Cruzando el puente: caminos de la Navidad

Por: Jesús María Stapper. Periodista y escritor. Mi arco iris, durante mucho tiempo, se ha aprovechado de la embriaguez e inocencia de mi niñez y de mi juventud. Cuando me siento lozano, retozante, ágil, audaz y loco;  lo giro, lo convierto en cuna, lo cubro con mi larga y multicolor melena, y me balanceo al albur de los universales vientos de agosto. También, “sufro con extraña alegría celestial”, los movimientos generados por los vientos descargados por el alba, en diciembre. ¡A veces soy juvenil cometa en vuelo pleno! En ocasiones, llegan mujeres hechas de primavera, a mecerse en sutil melodía, a flirtear, y a jugar conmigo a los idilios –pasajeros-. La reciente vez que jugué al romance en la cuna de mi arco iris, lo hice con una hermosa y amorosa ancianita centenaria, quien me dijo que dentro de su corazón, de su espíritu y de su vientre, tenía veinte años de edad: fue un romance espectacular… inolvidable, único e irrepetible. Nunca viví nada tan repleto de juventud. ¡Ella me amó… cuánto sabía amar! Ella y yo, utilizamos nuestros puentes existenciales, para cruzar con febril pasión, de un corazón a otro, por entre nuestras pieles. ¡Fuimos una sola y eterna navidad!  En la cuna de mi arco iris también se balancean millones de sueños. Mis sueños y los sueños de quienes allí, conmigo, comparten.

El arco iris es un puente móvil. Casi siempre lo llevo guardado en mi viejo morral campesino hecho a mano (hablo de mi arco iris particular). Cuando la tarde de mi existencia es densa, cuando posee pesados nubarrones que anuncian ciclópeas tormentas y torrenciales lluvias –temporada de invierno puro, temporada de polar frío-, lo saco de mi mochila rota (mochilita sudorosa), y lo extiendo. En mi morralito también guardo los escasos avíos que sirven para la manutención ocasional en mi  extraño camino terrenal. Así paso hacia la otra orilla…, “paso de un año a otro”, paso ileso, aunque a veces, adolorido y nostálgico. Mi arco iris es puente… es salvación… es tránsito… es fe… es una verdadera realidad (no es el embrollo sofisticado de un bello Cuento de Navidad como el de mi antiguo contertulio de Portsmouth, el tal Charles Dickens).

Cuando se acerca la navidad, a mí arco iris pre-decembrino, volador persistente e intergaláctico obstinado, en su “macondiano” viaje, le cuelgo un árbol gigante (el más grande y fulgurante entre todos los árboles navideños dibujados por la naturaleza y por el tiempo). Millones y millones de luces intermitentes –frutos de mi árbol- resplandecen en el firmamento repartiendo mágicas y venturosas estelas. En su raíz gigante, el árbol, transportado por mi arco iris, dependiendo por donde fuere, lleva un batik-letrero -tan legible como la ancha  Alma del Cielo- que dice, con cierto orgullo, por ejemplo, Nativitas –nacimiento- cuando atraviesa a la antigua Grecia de Sócrates, de Platón,  de Aristóteles y de los “otros ‘filósofos vagabundos’ que nos inundaron con las inconmensurables fuentes de sus pensamientos tan errantes” (errantes como los míos: claro que los pobres pensamientos míos navegan inútiles y perdidos en la vastedad de lo insulso e intrascendente; además, son pensamientos que nunca salen de mi boca)-. Dice también: Weihnachten -noche de bendición- cuando cruza por encima de la Selva Negra o por encima del Zugspitze alpino de Alemania. Desde Inglaterra y por donde hayan anglo-parlantes dirán: Christmas: misa (mass) de Cristo. Dice igualmente: Yule, cuando en la Escandinavia hacen su antigua celebración germánica. Celebramos nosotros la navidad, como los romanos de antaño celebraban el 25 de diciembre de cada año, la  ferviente fiesta del “Natalis Solis Invict” –Nacimiento del Sol Invicto- que asociaban con el nacimiento de Apolo. Aunque también en plena antigüedad, los romanos, celebraban las Saturnalias en honor a Saturno (versión romana de Cronos) que terminaban el 24 de diciembre a la media noche –si no me equivoco-. Años después, Paul Verlaine, un poeta maldito, se acordó de Saturno,  y quizá para celebrarlo a su manera, nos dejó la elevada voz de sus Poémes Saturniens.

Cuando es navidad, y tengo tiempo, en la cima de mi arco iris, tejo  delicadas filigranas de oro en las banderas de mi legado (legado que nadie entiende… legado que nadie conoce, afortunadamente). No obstante, las telas tejidas de mis banderas, algún día, en alguna una noche cualquiera, o en una noche navideña, o en algún inicio de enero, serán tenidas en cuenta por los vagabundos, cuando en las madrugadas inciertas y callejeras, les servirán de lechos y de cobijas. Servirán también para ser convertidas en carpas de circo, cada vez que los hombres-niños de la navidad, expectantes y alegres, vayan al espectáculo circense a encontrarse con sus favoritos personajes como los fantasmagóricos Duendes navideños, Esteru, Olentzero, El Cascanueces –que en San Petersburgo baila celestialmente al virtuoso ritmo del ballet de Tchaikovsky, con la venia desde luego, de Ernst Amadeus Hoffmann-; y por qué no, van a ver a Carbonilla, el que da carbón, a cambio de juguetes, a quienes siendo hombres-niños durante el año se han portado mal, según el sabio juicio de los Reyes Magos. He ahí el valor implícito de la “utilidad” de mis ethos, que es igual, al “valor de los solsticios” que no han llegado, ni llegarán (solsticios que no pasarán por Belén para acudir a su encuentro con el párvulo Jesús). Sin embargo, mis banderas de sueños, flamean, luego sus astas se erigen orgullosas y campean. Yo también siento orgullo por la epopeya de mi palabra soñadora y errante y navideña (palabra que en esta temporada, me pone la piel de gallina, de recuerdos y de nostalgia, solamente porque, a veces, yo también soy un niño con expectativas de fiesta, con expectativas de celebración).

Cuando estoy feliz, tan feliz que no quepo dentro de mí por la dicha padecida, en mi barata patineta, bajo raudo, por la columna vertebral de mi arco iris, y así, impulsado, recorro las cordilleras, los páramos, las pampas, las estepas y las llanuras de mi campiña (la tierra-campiña de todos, a propósito). Por doquiera suplanto a Papá Noel, a Santa Claus (como para variar, con lo mismo, del mismo cuento), y doy regalos particulares a quienes tienen alma-espíritu de niño… de niño en navidad. Ellos que son   los únicos “entrega-regalos” preferidos, tienen sus veloces y famosos  trineos (vehículos de alta gama), mientras yo voy raudo, y desconocido, en mi patineta propia. Se acerca una nueva navidad, supongo pues, que luego de cumplir con “mi filantrópico trajín”, para disipar cansancios, sobre mi arco iris, me dispondré a plasmar Reyes Magos, pastores, ovejas, renos, carretas-trineos y nacimientos del Niño Dios… de Jesucristo. Lo haré junto a los “locos de mi gallada”, entre algunos de ellos estarán Fra Filippo Lippi, Sandro Botticelli, El Greco. Los demás “plasmadores”, como siempre, se dedicarán a la bohemia, a la juerga, y se dispondrán a abrir sus manos y sus corazones para recibir regalos, y encausados y emotivos abrazos.

A lo largo y ancho de la existencia, mi arco iris-puente, bien me ha servido para cruzar ileso sobre miles de precipicios, de pendientes y de terrenos escabrosos. ¡Cuántas veces me ha salvado de tropiezos, laberintos, y túneles! Creo que durante mucho tiempo habitaré cruzando  puentes sin importar lo cruento o placentero del camino.  Previamente a esta navidad, porque cada veinticuatro de diciembre, hacia la media noche, mi pecho se hincha y se estremece, y mi corazón se inunda con una lágrima interna, al recordarte madre, te saludo. Te cuento que en estos momentos voy cruzando universos sobre mi arco iris. En esta navidad, recibe madre, mi beso y mi abrazo. Tengo un inmenso caudal de abrazos para ti: son los abrazos que quizás dejé de darte, y los nuevos, que están depositados en mi alma. Madre mía no existe nada tan inmortal como tu presencia y tu recuerdo. En el cielo  que te encuentres, te deseo una ¡Feliz navidad: Madre! Cuando  tiempo después, el arco iris final sea mi último puente, en mi patineta, pasaré a buscarte, y nos iremos juntos a surcar caminos venturosos por entre los cielos de los cielos.

Aterrizando esta historia, y arropándola de realidad, me permito decir que el hombre tiene libertad para pedir, y libertad para soñar. Por ello, recientemente, le pregunté a una bella, despampanante, sugestiva, inteligente y prestigiosa abogada, lo siguiente: -¿Qué deseas pedirle a los Reyes Magos en la navidad que se acerca? Me respondió así: -Le pediré a cada uno de los Reyes Magos, lo mismo, que le pido a todos los hombres. Cincuenta mil pesos de tarifa y veinte mil pesos más para el pago del transporte en Transmilenio.

Se acerca la navidad, y yo –como un niño emocionado-, también entro en la acción de pedir. Le pido a mi arco iris que continúe en su brega de servirme de puente. Que me ayude a salvar tempestades, laberintos, túneles, y precipicios. Que sea mi cómplice de caminos y vertientes. Sé que contando contigo, viviré, cruzando el puente, hacia los caminos de la navidad, por muchos años más. También sé que cruzaré ileso, aunque nostálgico e invadido de recuerdos y sueños, por mi puente, de un año a otro. Vivo ahora en un periplo de desbordante generosidad navideña, así les confieso que mi arco iris no se vende, lo multiplico y lo regalo, ustedes sabrán si lo requieren o no. Él, los ayudará a transitar por las rutas que los llevarán a salvo hacia el año entrante y también hacia los años nuevos.

Jesús María Stapper Escritor – Periodista, Artista Plástico: Durante veinticinco años ejerció el periodismo en radio y prensa. Columnista en Medios de Comunicación nacionales e internacionales. Comentarista de arte y literatura para prensa sobre artistas y escritores colombianos y  del mundo. Escritor con varias obras publicadas. Artista plástico con exposiciones individuales y colectivas, nacionales e internacionales. Ganador de Bienal de Arte, Salvador de Bahía, Brasil, Julio de 2010. Representante artístico. Gestor y promotor cultural en plástica, literatura, teatro y música. Representante del sector cultural colombiano dentro y fuera del país. Conferencista en universidades, colegios y entidades públicas y privadas. Asistente a encuentros, congresos, foros y seminarios sobre periodismo, literatura y políticas culturales. Miembro de instituciones y organizaciones juveniles, sociales y culturales.  Ha recibido galardones. Su obra aparece referenciada en libros pedagógicos de educación superior, media, y básica primaria. Su obra literaria y pictórica ha sido reseñada y divulgada en América y Europa. Apartes de su obra han sido traducidos a varios idiomas, entre ellos, holandés, portugués, inglés, italiano y sueco.

 

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