanto daño como la corrupción.

Yo lo veo que usted trabaja, trabaja y trabaja… ¿A qué horas se divierte?

En eso tengo una forma muy particular. He aprendido desde muy joven que aunque trabaje intensamente, me logro desconectar. No siempre pero con alguna frecuencia, si voy a una ciudad distinta a Bogotá, después de trabajar me pongo a observar la ciudad, su desarrollo y demás. Y cuando estoy muy estresado, generalmente me voy a donde un amigo que tiene su casa acondicionada con equipos y con música muy buena y nos ponemos a cantar.

¿Sigue mirando las estrellas como cuando estaba en la Secretaría del Medio ambiente?

Cuando estábamos en Ambiente,  miraba las estrellas pero si al caso para cantar canciones románticas. Me gusta cantar y tengo un grupo de amigos. En Bogotá por ejemplo, me reúno con Jesús David Quintana noches enteras en donde repasamos canciones viejas y nuevas. Eso me desconecta y como que me repotencia.

Supongo que en Argentina aprendió a cantar tangos…

A mí el tango no sólo en Argentina. Es que lo aprendí en Cúcuta cuando estaba muy pequeño. Mis tíos que venían de Venezuela siempre traían debajo del brazo o a Julio Sosa, o a Gardel o al polaco Gocheneche… Y últimamente, por supuesto, lo que fue la nueva dinámica del tango de Astor Piazzola por ejemplo.

¿Alcanzó a conocer un sitio que se llamaba Patio de Tango?

Sí, creo que quedaba por La Gran Colombia.

¿Le queda tiempo de leer algo?

Sí, la lectura no la dejo de lado. Estoy leyendo un libro interesantísimo que me regalaron el 14 de octubre, día de mi cumpleaños, que habla de por qué fracasan los países. Es un análisis histórico, económico y de estado muy interesante que muestra de una manera distinta, con una visión diferente toda a situación que se vive en los países de América Central, del África, del mismo Estados Unidos y de Inglaterra.

Juan Antonio Nieto Escalante. Foto somoslarevista.com

Juan Antonio Nieto Escalante. Foto somoslarevista.com

¿Qué le hace pegar un grito?

La ineptitud de la gente, sobre todo si se han dado instrucciones claras para que se cumplan. Yo trato desde mi gerencia, siempre orientar, de pronto equivocadamente, pero siempre claro Cuando uno no sabe para donde va, cualquier bus le sirve. Entonces, lo primero que un gerente público o privado debe dar, son orientaciones claras.  Y cuando no se ejecutan pese a que ha existido esa claridad, eso me saca de casillas.

¿Para usted que es la amistad?

Ese es un tema que aunque suene como  frase de cajón, la amistad es un tesoro. Yo tengo amigos y amigas de tantos años… Dicen que soy un buen amigo.  Yo no tengo enemigos. Le hago siempre culto a la amistad y soy a veces ingenuo en esos temas pero prefiero serlo antes que prevenirlo. Uno no puede construir si no es sobre la confianza.

Yo creo que esa confianza es la que lo ha llevado siempre a tener cerca por ejemplo a Maribel Torres…

La mona me acompaña desde hace muchísimos años. Es una persona con la que yo me siento tranquilo, que siempre está atenta y muchas veces no tenemos ni necesidad de hablar porque ya entiende hacia donde quiero ir. Basta con ella decir algo y la ejecución viene.

¿Cuánto vale tener como amiga y colaboradora a una persona así de esa calidad?

Es invaluable. Ahorita estoy molesto con ella porque no está trabajando ciento por ciento conmigo. Entonces va tocar que castigarla más adelante.

 

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