El sentido de pertenencia

Cúcuta y el sentido de pertenencia. Foto somoslarevista.com

Cúcuta y el sentido de pertenencia. Foto somoslarevista.com

Por Gabriela Camargo Vega. Decía el cura párroco de la majestuosa catedral de San José de Cúcuta en un domingo cualquiera que los cucuteños teníamos una mala herencia de nuestros aborígenes los indios Motilones. Esta tribu que aún se alberga en el Catatumbo nortesantanderano, practicaba el comerse entre ellos y su carácter extremadamente belico los llevo a ser una de las etnias más temidas.

Este paso por el tiempo, recordaba el sacerdote, dejó en los cucuteños una marcada belicosidad que genera envidia y egoísmo en perjuicio del progreso y de la pacífica convivencia.

Estos sentimientos negativos que hoy afloran abocándonos al retraso y a las malas relaciones entre los habitantes lo han sabido aprovechar gentes venideras de otros lugares del país y es por eso que existe un dañino refrán que reza “En Cúcuta se puede hacer lo que nos da la gana”.

Todo esto no es más que la pérdida del sentido de pertenencia, sentimiento que brota desde las entrañas mismas del ser humano y se va moldeando a través de esa formación que nos transmitieron cuando éramos niños y nos decían nuestros padres, abuelos y profesores, hay que cuidar las cosas como si fueran nuestras para aprender a valorarlas. ¿Qué paso? Estas sabias  palabras que día a día las escuchábamos sin darnos cuenta lo importante del mensaje, al parecer fueron quedando en el olvido.

Cómo hemos olvidado el gran significado de esta frase los cucuteños . El sentido de pertenencia respecto a nuestra ciudad, sus obras, sus costumbres y su gente. Que añoranza de aquella materia abolida del pensum académico llamada civismo, donde nos inculcaban ese respeto por lo nuestro, ese amor por lo que hacemos, ese acogernos a las normas. Sentido de pertenencia es entonces eso y tantas cosas y a la vez es solo eso, querer lo nuestro, apoyar lo nuestro y luchar por lo nuestro, es decir, como decía nuestro primer OBISPO DE Cúcuta, Luis Pérez Hernández: ”Que bello es nacer en Cúcuta, vivir en Cúcuta y morir por Cúcuta”.

Hoy retomo estas palabras  porque vivir  en Cúcuta es un orgullo pero muchas veces se nos ponen los pelos de punta, nos da el moderno estrés, entramos en cólera, nos transformamos  en bestias humanas para poder superar las situaciones que minuto a minuto se nos presentan y todo porque estamos viviendo en una ciudad donde el respeto, la autoridad y el orden dejaron de existir y el sentido de pertenencia paso a ser una cosa olvidada

Cantedral de San José de Cúcuta. Foto somoslarevista.com

Cantedral de San José de Cúcuta. Foto somoslarevista.com

Como decía en aquel domingo cualquiera el cura párroco de la catedral de San José, nos comemos vivos, nuestra valentía y coraje que antaño pregonábamos se reemplazó por la envidia y el egoísmo haciendo de esta hermosa tierra, tierra de nadie. Reaccionemos y volvamos a concebir una ciudad progresista, nos falta mucho por hacer y entre todos, abandonando esa mala herencia indígena lo podemos lograr y ganar para las nuevas generaciones una ciudad donde todos luchemos bajo las normas del respeto y el amor por lo nuestro.

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