Carlos Ramírez París, un Alcalde que dejó una huella perdurable

Hace 50 años Carlos Ramírez parís fue Alcalde de Cúcuta. Aquí lo vemos entre Eduardo Cote Lamus y Virgilio Barco Vargas.

Hace 50 años Carlos Ramírez parís fue Alcalde de Cúcuta. Aquí lo vemos entre Eduardo Cote Lamus y Virgilio Barco Vargas.

Como un Alcalde de huella perdurable, presentó el maestro Cicerón Flórez Moya, a Carlos Ramírez París, al cumplirse hoy 24 de junio, 50 años de haberse posesionado como alcalde de los cucuteños.

Donamaris Ramírez-París Lobo, alcalde de Cúcuta, al hacerle un homenaje a su padre, presentó tres obras que están en trámite y se desarrollarán en la ciudad como homenaje al hombre que vivió enamorado de su ciudad y del que heredó la vena del civismo y el trabajo por la comunidad.

El parque Carlos Ramírez París, en Guaimaral, será totalmente recuperado, con una inversión de $300 millones. Tendrá frondosos árboles y bellos senderos que mostrarán como característica especial la cerámica en varias de sus especificaciones.  También recibirá por parte del municipio una mano, el parque Carlos Ramírez París del barrio del mismo nombre y la Glorieta de San Mateo.  Las tres obras tendrán materiales netamente cucuteños, tratando de rescatar el verde de la ciudad y la cerámica.

El maestro Cicerón Flórez, quien fue el orador de orden, durante la sobria ceremonia que recordó los tiempos de hace 50 años, presentó el siguiente perfil de Carlos Ramírez París:

CARLOS RAMÍREZ, VISTO POR CICERÓN

Carlos Ramírez París fue un ciudadano casi del común. Un cucuteño formado en las corrientes sociales de base de la ciudad, sin pergaminos presuntuosos, ni títulos que le dieran privilegio alguno de propietario con poder de dudosa legitimidad. Un cucuteño hecho a pulso, autodidacta y visionario con la lupa de su inteligencia natural, irrigada de perspicacia y el añadido de lecturas que su conocimiento y dominio del alfabeto le fueron deparando en la vida.

Pero este mismo Carlos Ramírez París fue construyendo sus propias fortalezas. Una, su autenticidad. Otras, el carácter, como blasón de su sinceridad y su independencia; el trabajo como medio productivo de sustento vital; las querencias, como expresión de convivencia, de amistad o fuente de felicidad; la inconformidad, para no caer en la pasividad o en el rasero de lo fácil; la franqueza, para no dejar dudas respecto a lo que decía, sentía o hacía y el don de la malicia para no tragar entero y no ser proclive a trampas, ni dejarse embaucar por malabaristas de enredos, de prejuicios o de intereses que buscan imponerse por encima de la verdad o del bien común.

En este mismo medio, con los recursos de su formación, Carlos Ramírez París, se convirtió en uno de los protagonistas de la comunicación social y asume la aventura de hacer radio, para lo cual monta una emisora con los elementos básicos de una empresa de tal naturaleza. Nace entonces Radio Guaimaral, que habría de responder al lema de “Una chica para grandes cosas”. Se convierte en una tribuna cívica, abierta a la comunidad local. Desde su cabina se promueve un periodismo activo que informa de hechos cotidianos de interés público, como es la naturaleza de la noticia. Encuentran en ese espacio cabida quienes quieren contar cosas de ocurrencia cotidiana u opinar sobre las mismas. Se suman voces de diferentes matices y encuentran allí cabida, el deporte, la política, las actividades económicas, la cultura,  el movimiento comunal  y todo cuanto acontecen en la Cúcuta que se desarruga, crece y se consolida como centro urbano de renovada dinámica.

Radio Guaimaral fue pionera de la Cúcuta que dio el salto al nuevo desarrollo urbano. Lideró protestas como el apagón de finales de los 50, para demandar una provisión de energía eléctrica a la ciudad a la medida de su crecimiento y de las necesidades de  su población. Carlos Ramírez París estuvo a la cabeza de esa manifestación. Como estuvo también en primera fila para exigir soluciones a los problemas más sentidos. Lo hacía en su doble condición de periodista y dirigente cívico, lo cual, además, hizo visible su capacidad en la comprensión de los problemas regionales.

Por eso no es extraño que  su nombre figurara entre quienes eran propuestos para la Asamblea del Departamento o el Concejo de Cúcuta. El Partido Liberal lo tuvo en cuenta en varias ocasiones, en la consideración de lo útil que sería su participación en esas corporaciones. Pero más que un político, como los de ahora, era un dirigente natural, con ideas que buscaban salir de los atrasos y articularse a las corrientes de cambio y de progreso que estaban en curso o impulsadas por los sectores que entendían la democracia como una causa de lucha contra la inequidad y la pobreza.

Conocido por sus posiciones en defensa de la región y su querencia a Cúcuta, Eduardo Cote Lamus, con la investidura de Gobernador de Norte de Santander, nombró a Carlos Ramírez París Alcalde de Cúcuta en 1963. El 24 de junio de ese año tomó posesión del cargo. Es decir, hoy se cumplen 50 años de ese acto.

¿Qué fue ese capítulo de la historia de Cúcuta? Un hecho fugaz, en términos cronológicos. Porque la permanencia del nuevo Alcalde no  fue sino de un mes. Las presiones moralistas de orden confesional se impusieron por encima de la conveniencia comunitaria. Fue una victoria pírrica de quienes se consideraban dueños del establecimiento. Fue el triunfo del oscurantismo contra la lógica del bien común.

Carlos Ramírez París, con su "chica para grandes cosas", Radio Guaymaral, transmitiendo una bendición del Padre Daniel Jordán.

Carlos Ramírez París, con su «chica para grandes cosas», Radio Guaymaral, transmitiendo una bendición del Padre Daniel Jordán.

En ese corto tiempo, sin recursos holgados, sin demagogia, pero con acendrado cucuteñismo, Carlos Ramírez París, puso sobre la mesa las cartas de lo que quería que fuera su administración. Buscaba un cambio. Se proponía generar un espíritu de progreso,  ordenar el desarrollo y meter a los habitantes de la ciudad en un ritmo de autoestima. Y un primer paso fue decretar el arreglo de los andenes de las habitaciones del área urbana, prioritariamente los de la zona central. Sus empeños, claro está, iban más allá. Apuntaban a  hacer de Cúcuta una urbe abierta a las corrientes del turismo internacional y al aprovechamiento adecuado de sus recursos para ganar progreso en término de necesidades satisfechas y de irrigación cultural.

Eran tiempos en que se pensaba en función de la comunidad y no del enriquecimiento de quienes se apropian del poder. Eran tiempos de decencia en el manejo de los recursos oficiales y de la interpretación de la ley. Eran tiempos  en que la función pública implicaba responsabilidades muy puntuales en cuanto al acierto y la protección del patrimonio colectivo.

Por todo cuanto fue y cuanto hizo, Carlos Ramírez París dejó un legado que debe preservarse en la memoria de la ciudad, no como referente inerte sino para tomarlo de patrón en la proyección de su destino.

El hombre de carne y hueso que fue Carlos Ramírez París no estuvo  ajeno a debilidades propias de la condición humana. Pero en lo fundamental fue una persona con valores estimables: tolerante, de talante democrático, apasionado por su región y en especial, amante de Cúcuta, con una fidelidad ética invariable; solidario con los desprotegidos; promotor de la educación, como lo hizo con el patrocinio de una escuela puesta en funcionamiento en Radio Guaimaral; desprovisto de prejuicios y de complejos y con integridad a toda prueba en sus relaciones de amistad.

Carlos Ramírez París, un alcalde de pocos días en Cúcuta, pero cuya huella es perdurable.

 

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