Drama social: ollas de consumo

La drogadicción y la indigencia. Foto somoslarevista.com

La drogadicción y la indigencia. Foto somoslarevista.com

Por Jorge Eduardo Hartmann – Indignación por la incompetencia del gobierno al manejo desesperado de destierro y violencia contra personas drogodependientes, en ollas de expendio de sustancias ilícitas, sin ningún acompañamiento profesional capacitado, que diera solución en sitios especiales a estas personas para que pudieran recibir atención integral y a corto o mediano plazo reintegrarlos a sus familias y sociedad.

Cuando atrapan a un expendedor de droga, aparecen diez sitios más donde se vende la sustancia. Hace cinco meses hubo un despliegue fenomenal: Ejército, policía, inteligencia. La urgencia: en dos meses erradicar todas las ollas del país, llegaron las autoridades a tumbar puertas y cumplir a cabalidad con la orden del presidente, fueron tan juiciosos los entes del estado que llegaron a los sitios aún antes del plazo establecido, no tardó en desplegarse la noticia por todos los medios presentando las autoridades el botín: unos pocos jíbaros detenidos y unas cuantas papeletas decomisadas en cada lugar, mientras los que verdaderamente manejan el negocio de la distribución y venta se dieron su descanso pensando en el lugar de su traslado, que ni siquiera amerita publicitarlo advirtiéndole a su clientela de la nueva sede.

Los verdaderos delincuentes manejan al interior de las ollas venta de armas, muertes, desapariciones, prostitución y extorsión, e intimidan con amenazas y hechos violentos a cualquiera que se interponga en el suculento negocio que controlan.

Merece decir que la sustancia que finalmente consume el adicto en estas ollas únicamente tiene y voy a ser generoso el 10% de pureza, la mezclan con ladrillo, tiza, cemento y cuanto ingrediente encuentren con tal de rendirla y obtener su propio patrocinio económico, el consumidor puede conocer la intención de su proveedor, pero la ansiedad lo lleva a saciar su deseo esporádico por cierto, por la cantidad de mezclas extrañas en su papeleta que una vez en su organismo aceleran el daño y deterioro general, impulsando de nuevo la ansiedad obsesiva a adquirir más droga con la esperanza de una mejor calidad.

Estas personas se mueven a tres cuadras a la redonda del sitio donde satisfacen la necesidad de consumo, únicamente salen para conseguir recursos a través de la mendicidad o robos menores, causando terror e incomodidad en el vecindario y la comunidad, por su apariencia física.

Esta población de adictos compulsivos, gran parte de ellos con problemas mentales y físicos, muchos han sido desterrados de la familia y la sociedad, los conocemos como los habitantes de la calle, están en todas las ciudades y aumenta vertiginosamente el número en cada lugar no por la multiplicación natural a excepción de algunos casos, sino que regularmente se adhieren al grupo, niños abandonados, consumidores escolares, universitarios, profesionales y empresarios o alguno de nuestros familiares que han manejado el consumo a la par de sus actividades, y esporádicamente visitan estas ollas por la libertad para consumir y el horario extendido, que a la postre en la medida que aumenta la necesidad en su organismo de mantener el efecto de la droga se van integrando a la población de indigentes.

Jorge Eduardo Hartmann - Director de la Fundación

Jorge Eduardo Hartmann – Director de la Fundación REscate I.P.S-CAD.

La droga no reconoce fronteras, su alcance es global y va en aumento, nadie queda igual después de consumir cualquier sustancia psicoactiva, la droga destroza todo lo que toca.

La estrategia contra el micro tráfico se debe orientar en el consumo, así desaparece el negocio y se obliga el desplazamiento forzoso de las bandas criminales.

JORGE EDUARDO HARTMANN

FUNDACIÓN RESCATE I.P.S-CAD

Celular 3002178133

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