Desarrollo sostenible urbano (Análisis)

Por Manuel Guillermo Camargo Vega – Especial para somoslarevista.com – Desde Peñaloza en Bogotá, se mantiene el debate sobre el tipo de ciudad que se requiere. Peñaloza quería una ciudad más orientada a la contemplación, con andenes para la gente, “desincentivación” del carro propio, un modelo de transporte basado en buses no integrados, ciclorrutas, “paseos ecológicos” y una visión de ciudad “para la gente”. Parece inteligente, pero no ha funcionado. 

Esta visión me recuerda una película de Jack Nicholson, donde éste caracteriza un ladrón en la época post-guerra civil que va a ser colgado. Se salva porque una ley de postguerra y ante la “falta” de hombres, permite que se suspenda la pena del convicto si una viuda lo pide. Efectivamente, la viuda lo pide y lo lleva a trabajar una granja donde falta todo; es decir el mobiliario son dos taburetes de madera y una tabla a manera de comedor. Los vecinos son unos cristianos ortodoxos que los visitan y les llevan de regalo una linda y fina porcelana. Y Nicholson la toma, la eleva y dice sarcásticamente: “¿Cómo sabían que nos hacía tanta falta UNA PORCELANA?”.

Eso pasa con la visión Peñaloza. Una ciudad que tiene índices de desempleo altos, cinturones de miseria, ingreso per cápita bajo, no conjuga con una ciudad ambiental. No se me mal entienda, no defiendo que se ataque el medio ambiente, lo que creo es que debe buscarse el equilibrio entre desarrollo y sostenibilidad de recursos y ambiente. La pobreza es terriblemente contaminante; por eso las ciudades ricas son las más sostenibles.

La ciudad se impone después de la revolución industrial, cuando los burgos de ciudadanos libres abandonan la producción artesanal y se pasan a la producción masiva.

La ciudad se crea como un centro de producción y pon ende de creación de riqueza. Y esa es la razón de su existencia; la vida natural es la vida campestre. Por eso temas como la movilidad, los servicios públicos, el desarrollo de infraestructura vital como la médica, educativa y otras, se vuelven la esencia de su manejo. Los gringos utilizan como parámetro para revisar el sistema de transporte público, el que una persona demore más de 30 minutos en atravesar la ciudad. En las ciudades serias el tiempo es una variable importante de control. Y se requiere infraestructura y servicios para que se creen empresas manufactureras y de servicios, con costos competitivos que generen valor agregado y en consecuencia, generen desarrollo con el consiguiente empleo y desarrollo de poder adquisitivo del mercado. Un estado con buena institucionalidad es la otra arista de este triangulo infraestructura, institucionalidad y creación de empresa.

Todas las ciudades desarrolladas del mundo tienen una amplia canasta energética, sistemas de transporte públicos y privados técnicamente elaborados, interconexión con otros centros de desarrollo con modos de transporte económicos; no juegan a tener andenes amplios, tienen planeación urbana. No desincentivan nada; incentivan el desarrollo. El sistema de transporte masivo es integrado entre los modos: férreo para el transporte de los grandes volúmenes, sistema de bus de carril dedicado (Transmilenio) como abastecedores del sistema férreo y sistema de buses zonales que no atraviesan toda la ciudad como tributador de los “transmilenios”. El tiempo de recorrido es la variable. Con eso no se juega en las ciudades serias.

Bogotá sacó la industria “contaminante” y hoy aporta entre el 22% y el 23% del PIB (producto interno bruto) nacional, cuando antes era cercano al 30%. Hoy quiere que la industria vuelve; pero eso es como los ríos, lo que pasó no vuelve.

Club Tenis. Foto tomada de Facebook.

Club Tenis. Foto tomada de Internet.

Con el nuevo centro comercial en los que eran terrenos de los campos de golf del Club Tenis, único en el mundo atravesado por una vía principal, se está dando el mismo debate. Para definir su razonabilidad, miremos los indicadores de Cúcuta. Hoy somos la ciudad con mayor desempleo y subempleo del país; somos la ciudad con mayores negocios “informales”; tenemos una pésima infraestructura de conexión con el resto del país.

Creo que es importante mirar en impuestos, empleo formal y otros rubros lo que significa un centro comercial como el planteado, frente a tener un “pulmón” de la ciudad compuesto de prados de bajo mantenimiento, que se usa para la recreación de una “inmensa” minoría. Cuánto oxigeno libre a la atmósfera generan los campos de golf del Tenis, sería interesante medirlo.

La recuperación de las cuencas de los ríos Pamplonita y Táchira, en cambio, convertirían la ciudad en verdadera ciudad ecológica.

Les recomiendo conocer “Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca” en Ecuador para que vean lo que es ser sostenible.

Como lo dice su nombre es una ciudad con cuatro ríos, dos en sus linderos y dos que la atraviesan y están hoy como hace 50 años, limpios, con corriente natural y cauce respetado. Pero es que tienen plantas de tratamiento de aguas residuales que no permiten que una gota de agua contaminada caiga a los ríos.

Luchar contra el medio desarrollo que se pueda lograr, con la consigna de lo ecológico, es como asesinar en el nombre de Dios.

Manuel Guillermo Camargo Vega

Bogotá, noviembre de 2013

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