El legado de Lucy Paz de Hartman

 

Hoy, cuando escribo esta nota, tengo sentimientos encontrados. El recuerdo de doña Lucy Paz de Hartmann, madre de mis amigos Ingrid, Ilse,  Etzel y Jorge Eduardo, quien falleció dulcemente como fue su vida y dejó en sus hijos, nietos y amigos, gratos recuerdos de una mujer llena de templanza que supo manejar una enfermedad que fue paralizándola lentamente.

El legado de doña Lucy siempre estará ahí, con su imagen llena de ese gran afecto.

 

Casa Hartmann en Cúcuta y el recuerdo de Lucy Paz de Hartman. Foto somoslarevista.com

Casa Hartmann en Cúcuta y el recuerdo de Lucy Paz de Hartman. Foto somoslarevista.com

Cuando uno llega a la casa Hartmann en el Barrio Colsag, quiere quedarse por la calidad humana de la familia. Ingrid Hartmann Paz, nuestra amiga y Cónsul de Colombia en Roma escribió hace algunos meses una nota sobre esos recuerdos que se vuelcan. En uno de los apartes dijo: “Tengo de esa casa blanca solo bellísimos recuerdos, allá vuelvo todos los años de mi diáspora por el mundo a llenar mis maletas de afecto con mi familia, mi madre, quien todavía vive  con una dificultad física de parálisis y nos da el ejemplo de no lamentarse nunca, mis hermanos, Ilse,  Etzel y Jorge Eduardo, mis amigos irrepetibles de toda la vida, mis compañeras del colegio y los vecinos, quienes vuelven a visitarme cada vez que llego.

 

Estos recuerdos debo también dárselos a conocer a mis amigos que me conocen solo virtualmente por mi labor en la red y quienes con 1000 firmas le solicitaron a la Ministra de Relaciones Exteriores que me nombrara en el Consulado de Colombia en Roma”.

 

Querida Ingrid, doña Lucy ya no está físicamente entre nosotros, pero su recuerdo perdurará entre nosotros por lo que proyectó, por la familia que formó, por la calidad de sus hijos, por esa casa blanca que aún existe en el barrio Colsag con su olor a jardín de flores, por los amigos que dejó, por su férrea fe y por ese gran amor que le bridó a Cúcuta.

 

Es cierto, en Cúcuta se pueden llenar las maletas de afecto y de recuerdos gratos que usted, mi querida Ingrid, ha sabido repartir a través de la red “Cuuteños por el mundo”.

 

El legado de doña Lucy siempre estará ahí, con su imagen llena de ese gran afecto.

MARY STAPPER

 

 

 

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