Voto colombiano es un factor clave en presidenciales de Venezuela este domingo

Al igual que el voto hispano cada vez gana mayor peso en los Estados Unidos de América y es disputado con tesón e intensidad por los candidatos a la Presidencia, el sufragio colombiano igualmente gana terreno en Venezuela en cuanto a ser elemento decisorio en cualquier contienda electoral, incluida la elección del primer mandatario nacional

El voto colombiano, estimado en el 10% de la totalidad de los votantes (1 millón 903 mil),  equivaldría más o menos al “tercer estado” de Venezuela, en cuanto a proporción numérica, porque superaría a 22 regiones venezolanas, incluyendo a la cifra de electores de Caracas. 

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En las campañas electorales de los candidatos del estado Zulia, Venezuela, nunca falta una melodía colombiana para animar a los electores de Colombia, nacionalizados o venezolanos hijos de inmigrantes.

Junto a la tradicional gaita, destaca un vallenato, una cumbia y, hasta un porro, que acompañan las caminatas de los aspirantes a gobernar, llámese alcalde o gobernador.

Es claro que, en tiempos de elecciones, la música sabrosa y bullanguera pretende despertar ese espíritu colombiano que subyace en la gente de la tierra de Santander, Gaitán, Patarroyo y de Gabriel García Márquez.

Captar el voto colombiano es parte de la estrategia de los candidatos venezolanos y constituye uno de los elementos clave para ganar el cargo al cual se aspira. Porque sin ese elector, el probable triunfo se tambalea, siendo, en ocasiones, el elemento que inclina la balanza entre la victoria o la derrota.

De allí que en las disputas electorales regionales de los estados Zulia, Táchira, Barinas y Amazonas, e incluso de Barinas y Mérida, el sufragio colombiano constituye uno de los factores decisivos, aunque ubicarlo con rigor resulta difícil porque en muchas ocasiones se constituye en una especie de voto oculto.

Colombianos en Venezuela

En la República Bolivariana de Venezuela no existe con precisión una cifra aproximada del número de colombianos residentes en su territorio, pero es incuestionable que Colombia constituye la población foránea más importante de Venezuela.

Dos grandes hechos evidencian esta estrecha relación entre dos estados vecinos donde predominan los vaivenes normales entre la armonía y la desavenencia: una línea de frontera común, viva, de 2.219 kilómetros, equivalentes a la distancia de Madrid (España) a Berlín (Alemania), y una historia compartida, vinculada a la Corona de España, al proceso de emancipación de la Madre Patria y al nacimiento de ambos países.

En esa inmensa línea viva fronteriza de Venezuela, los estados Zulia, Táchira, Apure y Amazonas son directamente vecinos de Colombia. El Zulia comparte frontera con los Departamentos de La Guajira y el Cesar; el Táchira con Norte de Santander, Apure con el Arauca y Amazonas con el  Vichada y Guainía.

De estos cuatro estados venezolanos, el Zulia, Táchira y Apure cohabitan en una extensión de frontera del orden de 915 kilómetros mientras que Amazonas, por su extensión, es el estado con mayor línea colindante, al sumar 1.304 kilómetros.

Sin embargo, en cuanto a población fronteriza, los estados venezolanos con mayor porcentaje de residentes son Zulia, Táchira y Apure, y de último Amazonas, muy a pesar de que tiene mayor kilometraje de frontera.

Por ende, los sitios de encuentro más intensos, más dinámicos, se ubican en el Zulia en los ejes de los municipios Guajira (antes Páez) y Machiques, cuyos vecinos son principalmente las poblaciones de Maicao y Valledupar.

E, igualmente, en el Táchira donde San Antonio y Ureña se fusionan con Cúcuta para transformarse en tres ciudades binacionales con una intensa actividad económica, principalmente comercial.

Apure, por su parte, es vecino del Departamento del Arauca, área netamente campestre, de ahí que son tan llaneros los barineses como los araucanos, debido a que comparten la misma cultura del campo, cuya base es la siembra, el caballo, el pastoreo de las vacas y las famosas coplas.

Otros dos estados venezolanos son prácticamente zonas de fronteras: Barinas y Mérida porque ambas regiones están muy próximas a los Departamentos de Norte de Santander y del Cesar, dado que sólo tienen que atravesar el Táchira o Apure para llegar fácilmente a territorio colombiano.

Podría decirse que indirectamente son fronteras, como lo son, del lado colombiano, Santa Marta y Pamplona, donde ni siquiera se pide pasaporte a los venezolanos.

Los pueblos y ciudades de la geografía de Colombia y Venezuela se entrecruzan por diversos puntos comunes. Como la frontera es dinámica, las gentes de ambas naciones van y vienen, aceptando como su segunda patria al país vecino muy a pesar de los casos de desencuentros, producto de la incomprensión de las autoridades, especialmente de aquellas directamente encargadas de la custodia de los límites, de las denominadas alcabalas.

De este modo la mayor parte de los colombianos que residen permanentemente en Venezuela provienen de bisabuelos, abuelos y padres colombianos, producto del proceso de inmigración natural de Colombia hacia Venezuela y, el cual, ahora se está dando con mayor intensidad en sentido inverso, de Venezuela hacia territorio colombiano.

Son generaciones tras generaciones que, aún cuando son venezolanos de nacimiento, su origen es colombiano por cualquiera de sus ramas, padre o madre, y dado que la cultura venezolana tiene muchos rasgos comunes, conservan la cultura de su país oriundo, Colombia, sin que exista conflicto alguno con los valores y costumbres venezolanas.

En Venezuela se combinan, entonces, el ciudadano colombiano, nacido en tierras de Santander, con aquel de nacionalidad venezolana cuyo tronco generacional principal es Colombia.

Y ocurre que hay miles de venezolanos concejales, diputados, gobernadores, generales, soldados hasta Presidentes de la nación cuya raíz genealógica es colombiana.

Hijos de colombianos son, entre otros, los ex presidentes Carlos Andrés Pérez y Ramón José Velásquez, ambos oriundos del Táchira. También los actuales diputados de la Asamblea Nacional Hiram Gaviria, Nora Bracho, Helí Ramón Atencio y Francisco Arias Cárdenas, los dos primeros con linaje de la costa colombiana, el tercero del Cesar y el último con familia del Norte de Santander.

Dos destacados futbolistas venezolanos, glorias del país de Bolívar y quienes triunfan en el fútbol internacional, provienen de familias colombianas: Juan Arango y Yohandry Orozco.

De ahí que muy probablemente en cualquier casa venezolana haya alguien con vínculos familiares de la tierra de Santander porque la amalgama de ciudadanos colombianos en Venezuela es indescifrable.

Es la lógica de los estrechos vínculos de ambas naciones que comienzan con el idioma y van más allá de las costumbres porque en Cúcuta, por ejemplo, sus residentes conocen perfectamente la letra de Gloria al Bravo Pueblo, himno de Venezuela y, en Maracaibo, el sabroso patacón costeño forma parte de la gastronomía maracucha.

La relación de los pueblos prevalece por encima de las diferencias políticas y, aunque en muchos casos se resaltan los conflictos limítrofes y los injustos tratos de los funcionarios, los hechos demuestran que en realidad no existen diferencias entre los colombianos y venezolanos. Los límites que demarcan los dos territorios verdaderamente existen en abstracto, en los mapas.

La sólida relación de las gentes y, sobre todo, la fusión de la cultura, está por encima de cualquier acontecimiento entre los Estados.

Por ejemplo, cuando fue asesinado en junio de 1992 Rafael Orozco, el intérprete del Binomio de Oro, la comunidad zuliana le rindió uno de los más cálidos y grandes homenajes que se recuerde a un ciudadano extranjero.

La Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la patrona de los zulianos (y también del pueblo colombiano), congregó a miles de sus seguidores quienes acompañaron desde lo lejos el sepelio físico del cantante en tierra colombiana. Lo sintieron y lloraron como uno de los suyos, en el mismo tenor del cariño que los zulianos le profesan a Felipe Pirela, El Bolerista de América.

Y cuando el célebre músico Billo Frómeta pisaba Barranquilla para amenizar los carnavales los costeños lo percibían a la par de su muy querido Pacho Galán. De igual modo, en Colombia – y también en Venezuela – mucha gente jura y perjura que el cantante Pastor López es netamente colombiano y costeño, cuando en verdad nació en el estado Lara, en Carora, suelo venezolano.

De ahí que en el fondo, las diferencias se difuminan cuando se trata de evaluar la armonía de las comunidades colombianas y venezolanas, al punto que dos grandes escritores, Gabriel García Márquez (Colombia) y Miguel Otero Silva (Venezuela), se comprometieron que si en algún momento de la historia ocurría un conflicto bélico, cada uno de ellos gritaría en la respectiva plaza de su país “Viva Venezuela” y “Viva Colombia”, respectivamente, rechazando cualquier pretensión de escaramuza militar.

Proporciones insospechadas

Sobre las estimaciones de colombianos en suelo venezolano, un funcionario de la Embajada de la República de Colombia considera que “si metemos a los descendientes, quienes también tienen derecho a ser colombianos, la población de origen colombiana llegaría a proporciones insospechadas”.

Es totalmente cierto porque ni las autoridades venezolanas ni las autoridades colombianas tienen una cifra exacta, científica, de ciudadanos colombianos en Venezuela.

Todos los datos son aproximaciones, como la cifra de más de 1 millón de colombianos en Maracaibo, ciudad capital del Zulia y donde la población general supera los 3 millones de personas.

O el número de 150 mil colombianos en el Táchira, donde el número de habitantes del estado es de 1 millón 300 mil habitantes.

Los esfuerzos orientados a intentar estimar la cifra de colombianos en suelo venezolano se complica aún más a partir de la puesta en vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en el ano 1999.

La Constitución vigente corrige una situación de injusticia para el ciudadano venezolano de padres extranjeros, quien anteriormente sólo tenía derecho a una sola nacionalidad y a la edad de los 18 años debía escoger si quería ser o no venezolano.

Muchos hijos de colombianos nacidos y residentes en Venezuela entonces optaban por la nacionalidad venezolana por razones de vida.

Debían renunciar a la posibilidad de obtener la nacionalidad colombiana u otra porque legalmente en Venezuela había ese gran impedimento constitucional.

Pero a partir de la Constitución de 1999 se aprobó en Venezuela la doble nacionalidad (artículo 34), corrigiendo así  una situación de injusticia para los hijos nacidos en Venezuela de padres extranjeros.

Este hecho cambió, igualmente, las políticas de los gobiernos de Colombia los cuales abrieron la oportunidad de recuperar la nacionalidad colombiana a sus nacionales en Venezuela, quienes se habían visto obligados a renunciar a la ciudadanía colombiana por motivos legales.

El rescate de la nacionalidad perdida y la naturalización de los hijos de colombianos es una de las políticas que desarrolla el gobierno de la República de Colombia.

De acuerdo al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, (http://www.cancilleria.gov.co/), “todo ciudadano colombiano por nacimiento y por adopción, que haya renunciado o perdido la nacionalidad colombiana bajo la vigencia de la Constitución de 1886, puede recuperarla siguiendo el procedimiento establecido para tal fin ante el Ministerio de Relaciones Exteriores o en las Oficinas Consulares de Colombia en el exterior.

Colombia permite la Doble o Múltiple Nacionalidad porque legalmente, según la Cancillería, “la calidad de nacional colombiano no se pierde por el hecho de adquirir otra nacionalidad. (Artículo 96 Constitución Política y Artículo 22 de la Ley 43 de 1993).Los nacionales por nacimiento que adquieren otra nacionalidad no perderán los derechos civiles y políticos que les reconocen la Constitución y la legislación colombiana”.

Recuperar la nacionalidad originaria en aquellos ciudadanos que, en Venezuela, antes de 1999, se vieron obligados a renunciar a la misma para nacionalizarse venezolanos, es un proceso sencillo basado en la fehaciente demostración de haber sido ciudadano colombiano.

El ciudadano interesado debe acudir a la misión diplomática de Colombia en Venezuela, a su embajada o alguno de sus 11 consulados. Sencillamente debe informarse a través de las páginas webs de la Cancillería, Embajadas y sus consulados.

Basta la demostración fehaciente de haber sido ciudadano colombiano mediante la presentación de la cédula de identidad o la partida de nacimiento de Colombia para que la Embajada, a través de sus respectivos consulados, inicie el proceso de re nacionalización.

En ese mismo acto, es factible que la persona interesada en re nacionalizarse tenga también interés en tramitar la nacionalidad a sus hijos, quienes en ese mismo acto pueden solicitarla. Ambos procesos peticionarios marcharían en paralelo, cumpliéndose los pasos ante el Departamento Administrativo de Seguridad.

Después de 1999, la demanda de nacionalización de hijos de colombianos ante los consulados y la embajada de Colombia en Venezuela creció exponencialmente, debido a que pueden perfectamente tener dos ciudadanías, de acuerdo a la Carta Magna venezolana.

Con ello creció el número de colombianos en territorio venezolano, aspecto que no se midió en el último Censo de Población de Venezuela, efectuado en el año 2011.

El corresponsal del diario El Tiempo en el Departamento Norte de Santander, Arturo Peñaloza Pinzón, en un reportaje publicado el 25 de mayo del 2010 se refiere al boom de la doble cedulación.

Observa, para la época, que “los registros de venezolanos hijos de padres colombianos, que buscan la doble nacionalidad, se han incrementado desde hace dos años en casi el 80 por ciento, en los consulados de Colombia en San Cristóbal y San Antonio, que atienden a los 29 municipios del estado Táchira, fronterizo con Norte de Santander.

Las cifras obtenidas por Peñaloza Pinzón revelan que el auge comenzó en el 2010 porque con anterioridad, “hace un par de años”, se efectuaban en promedio 160 trámites mensuales y en el 2010 “la cifra se elevó ahora a 800 al mes.”

Los consulados de Colombia en el Táchira comenzaron a recibir cientos de solicitudes de nacionalización. El consulado de Colombia en San Cristóbal se veía rebasado de trabajo porque, de acuerdo al periodista, si antes esa labor la hacía un solo funcionario, en la actualidad tenían que habilitar más personal para atender el gran volumen de solicitudes, las cuales alcanzaban en esa sede un promedio entre 250 a 300 registros mensuales.

Igualmente la misma situación ocurría en el consulado de San Antonio donde se vieron obligados a adoptar medidas para controlar el volumen de peticiones.

Cita el corresponsal a la funcionaria Teresa Gómez Torrado, cónsul (e.) de Colombia en San Antonio, quien explicó que “cada día se incrementa más, de ahí que nos tocó dar citas por teléfono para poder atender en el día un determinado número de personas, pero es demasiado”.

El consulado de Colombia en San Antonio no sólo atendió las peticiones de los residentes del Táchira sino que, admitió la cónsul (e.), que desde Caracas hacen las citas para tramitar el registro San Antonio, el cual se les envía por correo para que lo reclamen en su sitio de origen.

A los mayores de edad, con el registro se les puede expedir la cédula pero si son menores se les expide la Tarjeta de Identidad. Pero son colombianos a partir de que se registren, de acuerdo a las leyes colombianas.

La mayor parte de las razones para solicitar la nacionalidad son la inseguridad en Venezuela, la pérdida de poder del Bolívar Fuerte frente al peso colombiano, pero detrás de los argumentos subyacen infinidad de posibilidades, como conseguir empleo estable en la República de Colombia.

Mayor número de consulados en Venezuela

La existencia de un consulado obedece entre, otras razones, a la existencia de una población grande de connacionales que requiere atención por parte del Estado, en este caso los colombianos de parte de su Estado.

Constituyen entes dependientes de ministerio de Relaciones Exteriores o Cancillería, correspondiente al gobierno de un país,  y se encargan de asesorar y asistir a sus connacionales que se encuentran en el extranjero.

Sólo se justifican en función del número de connacionales en el país extranjero porque los mismos demandan diversidad de servicios consulares consistentes en emisión y renovación de pasaportes, transcripción de nacimientos, defunciones, casamientos, divorcios, adopciones etc., ocurridos en el extranjero. Asistencia y ayuda financiera a los compatriotas indigentes o en otra situación de emergencia. Cuidado de los compatriotas detenidos o encarcelados y vigilancia sobre la legitimidad de los procedimientos judiciales, entre otros.(www.wikipedia).

Debido al alto número de colombianos radicados en Venezuela, el gobierno de la República de Colombia tiene 11 consulados en suelo venezolano, adscritos a su Embajada: Barinas, Barquisimeto, El Amparo, Machiques, Maracaibo, Mérida, Puerto Ayacucho, San Cristóbal e, inclusive, en Valencia, Puerto La Cruz y Puerto Ordaz, últimas tres ciudades cuyos estados no son propiamente de frontera con Colombia (Carabobo, Anzoátegui y Bolívar).

Si se compara esta cifra con el número de misiones diplomáticas que tiene Colombia en otro de sus países vecinos, como Ecuador, se observa un elemento significativo en cuanto al alto número de la población colombiana en Venezuela.

En la nación vecina de Ecuador, la República de Colombia tiene consulados 5: Esmereldas, Guayaquil, Nueva Loja, Santo Domingo y Tulcán.

Es decir, se infiere que, tomando como referencia el hecho de que los consulados funcionan primordialmente para atender a los connacionales, desde el punto de vista numérico de los consulados, Venezuela duplica en términos de población colombiana al Ecuador, a pesar que ambos son países fronterizos con Colombia.

La existencia de 11 misiones en Venezuela versus 5 en Ecuador es el indicador de esta realidad tangible de que, en América Latina, Venezuela es la nación con mayor número de ciudadanos colombianos.

Por otra parte, si tomamos como referencia el parámetro del número de consulados, es mucho menor la población colombiana en Brasil porque allí solo existen 2 consulados, uno en Manaus y otro São Paulo.

El número de consulados es un indicador directamente proporcional a la poca o mucha presencia de connacionales en un país extranjero, en este caso una alta cifra de población.

Además, el ente diplomático puede convertirse en un instrumento para cuantificar el número de connacionales en suelo extranjero, aunque existe el problema de que en muchos casos los consulados son observados por la gente más con recelo que como instituciones de apoyo.

Sobre todo esta óptica la tienen aquellos connacionales que viven ilegalmente en otra nación, de ahí que los consulados tienen funciones limitadas.

Lo cierto es que en el caso de colombianos radicados en Venezuela la cifra de misiones diplomáticas constituye un elemento resaltador para comprender el alto número de personas costeñas, cachacas, paisas, etc. que viven en Venezuela, legal o ilegalmente.

Especialmente porque el colombiano se asienta perfectamente en suelo venezolano y se da el caso de que asume plenamente a Venezuela como su segunda patria. Tal como la siente, por ejemplo, el propietario del equipo de baloncesto Trotamundos de Carabobo, Germán Blanco Romero, dueño del Forum de Valencia y cuya esposa también es colombiana.

Treinta años después de que ocurrió la estampida de miles de colombianos armados de sueños, viajando a Venezuela en busca de un mejor porvenir, por carretera, trochas, aire o mar, muchos hijos de colombianos tienen ahora el poder del voto para decidir el destino político de Venezuela. Una especie de reivindicación histórica.

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