El combustible de la ilegalidad (Análisis)

Por Manuel Guillermo Camargo Vega. Hablar de la gasolina y de la frontera son temas que parecen simbióticos. El hecho que Venezuela haya mantenido subsidiada la gasolina para el mercado interno por décadas, manteniéndola a precios relativos muy bajos, hace que en la frontera siempre se haya “usado” como combustible local. Además en la frontera había gasolina de 91, 95 y 97 octanos, mientras en Colombia eran solo corriente (87 octanos) y super (91 octanos).

Gasolina ilegal.

Gasolina ilegal.

Aparte de la diferencia en precio, el otro fenómeno que se sucedía no solo producto de ello, sino del aislamiento en infraestructura que ha sufrido Cúcuta frente a Colombia, del que tantas veces hemos hablado. A Cúcuta hay que llegar por las dos únicas vías terrestres que tenemos, la de Pamplona y la de Ocaña, que son de las de peores especificaciones del país y, por tanto, de las de mayor costo de flete, que influye en la baja competitividad de la ciudad. El poliducto llega hasta Chimitá en Bucaramanga; el gasoducto llega a Barranca y de allí va a Bucaramanga, o viene de Cubará (Boyacá-Gibraltar) también a Bucaramanga. Suponiendo que Colombia pudiera abastecer a Cúcuta, los precios de transporte lo harían muy costoso.

Hablemos entonces de producto. Venezuela fue un gran refinador por mucho tiempo, pero durante la “revolución Bolivariana” PDVSA ha ido cayendo como empresa petrolera de manera importante y regular, y hoy es importador neto de gasolina de Estados Unidos y Brasil, por lo que el desangre fiscal es cada vez mayor. Por eso la gasolina es un elemento de preocupación hoy en Venezuela, pero el populismo lo deja así. Colombia no tiene capacidad refinadora seria y siempre ha importado gasolina y “descontó” a gran parte de la frontera como mercado de gasolina y diesel.

Ante esta realidad en el gobierno Uribe se definió la venta de gasolina Venezolana a Colombia a precios mucho mayores a los internos de Venezuela, pero muy inferiores a los internos de Colombia, volviéndose Ecopetrol en el importador de algo así como 19 millones de litros mensuales de gasolina de Venezuela a Colombia. Esta importación se asignó por cupos que se dan a las estaciones de servicio. De la información de estas estaciones salió la gráfica siguiente.

 cuadro-comparativo-gasoina

En el eje horizontal se colocan las estaciones por municipio, en distancia con referencia a Cúcuta. En el eje vertical hay una relación entre los galones mes asignados y el número de inmuebles del área urbana del municipio correspondiente, teniendo en cuenta que a más casas, más carros. Cúcuta como referente tiene asignados 3 galones por inmueble; Ocaña la dobla y Los Patios la triplica. Se observa que los mayores ratios están sobre las vías a Pamplona y Ocaña y todos los demás están alrededor del valor de Cúcuta. El tema de la gasolina en Cúcuta es un caso de extracción de rentas; ese delta entre la gasolina de Colombia y Venezuela hace que alguien quiera pasar el combustible donde mejor lo compren. Por eso las mayores asignaciones están alejándose de la frontera, porque esa gasolina en un gran porcentaje pasa de largo por Cúcuta.

En el acuerdo Ecopetrol “garantizo” suplir a Cúcuta a precio de importación cuando no pudiera Venezuela atender su compromiso. Ese es un imposible; cuando se dio la crisis Colombo-Venezolana, cuando el vecino país realmente impidió pasar el combustible, Ecopetrol fue superado de lejos por la demanda de frontera. En las actuales condiciones técnicas Ecopetrol no tiene como cumplir su compromiso; por las condiciones económicas, menos, más aún cuando Cúcuta no se cuenta en el interior como un gran actor político.

¿Cómo se ve el futuro?

En Venezuela, como todas las cosas allá, tienden a empeorar; el estado de deflación que amenaza al país (alta inflación, bajo crecimiento) es cuestión de tiempo. En Colombia, la refinería de Cartagena iniciará operaciones en 2016, pero no sé si la producción de gasolina sea uno de sus objetivos; pero así fuera traer de allá a Cúcuta es imposiblemente costoso. La actualización de la refinería de Barranca aún no se define, pero demorará al menos un lustro en estar en disposición de operar de manera ampliada. En resumen, el problema tiende a agravarse.

Hoy hay opciones a la gasolina. El gas natural vehicular hoy ya es una realidad importante en el país, excepto las fronteras con Venezuela y Ecuador por no tener infraestructura de transporte. El gasoducto a Cúcuta vía cargo de confiabilidad debería ser un objetivo local. Pero estamos en espera que alguien nos lo haga. Ese ha sido nuestro sino. Por su parte, el autogas, gas licuado del petróleo (el de los cilindros) de uso vehicular aún no se define y el país tiene una capacidad de producción e GLP excedentaria importante. Pero igual, necesitamos para masificar estos sistemas suministro garantizado, pues nuestras vías en cada invierno se vuelven imposibles de transitar.

El problema de la gasolina en Cúcuta destapa el gran problema de la ciudad: el aislamiento por ausencia de infraestructura. El otro problema es buscar apoyo estatal para la solución de nuestros problemas; “el ministro dijo que iba a ayudar”, “los parlamentarios tienen reunión con el ministro”, etc, etc. Es importante que recapacitemos que hoy los proyectos ciudad se preparan y se venden a capital nacional o extranjero a quien el proyecto le suene bien armado. Debemos desarrollar un ente mixto, con manejo privado, que sea experto en la estructuración de proyectos y “project finance” que nos permita vender nuestros grandes proyectos que son nuestra gran solución. El tren al magdalena medio, la conexión con la red nacional de transporte de gas natural, el poliducto a Cúcuta son obras que no dan espera.

La gasolina ha sido por mucho tiempo el gran factor de ilegalidad en la frontera; sería bueno que se convirtiera en el problema que haga reaccionar a la ciudad.

 

Manuel Guillermo Camargo Vega

Noviembre 2013

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