Mercedes Vera de Báez, mi madre

Mercedes Vera de Báez Foto archivo particular.

Mercedes Vera de Báez Foto archivo particular.

Por Jorge Enrique Báez Vera. Para optar al título de abogado, presenté tesis de grado, sobre “ EL CARÁCTER JURIDICO Y SOCIAL DE LA ASISTENCIA FAMILIAR” y el día de la reglamentaria sustentación ante los jurados calificadores, y el Decano de la Facultad   JOSE ALEJANDRO BONIVENTO FERNÁNDEZ,  mientras los Jurados, hacían las preguntas del caso, el decano, ojeaba con detalle, su copia del escrito… no preguntaba… leía, pasaba páginas…y yo, admirado con su silencio y ya cuando los Jurados , terminaron el examen se dirigieron al  doctor Bonivento, y le dijeron : para nosotros es suficiente, Decano , y él entonces,  leyó  en voz alta, la dedicatoria  que yo había hecho de mi trabajo:

A MI MADRE: VALIENTE Y ABNEGADA MUJER, QUE CON SU RESPONSABILIDAD E INMENSA FE EN SÍ MISMA, HA SABIDO SUPERAR LAS INNUMERABLES ADVERSIDADES QUE LE DEPARO LA VIDA”

Y muy serio,  preguntó “¿Báez, quien es su mamá? Ante mi asombro, él dijo: “en un trabajo sobre la asistencia familiar, la mamá es protagonista”… y calló…..yo lo entendí  y respondí:

Mi mamá, MERCEDES VERA DE BÁEZ, doctor Bonivento, es una verraca, y en su cara, vi la curiosidad por conocerla, y continué,  diciendo: madre de tres hijos, yo el menor, separada al poco tiempo de mi nacimiento, Merceditas, como todo el mundo le dice, nunca se ha detenido ante los muchos obstáculos con que se ha  que se ha encontrado.

Con estudios primarios, hechos en su natural Pamplona, muy joven aprendió el arte de la costura, pero ella, proyectiva como era, no se decía modista, ni costurera, sino que se ascendió ella misma a  sastre, y se especializó en pasar costura a los pantalones y sotanas, que le mandaban ya cortados del Almacén y Sastrería Pedro LLánez, avenida 8, calle 8, junto al almacén de calzado de don Marino Vargas. Este era su trabajo en casa. Mi papá, marinero de tierra, conductor errante de camión , poco y nada se le veía en la casa de La  Cabrera, calle 17, 7-65, teléfono 7916 la que mi mamá, no se con que carreta, compró y quedó debiendo, y palabreó el negocio, con unos ahorros que tenia, de la exigua  suma que mi papá dejaba en las cada vez mas esporádicas visitas…lapsos que se hicieron mas largos, en cuanto se enteró, del negocio que de palabra había hecho mi mamá….con  la machista excusa….”yo no la autoricé para hacer ese negocio,  no sé, con qué va a pagar…..a mi no me alcanza para tanto”… .En todo caso, después de eso, mi papá, prácticamente no volvió a la casa, y mi mamá, quedó con  tres hijos y una hipoteca, que tuvo que hacer sobre la casa, único requisito del vendedor comprensivo, a cambio de un plazo para pagar el saldo. Dios proveerá, dizque dijo mi mamá, pero yo a mis hijos les compro casa; y así fue.

Le daba la madrugada, sentada en esa máuina de coser, terminando pantalones….y sotanas…que también  aprendió a pasar máquina luego de cortadas,…vendía helados, hielo, y gaseosa, con cuyo producido pagó en poco tiempo la nevera, por la que también se enculebró, pero positivamente pensando, …”eso con los helados se paga”… y sí, la nevera se pagó sola….y dejaba algo para el mercado que nunca faltó.

Mi mama, vendió leche de cantina, que llamaban,  todas las mañanas llegaban dos cántaras…que ella vaciaba en unas olla grandes que compró y vendía y fiaba los litros de leche.

Dios es muy grande. Nunca tuvo mi mamá un problema por vender ese producto sin pasteurizar, aprovechando la costumbre de comprar la leche en jarras y el inexistente control estatal.

Ante la aprobación y el interés, de mi selecto auditorio y del Decano; continué: Merceditas, fue una mujer inteligente, luchadora, previsiva y sobre todo buena, que siempre creyó en ella, y de lo que era capaz, tanto es, que todo lo que hacia., siempre lo hizo, pensando en no ser una carga para sus hijos, cuando no lo pudiera hacer.  Le expliqué a mis profesores: Cúcuta, es ciudad fronteriza con Venezuela, que en esa época, finales del 50, vivía exclusivamente del comercio binacional, ya que por la diferencia del cambio de moneda los venezolanos eran asiduos compradores en Cúcuta.

Merceditas, cada vez más necesitada, consiguió empleo a destajo en un almacén de venta de ropa, Panamericano, se llamaba,  de propiedad de Gonzalo Caicedo, calle 11-A 6-44 –Edificio San José-teléfono 7943,   pero no le pagaban sueldo fijo, sino que su labor consistía en hacerles el ruedo o botas, a los pantalones que los clientes compraban , o hacerles cualquier otro tipo de arreglo a las nueva prendas según el querer de los compradores….”Gallos” le decían a ese tipo de trabajos de costura; si había “gallos”,  Merceditas, ganaba, por cada uno de ellos, si no,  pues , no ganaba; pero era el único trabajo que consiguió.

Emprendedora, como era, Merceditas, no se quedaba sentada en su máquina de coser, sino que a pesar de que no estaba contratada para eso, cuando el almacén estaba lleno, y los vendedores eran insuficientes para atender, ella por iniciativa  propia, atendía los clientes y como había visto como se hacia,  pues vendía, porque ya había aprendido los precios mínimos en que se podían vender cada uno de los artículos.

Gonzalo Caicedo, dueño del almacén, vio en mi mamá, deseos de salir adelante, y le dio trabajo fijo como vendedora, ganándose un sueldo y comisión sobre las ventas que hiciera, gracias a lo cual, Merceditas, logró liberar la hipoteca sobre su casa, además de mantener un hogar de cuatro personas, no con lujos,  pero sin con todo lo necesario, sus hijos siempre tuvieron  buen estudio, frugal comida,  vestido y todo lo que unos jóvenes y un niño necesitaban.

Mis profesores, querían saber más y uno de ellos, me pregunto sobre mi niñez, y yo traje a referencia, la imagen más remota, que tengo de mi familia en pleno, esa, es la mía, de  dos o tres añitos ,todo vestido de blanco, caminando por el centro de la Iglesia San Antonio, calle novena, avenida octava, con una bandejita en las manos, y en ella , una muy, pero muy diminuta casita en oro, y detrás de él, también caminando pero de rodillas, mi mama y mis hermanos mayores… recorrimos así…toda la iglesia… hasta llegar al altar mayor  a depositar a los pies del  Cristo en la Cruz, la casita, que no era otra cosa, que la ofrenda de agradecimiento al Señor Misericordioso, como le decía Merceditas a la imagen, por haberle dado , y conservado el empleo y así poder salvar su casa del ya impaciente  acreedor, que la pretendían embargar… Nunca olvido esa imagen, marcó para siempre mi vida… me demostró desde niño lo valiente que era mi mama… y lo agradecida con Dios y la vida que siempre fue”  dije a mis profesores….y también les dije: “…mi mamá con la misma devoción que rezaba…trabajaba”

– ¡Aja! ¿Y tu papá, qué? Pregunto el samario y  carismático Decano , dije entonces:  a mis preguntas de por qué mi papá,.se fue de la casa y la dejó sola con tres hijos, mi mamá, cortaba toda comunicación y simplemente contestaba”  “sus razones tendría y no pregunté más”.  Nunca tuvo para con mi papá una palabra desobligante y por el contrario, siempre nos infundió el respeto,  hacia nuestro papá, lo que agradezco, pues ello me permitió una respetuosa relación con él, ausente de reproches y explicaciones.  Merceditas, nunca le guardó rencor a mi papá , tanto es así, que en el ocaso de sus vidas,  lograron una respetuosa relación,  en la que don Jorge, reconocía a cual más el valor humano de su esposa y que a pesar del divorcio que legalizaron, ya ancianos y ante notario… nunca dejara de llamarse MERCEDES VERA DE BAEZ, ”…nunca me quitaré el DE BÁEZ…de mi nombre…por que me debo a los BÁEZ…” decía ella en una demostración de su entrega maternal.

La sesión  académica, termino a la una de la tarde , y ya en la cafetería de la U, la Santo Tomás de Bogotá,  donde nos sentamos a almorzar, porque ellos debían seguir su trabajo, les conté una anécdota , simpática, pero que demostraba el ingenio y la  creatividad  de mi mamá.

Un tío, residente y trabajador en Venezuela, se apareció un día en la casa, con una caja grandísima,  como de un metro cuadrado de superficie, que se abría en dos… era un tocadiscos… o picuk, como le decían entonces, en una mitad era el dispositivo para accionar los discos de acetato, y la otra mitad, que se despegaba, era el bafle, que gracias a un largo cable se podía  trasladar y colocar en una pared.

El tocadiscos se inauguró con fiesta en la casa. A los pocos días, llegaron unos vecinos, y dizque le dijeron; “Merceditas, ¿nos presta el tocadiscos para una fiesta que tenemos?” Y ella con la agilidad mental que siempre la caracterizó, les dijo:”… no; no se lo presto…se lo alquilo vecino…”  Y, ahí nació otro productivo negocio y cada ocho días, viernes y sábado, mis hermanos salían a atender cuanta fiesta  había en el barrio y el vecindario.  Mientras uno operaba, el tocadiscos, el otro bailaba… Y mi mamá, cosía en casa.  Mis profesores sonreían admirados, ante el ingenio productivo de mi mamá pues sin saberlo, Merceditas fue pionera de las después muy exitosas mini-tekas.

Les conté a mis ya casi colegas, que a  los muchos años de estar trabajando  mi mamá, con Gonzalo Caicedo y ayudarle a que consiguiera un buen patrimonio, cuatro almacenes, llegó a tener ese gran  y buen señor y gracias a que ella, era  muy conocida por los fabricantes y mayoristas, se animó a independizarse y con el dinero que le dio Gonzalo como  liquidación de muchos años de trabajo, lunes a sábado de 8 a 6, domingos 9 a 12 , montó su propio almacén en un costado del Parque Santander,  avenida 5, 9-42, teléfono 2592, Edificio Hotel Amaruc-junto a Miss Medias, de la Nena y Gustavo Assaf. El Orinoco, llamó a su negocio, que tuvo, hasta seis meses después de haberme graduado como abogado, y para luego retirarse a su casa en La Capillana, Calle 3 N 3-E-77, a vivir de su auto-pensión, que aseguró con inversiones inmobiliarias, gracias a la previsión y espíritu de ahorro que siempre tuvo..

El día de mi grado al  terminar el acto, el doctor Bonivento, se bajó del escenario y se  dirigió hacia el auditorio, y fue directo hacia mi mamá, y le dijo….”Merceditas, un honor para mi conocerla; se de su valor y empeño” y le dio estrecho abrazo… Mii mamá, asombrada, pero  orgullosa y feliz y yo, asumiendo el compromiso que hice tácitamente con ella… ser con mis hijos, tal, y como fue ella conmigo y mis hermanos, compromiso que aún no termina, por que el de mi mamá con nosotros,  terminó con su vida,  en fecha que mandé al olvido, y de la cual recuerdo, que cuando fui a redactar el obituario que publicaría en   La Opinión, fluyeron de mi las mismas frases que escribí en la dedicatoria de mi tesis, definiéndola: VALIENTE Y ABNEGADA MUJER  QUE CON SU RESPONSABILIDAD E INMENSA FE EN SI MISMA, SUPO SUPERAR LAS INNUMERABLES ADVERSIDADES QUE LE DEPARÓ LA VIDA”

Jorge Enrique Báez Vera - Abogado, politólogo, articulista.

Jorge Enrique Báez Vera – Abogado, politólogo, articulista.

MERCEDITAS, empezó su lucha en este mundo, un 24 de septiembre, día de Nuestra Señora de las Mercedes, por eso en estos días, celebro su vida, y olvido su partida y es cuando más   evoco con inmenso cariño y orgullo, a esa valiente y abnegada mujer, su dedicación y, su coraje.  Termino, diciendo como  todo buen cucuteño…  cuando entra, ó sale de la casa,  y saluda  ó se despide: ¡¡.LA BENDICION MAMITA… y sé que ella  en cualquier lugar donde esté , me contestara; ¡QUE MI DIOS ME LO BENDIGA, MIJO!

 

 

 

 

 

3 comentarios para "Mercedes Vera de Báez, mi madre"

Comentar

Su correo electrónico se mantendrá en privado.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.