Urimaco y la lucha de la Asociación de Parceleros La Prosperidad

Urimaco. Fotos de Juan Cachastan.

Por Iván Gallo – Fotos de Juan Cachastan. Durante muchos años Urimaco fue un basurero gigante. Los cerdos salvajes y la delincuencia común se disputaban el territorio. Hace poco el panorama del corregimiento empezó a cambiar. En la trocha de cinco kilómetros que los conecta con la carretera a Cúcuta se asentaron más de 300 familias a lado y lado de la vía. Venían de todas partes del país, huyendo de la pobreza, de la violencia, con nada entre las manos, con ningún techo que los protegiera del sol inclemente.

Dejaron a un lado el dolor y decidieron organizarse. En ningún momento invadieron los predios por la fuerza, previamente hablaron con el dueño de la tierra, un italiano de apellido Caruzo. Con él llegaron a un acuerdo de que le vendieran a un precio razonable los terrenos. El hombre aceptó, en las negociaciones se mostró atento “Feliz de poder ayudar a todo aquel que lo necesita”.

Bajo la tutela de Rodolfo Sánchez las familias se unieron y crearon la Unión de parceleros La prosperidad. Empezaron a reunir el dinero, lo consiguieron y cuando iban a comprar las tierras apareció un tercer comprador, uno de esos millonarios de ingresos dudosos que buscaban desesperadamente limpiar su dinero a como diera lugar. Los parceleros no podían competir con lo que ofrecía el tercer comprador.

Ahora las buenas intenciones del terrateniente italiano han cambiado y los parceleros pasaron de ser clientes a invasores. Ha usado la fuerza en más de una ocasión. No le tiembla la mano a la hora de recurrir al atropello para sacarlos de sus tierras. Caruzo es un hombre al que le encanta el dinero. Con tal de sentir un sudoroso fajo de billetes en su mano es capaz de vender su alma al diablo. Los camiones están allí todo el día sacando la tierra del subsuelo para alimentar sus prósperos chircales. El agricultor empieza a ser acorralado por la erosión, viendo con impotencia como sus sueños de poder sembrar maíz, limones se esfuman por la ambición de unos pocos.

Pero tal y como ellos dicen la situación no solo les va a afectar a esos pequeños agricultores sino a Cúcuta “Este es el pulmón de la ciudad y las máquinas la están destruyendo” Nos dice Rodolfo, un hombre que viene desde el Magdalena con todas las ganas y la firmeza  que tienen los que están decididos a enfrentarse a un enemigo mucho más poderoso.

Como un paisaje lunar los cráteres se abren a lado y lado de la vía. La temporada de lluvias ha atemperado al calor y de la tierra rojiza se abre paso ante todo pronóstico un bosque espeso. Ese verdor poco a poco va cediendo terreno a la muerte roja de la erosión.

Ellos tratan de atenuar los efectos de las poderosas máquinas sembrando árboles frutales, reemplazando los chamizos chamuscados con cujíes jóvenes. Una labor absolutamente desmesurada para sus recursos pero que igual tratan de llevar a cabo a como dé lugar. “Acá no solo protegemos a los árboles sino a los animalitos” Señala un lago que pareciera un oasis en medio del desierto. Allí todavía hay babillas “Nadie las toca. Antes de que llegáramos nosotros venía por acá un coronel retirado del ejército. Venía con seis guardaespaldas y con unos perros grandísimos y feroces. Mataban los venaditos, los armadillos… todo aquello que tuviera cuatro patas y se moviera” ellos se enfrentaron al hombre e impidieron que la masacre continuara. Sumaron un enemigo más a su larga lista de enemigos poderosos.

Paralelo a esto el señor Caruzo les ha arrendado partes de su terreno a familias que viven de la basura. Constaté como alrededor del exuberante verdor se establecen dos basureros de proporciones descomunales. Sobre la podredumbre se asientan unos marranos inmensos que viven comiendo como máquinas la basura que se vierte en el lugar. Estos basureros se han convertido en grandes focos de infección para la comunidad.

Contrario a lo que pensaron en algún momento los habitantes de Urimaco ven con buenos ojos la invasión “Antes esto era un deshuesadero de carros- Dice una mujer habitante del corregimiento- Uno no podía caminar por los cinco kilómetros porque corría el riesgo de que lo violaran y lo enterraran por ahí… como un animal, todo eso cambió desde que los señores de La Prosperidad están acá”.

Sin ayudas de ningún tipo y sostenidos en su inquebrantable decisión la Asociación de parceleros La Prosperidad continúa su lucha esperando no solo que los predios donde viven y por los cuales trabajan les pertenezcan sino para que el deterioro ambientan a las que las ladrilleras y basureros privados han acorralado al lugar cesen de una buena vez por todas.

Urimaco, estatua original de Mercedes Ábrego de Reyes, heroína de a Independencia. Foto de Juan Cachastan

Urimaco, erosión Foto de Juan Cachastan.

 

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