Al oído del Acalde

Al oído de Donmamaris Ramírez-París.

Al oído de Donmamaris Ramírez-París.

Por Mary Stapper. Dicen que cuando el gato sale, los ratones hacen fiesta.  Pues, así es, mi estimado Donamaris. En sólo 10 días, cuando usted viajó al Brasil, la ciudad se volvió un desorden en tránsito, en exceso de ruidos, en indigentes que se multiplicaron como por arte de magia y se perdió el principio de autoridad.

Usted sabe, lo quiero más que a hijo bobo, por eso me tomo el derecho de plantearle algunas situaciones que están afectando la vida de los cucuteños.

Cúcuta es una ciudad de puertas abiertas que se abren de par en par para recibir a todo mudo, no importa si es rico, emprendedor y quiere montar empresa, o si es pobre pero con ideas geniales y crea negocios productivos, o si es desplazado por la violencia que se vive en  otras regiones del país y llega  aquí en busca de solución a sus problemas.

Claro, también llega gente comprometida que se enamora de la ciudad y quiere venderle a Colombia y al mundo la idea de una tierra y una gente maravillosa como sucede con una guatemalteca que conozco, o como el gringo de la televisión quien desde USA, quiere convertirse en el embajador de Cúcuta para el mundo.

Pero hay otros, santo Dios bendito, son una verdadera plaga que contamina todo lo que toca. Dañan sectores residenciales de la ciudad como lo hicieron hace tiempo con el otrora elegante Barrio Latino y ahora lo quieren hacer con la avenida 0, Caobos y Avenida Libertadores con el cuento, que esta es la zona rosa de la ciudad, mientras amenazan, hacen ruido y enloquecen con sus malas acciones. Ya no se puede caminar tranquilamente en estos sectores sin sentir temor a que un drogadicto lo ataque porque convirtieron en cama los andenes y antejardines de las casas, dando un aspecto de miseria, tugurizando los sectores que supuestamente son para mostrar a los turistas. Y dormir en las casas se ha vuelto un martirio porque los dueños de los equipos con carro, levantan a la gente de bien con el estruendo que resuena en ventanales y muros como si se tratara de un terremoto, además del lenguaje soez que utilizan.

Los residentes de la «zona rosa» se quejan porque el impuesto predial es alto y obligatoriamente se debe pagar como estrato 5, aunque la categoría ha bajado por el trato que se les está dado a sus habitantes, mientras se favorece a los ruidosos.  Esto, mi querido Alcalde, está obligando a la gente de bien a vender las viviendas adquiridas con el fruto del trabajo de muchos años, para encontrar paz en otros sectores.

Hay un hecho aberrante que sucedió en la ciudad en estos días cuando fue secuestrada, violada y asesinada una niña de apenas 5 años. Este hecho fue cometido no por un cucuteño, ni nortesantandereano sino por uno de esos que llegan a la ciudad a quienes les abren las puertas de par en par para que hagan lo que les da la gana y que usan términos que jamás se utilizarían en la jerga cucuteña. Gente  que en vez de agradecer la cordialidad de nuestra bella tierra y de sus habitantes, llega a acabar con la inocencia de niños y jóvenes que caen en sus garras.

Alcalde, se que usted tiene la mejor voluntad de hacer las cosas bien, y de hecho lo está haciendo, porque se está preocupando y trabajando por recuperar la malla vial de la ciudad aunque todavía hay mucho hueco por tapar, mejorar la educación, aumentar las familias en acción, la vivienda para los más pobres y la limpieza del Canal Bogotá, pero tiene que exigirle a la Policía que escuche a los ciudadanos cuando solicitan su ayuda. También a sus Secretarios de Gobierno, Planeación y Tránsito, que trabajen de la mano de la comunidad y no de los dueños de los bares. Estas cosas se las digo al oído porque sé que usted escucha el clamor de la comunidad, que en estos casos planteados, tiene la razón de estar muy preocupada, asustada y hasta indignada.

 

9 comentarios para "Al oído del Acalde"

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