"DETRÁS DE CADA VÍCTIMA HAY UNA HISTORIA", DICE ROMAN MACHOVER, DELEGADO DEL CICR

Roman Machover, jefe de la oficina del CICR en Bucaramanga. Foto somoslarevista.com

Por Mary Stapper- El conflicto armado colombiano trajo a Colombia al francés Roman Machover, jefe de la oficina del CICR en Bucaramanga. Somoslarevista.com conversó con él sobre la situación en la zona del Catatumbo, las secuelas de la violencia, los ataques y las operaciones militares en Norte de Santander, en especial en la región del Catatumbo.

También conversamos sobre sus experiencias en otros países, del taller que se desarrolla en Cúcuta sobre el manejo de las heridas de guerra y el tratamiento a las víctimas por minas antipersonales y restos explosivos  y de cómo, aquí puede haber una noticia que dice “dos policías heridos en un atentado en las Mercedes… lo que la noticia no dice, es cómo el Corregimiento de Las Mercedes que está aquí, a 5 horas de carretera de Cúcuta y la mitad de la cabecera del corregimiento está destruida».

Roman, por qué no nos cuenta cómo funciona el proceso de selección para escoger delegados para que cumplan su misión humanitaria.

Le cuento, esto funciona así. Nosotros no nos postulamos para ir a un lugar. Nosotros nos postulamos para trabajar en un país en conflicto. Entonces tenemos entrevistas y hay una semana de selecciones. Al final de toda esa semana le dan a todo mundo un sobrecito y dentro del sobrecito está su destino, ahí usted no puede escoger. Suena una campana y se conoce el que salió en suerte. Afganistán, Siria, Colombia, África…

¿De esos lugares cuál es el mejor para cumplir una misión? ¿Cuál es la zona menos conflictiva?

Hay muchos lugares que son pos conflicto, por ejemplo Bosnia, todo lo que era Serbia, algunas repúblicas de Rusia Central, no son países en conflicto. Por ejemplo, Irán no está en conflicto hoy pero sí queda una delegación. Lo que hacen es que buscan los cuerpos de los muertos en la guerra de Irán desde hacen 10 años. Uno de nuestros compromisos es seguir a los detenidos a raíz del conflicto durante años aunque el conflicto haya parado así pasen 10 o 15 años.

¿Cómo ve el conflicto colombiano? ¿Estamos en guerra, no lo estamos?

Aquí no hay ninguna polémica sobre eso. Nosotros siempre hemos dicho que es un conflicto armado no internacional y obviamente con consecuencias humanitarias. Por eso trabajamos en esto. Para nosotros no hay polémica pero eso tampoco le da un estatus legal al conflicto, por eso sólo trabajamos sobre las consecuencias del conflicto.

¿Los grupos ilegales son guerrilleros, alzados en armas o son qué? Y los secuestrados, ¿son rehenes, secuestrados o qué son?

No le voy a dar una definición jurídica al respecto y no le puedo dar una respuesta.  Que los grupos armados sean lo suficientemente organizados como para constituir una parte del conflicto armado no internacional, eso está en las Convenciones de Ginebra. La definición de las personas que están en manos de la FARC o del ELN, no le voy a dar una respuesta sobre eso.

Hablemos entonces del conflicto nuestro. Usted estuvo en Nariño. ¿Cómo vio esa situación?

Pues, era muy complicada la situación. Pienso que lo más complicado de Nariño es que era otra Colombia. Ahí no ha habido desarrollo o no lo hay, los sistemas de salud no llegan a ninguna parte. Realmente hay un abandono del Estado. Eso favorece la llegada de grupos armados en cantidades innombrables y es muy difícil para la gente porque en realidad hay muchos combates entre grupos con muchas consecuencias para los individuos de manera muy individual. Yo lo que veía por ejemplo en el 2008, muchas muertes, muchos desplazados…

¿El secuestro de niños para meterlos en las filas insurgentes?

Eso yo no lo he visto pero no aprobamos los niños menores de 18 años en la guerra.

Usted ahora está en Bucaramanga y tiene a su cargo también a Norte de Santander. ¿Cómo ha visto el conflicto en esta frontera? Porque a nivel nacional e internacional piensa que el conflicto es en Cúcuta y que aquí corren ríos de sangre… ¿Cómo ve usted realmente el conflicto?

Para nosotros no es tan catastrófico como lo plantea usted, pero la situación para la gente es muy dura. No es una cuestión de cifras. Aquí puede tener una noticia que dice “dos policías heridos en un atentado en las Mercedes…” lo que la noticia no muestra es que como el Corregimiento de Las Mercedes que está aquí, a 5 horas de carretera de Cúcuta y la mitad de la cabecera del corregimiento está destruida. Creo que hay 30 casas completamente destruidas. Por la noche la mitad del pueblo no tiene luz y tiene 101 un familias que cada noche salen de sus casas para ir a dormir a casas de otros porque les da miedo que haya ataques a esas horas. Han perdido sus comercios, han perdido casas que tenían de generación en generación. Han sacado a sus hijos y los han enviado a Ocaña o Cúcuta.

Muy lamentable…

Sí, es terrible para la gente. Los profesores ya no quieren ir y los médicos tampoco quieren ir. Entonces, son comunidades enteras que se están desmembrando. Es muy difícil y no estoy hablando de una vereda con 15 familias sino de un corregimiento que tiene 2.500 habitantes y eso sin incluir todo el problema de la zona rural que por esa razón no quiere ir al pueblo, no quiere enviar los niños a la escuela, que no quiere ir a la zona rural a trabajar. Es muy álgido.

¿Ve mucho abandono por parte del Estado? ¿O es que realmente no pueden llegar porque los grupos dominantes no permiten que el Estado haga algo?

Hay muchos lugares en Colombia que es así y no se sabe si es uno u otro el que causa el conflicto. Lo que sí hemos constatado es que hay falencias del Estado. Nuestro trabajo es empujar el Estado e incluso, buscar garantía para que el Estado pueda ir. Nosotros por ejemplo para los hospitales, negociamos con las partes combatientes para que permitan el acceso de los equipos médicos y para eso se necesita que haya equipos médicos. A veces tenemos el acceso pero simplemente no está el personal. Entonces, ahí sí que es una falta de capacidad.

El Catatumbo tiene una falta crónica y estructural en el sistema de salud. Hay uno pero no es suficiente para las necesidades. Le doy un ejemplo: El Tarra remite a Tibú o a Cúcuta, 4 personas por semana más o menos, hay una ambulancia pero esa ambulancia necesita más o menos uno o dos días para ir y volver- La ambulancia en realidad está disponible realmente, apenas 3 días a la semana.

¿Entonces la gente se muere porque se muere…?

No porque se saca por transporte privado, que no debería ser así, o cuando los casos son muy graves los pueden llevar por vía aérea. Pero efectivamente, es muy estresante cuando hay una víctima por artefacto explosivo y el traslado tiene que ser ya y que no haya una ambulancia en el pueblo y que tendría que esperar un día porque la ambulancia está en Cúcuta. Eso es muy complicado.

¿El Catatumbo en la parte ambiental también está muy deteriorado?

Yo no la he visto demasiado… ¿Comparado con qué?

Y los incendios cuando tiran las granadas, las minas… deben estar deteriorando un de los pulmones de Colombia… los colonos que llegan… los que fomentan la violencia.

Nosotros hemos hecho un análisis, pero nos concentramos directamente en las consecuencias de los ataques, sinceramente la cuestión el medio ambiente no la he mirado para nada.

Deberían mirarla también…

Tenemos demasiado trabajo con el conflicto armado como para mirar lo del medio ambiente también. Hay otras organizaciones que lo hacen. Nosotros no tenemos legitimidad en ese tema.

La zona de Ocaña. Teorama, San Calixto… ¿cómo está esa zona?

Nosotros tenemos cuatro puntos en los que queremos trabajar: Las Mercedes en Sardinata. San Pablo, el Aserrío en Teorama y El Tarra. El pueblecito de Petrólea también ha sufrido un ataque y esos son los cinco lugares en los que queremos trabajar de manera constante. Sin embargo, nuestro compromiso es que cuando hay una emergencia, estar allí para responder. Es decir que no es un solo trabajo de largo alcance sino que estamos con las comunidades. Pero si hay algo nuevo, también venimos a apoyarlos.

¿Qué están haciendo allí?

En Petrólea, hoy mismo (viernes) estábamos distribuyendo material para que se repare el Puesto de Salud que está muy dañado por la onda explosiva y la casa comunitaria. Ayer estábamos en las Mercedes y les dictábamos charlas a los estudiantes y los líderes sobre qué hacer cuando se encuentran con explosivos. Hace 15 días estábamos en El Tarra, distribuyendo unas ayudas de emergencia a la gente que se desplazó. Y vamos a ir a San Calixto para ver las escuelas dañadas. Vamos a ver qué podemos trabajar a nivel de infraestructura. Finalmente, lo que siempre hacemos es que hablamos con todas las partes en conflicto sobre la manera en que se lleva la guerra, en qué es aceptable y qué no es aceptable en términos de Derecho Internacional Humanitario, pero también en términos humanitarios. Hace días estábamos haciendo talleres con la fuerza pública y en otros momentos hablamos con la guerrilla sobre esa problemáticas.

Hace una semana estábamos en Arauca recibiendo al personal de la petrolera.

¿Cómo ve esa guerrilla que usa armas no convencionales?

El problema no es solo de un mismo bando. Para nosotros el problema es el de los explosivos. Una explosión mata a cara a la Policía o al Ejército, pero también va a causar daños en la población civil. Ese es el problema. Pasa lo mismo cuando se pierde una granada y la encuentra un niño y juega con ella. En realidad no es decir que es culpa más de una parte que de la otra. Ellos tienen que tomar las precauciones para proteger a la población civil. Ese mismo debate lo hemos tenido con las bobas a fragmentación- Bueno, pues, hemos conseguido que eso se pare. El problema no es la persona que lo utiliza sino la función que le da.

¿No es el cómo sino es el cuándo?

Sí, exactamente y las precauciones que se tienen que tomar hacia la población civil.

Ustedes comienzan el lunes 12 de marzo, una serie de talleres para hacerle la cirugía a la violencia, porque debería ser eso. Una cirugía a la violencia…

Ojalá nosotros pudiéramos hacerle una cirugía a la violencia. En realidad lo que intentamos hacer es que las víctimas del conflicto armado en materia de balas y explosiones, reciban el cuidado de la mejor calidad posible. Eso empieza en la vereda cuando se les explica a la comunidad qué hace o qué no hacer cuando está en torno donde hay combates y quedan artefactos sin explotar… Es capacitarlos en primeros auxilios para que ellos puedan atender mientras llegan al puesto de salud. Es capacitar a la gente del puesto de salud para que tenga  un conocimiento básico sobre cómo atender a la persona y el nivel siguiente, cómo tratar a los heridos de bala o con artefactos explosivos que son heridas complejas. Entonces, lo que vamos a hacer es un taller para los médicos y las enfermeras y enfermeros sobre cómo manejar esas heridas complejas para que la atención que se dé sea la mejor posible en unos entornos degradados en donde no se tiene todo lo necesario para que la atención que se le da al herido sea la mejor posible.

Uno de los casos típicos que es extremadamente doloroso tanto para nosotros como para los cirujanos como para las víctimas, son las amputaciones.

Sí, terrible…

Sí, pero sobre todo, porque hay amputaciones que no se hacen correctamente y cuando llegan a fisioterapia que se tiene que poner la prótesis, nos damos cuenta que no se ha hecho correctamente y que es necesario volver a operar. Entonces la idea es que desde el primer momento, los cirujanos y las enfermeras sepan cómo tratar esas heridas y las especialidades de esas heridas para que la víctima tenga una correcta atención y se recupere mucho mejor. Tenemos un centro ortopédico donde hacemos fisioterapia y eso lo vemos cada día. Entonces la idea, es que se haga por especialidades para que la atención médica sea la correcta.

Ojalá que lo logren…

Lo otro que hacemos y que me parece súper importante y es el mensaje que queremos pasarle a todo mundo, es que especialmente en zonas de combate, el médico y toda la misión médica tiene que ser respetado y protegido. Es responsabilidad de todos. Es  responsabilidad de la fuerza pública, es responsabilidad de los grupos armados y responsabilidad de la comunidad, asegurarse que sean respetados el médico, la enfermera, el de la ambulancia… incluso a la persona que hace la facturación, porque si se pierde un eslabón de esos, son cientos y miles de personas que no tienen acceso al médico. Es fácil de entender. Si no hay médico, no hay atención y el herido puede morir ahí. Entonces, las violaciones a la misión médica son gravísimas. La víctima no es sólo el médico, son todos los pacientes. Entonces todo eso también lo trabajamos con el personal médico sobre cuáles son sus deberes y obligaciones con la población: una actitud correcta no importa de qué bando sean los heridos.

Ese es nuestro trabajo principal, estar al lado de los combatientes. Incluso en medio de la guerra, hay normas básicas que se llama Derecho Internacional Humanitario. Es la atención a la población civil, es la atención al médico y la protección incluso, de los combatientes heridos que están fuera de combate se les tiene que respetar la vida. Entonces estamos ahí, con todo lo difícil que es ese trabajo y con la impresión de que a veces no se les respeta.

¿Cómo es la situación de la mujer en medio del conflicto?

Yo diría que tienen vulnerabilidades específicas. Es difícil medirlas. Es difícil decir que la tienen más o menos porque finalmente la mayoría de los que hacen la guerra son hombres. Pero las que se quedan atrás, las que tienen que responder por sus familias, las que son desplazadas, las que tienen que trabajar cuando llegan a la ciudad, las que tienen problemas médicos cuando van a dar a luz, son las mujeres. Entonces, efectivamente hay una serie de problemas que muy a menudo, no son tomadas en cuenta. Yo diría que la mayoría de los desplazados, estadísticamente son mujeres y niños, que la cuestión del trabajo cuando muere el hombre cabeza de hogar es muy importante y efectivamente están los ataques a la integridad física de las mujeres que tienen una consecuencia de muy largo tiempo y que son muy problemáticos.

Roman Machover en entrevista con somoslarevsita.com

Yo quiero hablar un poco de usted. ¿Se adaptó fácilmente a Colombia?

Me encanta Colombia, me siento muy bien en este país. Pienso que a todos los delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja, les gusta Colombia y la mayoría de ellos siempre sueñan con que les asignen a Colombia.

Nosotros, voluntariamente hemos escogido este trabajo de ayudar a la gente en los países donde hay conflictos armados. Algunos puestos son difíciles en términos humanos para nosotros, hablo de Afganistán, Irak, algunos países de África, pero eso es lo que hemos escogido hacer y otros, que pueden ser más agradables.

El fondo de la situación es que depende mucho del estado de las víctimas. Estamos en contacto permanente con historias muy difíciles y eso puede hacer la situación difícil de aceptar sicológicamente.

¿Cómo es Roman el hombre?

Lo que más me gusta es sentarme en el fondo de una vereda con la gente y conocer cómo viven las personas. Me encanta Colombia pero sigo pensando que hay dos Colombias o varias Colombias y que hay lugares perdidos completamente- Es importante para mí poder hablar con esa gente y poder transmitir lo que nos cuentan… Que me cuentan y transmitir ese trabajo de campo.

¿Qué estaba haciendo antes de venir a nuestro país?

Yo soy Abogado. El año pasado estaba en Afganistán también con el CICR, antes estaba aquí en Colombia, antes estaba en el Medio Oriente. Estuve también en Indonesia cuando el Tsunami. Es decir, que trabajé mucho en lugares donde había desastres naturales, lugares de conflicto,

En el Comité Internacional de la Cruz Roja hay 1.500 extranjeros y 15.00 empleados de los países, Realmente, la gran mayoría de los que están trabajando en Colombia, son colombianos. Ellos también quieren trabajar de manera neutral y, a la mayoría de ellos también les encanta salir al extranjero y hay bastantes que lo hacen. La Cruz Roja Colombiana estuvo en Haití cuando el desastre en ese país y hay muchos de Cúcuta y de Tibú que estuvieron en Haití, ayudando.

¿Me puede adelantar algo de la liberación de los militares?

No porque eso lo maneja Bogotá dentro de la mayor confidencialidad. Hay muchas cosas que manejamos con un nivel de confidencialidad muy alto. Con lo de Arauca no hemos comunicado nada hasta que nos entregaron a la gente. Yo sé más o menos lo que pasa en Arauca, pero no lo sé todo. Es lo mismo con Bogotá y me parece muy bien así.

La situación de las víctimas de El Catatumbo que es mala, la poca atención que les damos a los heridos y lo que queremos hacer entender –esto no lo entiende todo el mundo. Es que ha habido un aumento en las víctimas. En 2010 contamos con 8 víctimas civiles en el año. En el 2011 fueron 24 las víctimas y en el 2012, llevamos 17 víctimas entre heridos y muertos. En dos meses de 2012 hemos tenido tantas víctimas como en todo el 2011.

Es demasiado.

Detrás de cada víctima hay una historia. No es sólo que la persona esté herida sino que también ha perdido su casa, si es la cabeza de hogar, ha perdido su trabajo. Si ha perdido su trabajo, quiere decir que tiene una mujer y niños que probablemente no van a poder ir a la escuela, la mujer va a tener que trabajar y tiene que sacar los niños a otro lugar o se tengan que desplazar. Detrás de cada víctima hay una historia.

Ese repercute mucho sicológicamente en la gente…

Sí, es muy duro. Vemos por ejemplo en Las Mercedes o en San Pablo o el Aserrío, cuando hay ataques regulares, los niños ya no son como antes. Si viven siempre con granadas, con artefactos, con explosiones. Lo que cuentan a sus papás, su manera de ver la vida y su manera de ser, cambia. Esos son adultos potenciales con problemas en el futuro.

Son adultos en miniatura me imagino…

Sí, sobre todo, sufren de manera silenciosa porque no lo pueden expresar si no se hace algo. Esas son heridas internas que se quedan por dentro si no se hace algo. Nosotros los adultos, aunque nos duela, tenemos mecanismos de compensación porque hablamos, lloramos nos expresamos y seguimos para adelante. Para  los niños, es más difícil hacer eso.

¿Usted qué siente cuando ve una situación de esas? Por ejemplo, de una familia, de un niño…

Es muy duro porque podemos estar allí, podemos escuchar a la gente y hacer todo lo que podamos para mejorar su situación, pero no podemos ser ellos. Son ellos quienes tienen que vivir con esa dificultad y lo único que podemos hacer es ayudarlos a salir de esa dificultad y echen para adelante. Hay quienes lo han hecho, tienen mecanismos de defensa y salen adelante. Nos preocupa, los que no lo consiguen.

Seguramente serán adultos violentos.

No lo sé. Pueden ser violentos o más tristes. Cada uno crece como pueda. Lo que si pensamos es que si se respetan las reglas de combate, puede ser que la gente tenga menos ganas de venganza. Si se respeta a la población civil, no son historias que se repiten y no es una historia individualizada de violencia que sigue de generación en generación.

¿Se acabará la violencia en Colombia?

Ojalá

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