Deliquios de los amores cruentos: La Luz Imposible de Jorge Valencia Jaramillo

Jesús María Stapper. Periodista, escritor y artista plástico.

Jesús María Stapper. Periodista, escritor y artista plástico.

Por: Jesús María Stapper –    Los amores cruentos, grandes, inmortales,  son de temporada. Aman con frenesí, arropan con su alta fiebre,  y después… se van. Dejan huellas, grandes huellas, y bendiciones, y cicatrices. A la deriva queda el corazón desahuciado. Y la vida pende de la muerte o de la resurrección. El amor no es un premio / sino un castigo (No obstante). Yo, por ejemplo / estoy muriendo / desde que te conocí (Lo sobrenatural).

El amor indolente, extraño, huidizo, de partidas constantes, de regresos indecisos, quema y lacera y mata de veras.  Marca de hierro al rojo vivo sobre la piel. Estigma que duele. Rúbrica ronca que no se borra con el adiós anunciado.  Precipicio de extensa caída. Roca inamovible. Camposanto que está frente a nuestro paso tercero. Todos, menos tú / sabrán que morí de amor (Futuro 1). Sufría mucho con ella. / una tarde lluviosa se fue. / Y no dejo de pensar / si algún día tendré / la inmensa tristeza / de volverla a ver (Algún día).

Los amores pretendidos que nunca llegan  tienen la manía constante de anclarse en el corazón. Nos acompañan, a la manera de una ración agridulce,  por donde quiera vamos. Ellos se confabulan con  lo difícil de nuestras sendas. Nos siguen por las calles del delirio. Cruzan con nosotros las esquinas atormentadas de la vida.  Delante de nosotros marcan  firmes rastros sobre la pradera. Asidos de nuestras manos  penetran  las arboledas y después  recorren  los claroscuros de la vereda. Son el espejo que  repite sus luces intermitentes (que nos encandilan y nos martirizan)  frente a nuestros ojos y nuestros deseos. ¿Quieres saber / qué tan grande / es mi amor? Pregunta / qué tan grande / es mi dolor (Mi amor). Sólo hay dos cosas imposibles / en la vida: / la inmortalidad / y la felicidad en el amor (Dos cosas).

Jorge Valencia Jaramillo. Foto tomada de Internet.

Jorge Valencia Jaramillo, ha sido entre otras cosas, Ministro, Senador, Gobernador de Antioquia, Alcalde de Medellín, Presidente de la Comisión Nacional de Televisión y fundador de la Ferian Internacional del libro de Bogotá. Foto tomada de Internet.

Jorge Valencia Jaramillo  vive en el amor -del amor- como un hombre adulto pero lo escribe como si fuera un adolescente. Más que un poeta es un ser que habla para señalar lo vivido (o los más grandes y fantásticos anhelos que  tiene por vivir). Para decir lo que  siente, una sílaba basta. Es el edecán sincero de su palabra inocente y sentida y profunda. Asiste por magia, por sortilegio, o por realidad, a la caricia de una mujer como si fuera entusiasmado al juvenil inicio de un juego. Dice, con toda claridad,  que el  amor es el viacrucis de nuestros sentimientos. Informa que es una verdad que se sufre aunque no se palpe.  El amor es la gran suma de unos recuerdos de vidas, de nostalgias, de ausencias, y de olvidos recalcitrantes.

No obstante, su padecer, Jorge Valencia Jaramillo, es un eterno enamorado de la mujer. Por gusto propio vive atrapado en las redes de  sus encantos.   Goza su ternura, su sensualidad, y su belleza. Sufre en todos sus delirios,  la real hermosura femenina.  En sus alucinaciones le canta a su hembra (real o figurada) con el alma. Como un buen masoquista, le gusta padecer lo que padece, y las damas que se han acercado a su vida, lo saben, las que no, también.

La luz imposible.

La luz imposible.

Jorge Valencia Jaramillo, poeta,  nos entrega en su poemario: La luz imposible,  un catálogo de amores de invierno, de amores repletos de nubarrones. Son amores polares. En su vivir amante están ausentes las primaveras y los estíos y los días gloriosos.  Todo es otoño, todo es invierno.  Todo es frío. Él convive pleno con todas las ausencias (las que se fueron, las que no llegaron). Quizás entiende que él mismo tiene descrito en su destino el saber que es su propio olvido. Allende queda lo vivido que nos conlleva a sus eternidades (algunas pasajeras, las demás eternas). Allende queda el dolor arropado con las cenizas de un duelo pretendido, sufrido y añorado. Como si guardara los amores verdaderos para la otra vida, Jorge Valencia Jaramillo, declara que todo es posible. Y, La luz imposible, es la luz doliente. Y frente a nosotros,  el encandilar maravilloso que nos deja una mujer cuando nos mira y nos esculca y nos estremece.

 

Jesús María Stapper Stapper

Bogotá D. C. Junio 18 de 2012

 

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