Al oído del Alcalde: auxiliooooooo… despechados, pechugonas y ruidosos nos invaden

Al oído de Donamaris.

Al oído de Donamaris. Foto somoslarevista.com

Por Mary Stapper. Las últimas noches se convirtieron en las peores pesadillas de mi vida y de mucha gente que habita por la Avenida  Los Libertadores, Quinta Vélez, El Rosal, Caobos y la cero en Barrio Blanco. Ya antes las había tenido, pensando en los batallones que Maduro pondría en la frontera porque Santos recibió al opositor Caprilles y porque en un “lapsus”, nuestro presidente dijo que había solicitado el ingreso de Colombia a la OTAN, crispando los pelos del vecino, amenazando con romper relaciones a falta de papel higiénico.

Si la noche de anoche volviera, como dice la canción, me armaría de piedras del río Pamplonita para sacar a los intrusos que se apoderan del espacio público con sus equipos con carro a todo volumen, despiertan a la comunidad, ensordeciéndola no sólo con sus corridos prohibidos, sino que también lo hacen con sus gritos destemplados y las palabrotas que por respeto a los lectores, no escribo. Ni siquiera se las digo al oído, mi estimado Donamaris, porque se asustaría de lo que está pasando en esta Cúcuta para grandes cosas. Y debe ser gente indeseable la que nos invade porque hasta la policía pasa llena de susto, pues, mira y se va sin decir ni fu, ni fa.

En la bella avenida 0 ya asaltan a la gente en sus negocios y echan bala como en cualquier barriada. ¿Vamos a permitir esta situación?

Como si la “zona rosa” fuera una “zona de tolerancia”, llegan las trabajadoras sexuales con sus curvas de silicona, se paran en las esquinas y frente a los expendios de licores donde esperan a los de los corridos y también a los despechados. Y lo peor, es que no se van. Unas y otros, pechugonas, despechados y los con equipos de sonido con carro se quedan en el sector, haciendo desorden, manoseándose unos a otros sin ningún pudor. Como si fuera poco, dejan todas sus miserias con sus malos olores. También la basura en andenes y antejardines de las casas y edificios. Como en Sodoma y Gomorra diría mi mamá.

Entonces mi estimado Alcalde, recordé el decreto número 0251 del 8 de abril de este año que usted dictó y que emocionó a todos porque pensamos que ahora sí, la policía le haría caso y se pondría de parte de los habitantes del sector quienes lo único que exigen es respeto a sus derechos de tener una vida y un sueño tranquilos, sin sobresaltos ni ruidos a altas horas de la madrugada.

Recordé la medida dictada por su despacho con la cual se prohíbe el consumo de licor en el sitio o áreas aledañas o espacio público adyacente de los establecimientos de comercio cuyo uso de suelo solo permite el expendio.  Sin embargo, los bebedores, quienes llegan medio sanos a comprar, salen ebrios del lugar porque adquieren los licores y los llevan puestos. Se los beben en el sector.

El decreto firmado por usted mi querido alcalde, señala que todo establecimiento de comercio, debe cumplir con las normas referentes al uso de suelo, intensidad auditiva y destinación expedida por la entidad respectiva del municipio.  El uso de suelo, es el establecido en el Plan de Ordenamiento Territorial. Igualmente con las condiciones sanitarias, las normas de seguridad y medio ambiente entre otras normas.

Yo sé mi querido Donamaris, que al igual que Batman, usted duerme poco por estar cuidando y protegiendo la ciudad, sin embargo, para eso se encuentra la policía para que nos proteja. Para eso tiene a David Castillo, Secretario del Interior y Gobierno, para que saque pecho si cumple con el deber. También a Javier Ardila para que ordene a sus agentes de tránsito que no permitan el estacionamiento de vehículos que obstruyen el paso con su desorden. Para eso están Corponor y la policía ambiental, para que sancionen a los ruidosos.

Así se estacionan los vehículos en una vía de tránsito rápido.

Así se estacionan los vehículos en una vía de tránsito rápido.

Alcalde, sé que usted, a pesar de sus enemigos que quieren tumbarlo, tiene la mejor voluntad de hacer las cosas bien, y de hecho lo está haciendo, porque se está preocupando y trabajando por recuperar la malla vial de la ciudad, mejorar la educación, aumentar las familias en acción, la vivienda para los desplazados y la limpieza del Canal Bogotá, el rejuvenecimiento de El Malecón, las vacunas para los griposos e Internet para niños y jóvenes entre otras acciones dignas de reconocimiento. Más, tiene que exigirle a la Policía, entiendo que creció el pie de fuerza,  que escuche y atienda a los ciudadanos cuando llaman al 123, pidiendo ayuda. Tiene que exigirles a sus secretarios de Gobierno y Tránsito que trabajen de la mano de la comunidad y no de los dueños de los bares y expendios de licores. Tiene que exigirle a Corponor que mida los niveles de ruido y sancione. Estas cosas se las digo al oído porque usted es un gran cucuteño, de esos a los que les duele la ciudad y escuchan el clamor de la comunidad.

Mi querido Donamaris, la gente está indignada y preocupada. Denos una mano en homenaje a doña Juana Rangel de Cuéllar, ahora que Cúcuta cumple 280 años.

 

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