RADIOGRAFÍA DEL NUEVO PARQUE DE SANTANDER


Por Mary Stapper

Confieso que tenía grandes expectativas sobre la remodelación que le hicieron al  Parque Santander, en el corazón de Cúcuta y sobre los cambios hechos durante  más de dos meses de encierro al que fue sometido este espacio público de diez mil metros cuadrados de superficie, cuyo lote de terreno fue comprado por $2.500 oro a Florinda Sierra de Pacheco, según escritura No. 89 del 24 de marzo de 1896.

Según la cita histórica de Luís A. Medina, lo de los árboles no fue un capricho del Alcalde de entonces, Carlos García Vera, quien administró a Cúcuta durante  los años 1886/87/88, sino una necesidad por la cual solicitó  autorización al Concejo Municipal, para plantar árboles y “embellecer la plaza, no sólo por el sombrío que proporcionaba, sino para refrescar el ambiente del calcinante sol, y también para poder desalojar a los mercaderes que se habían instalado allí, libremente”.

Hoy, a finales de 2011 en pleno siglo XXI, esperaba por ejemplo que la administración de María Eugenia Riascos Rodríguez, respetara los árboles frondosos.

Esperaba más bancas en el parque.

Después de tanta polémica, esperaba unas baldosas brillantes, relucientes.

Esperaba la restauración de las fuentes luminosas.

Esperaba brillo en la estatua del general Santander.

Esperaba fotógrafos vestidos de uniforme.

Esperaba niños jugando con las palomas.

Esperaba que los lustrabotas no se sentaran en las jardineras sino en sus propios banquitos.

Esperaba que la gente tirara las basuras a las canecas y no en las jardineras del nuevo parque.

Esperaba que las gitanas nos contaran el futuro de la Alcaldesa después de un mandato más negativo que positivo para Cúcuta.

A cambio de eso encontré, unos árboles calvos, algunos sin cáscara para que se sequen…

Encontré pocas bancas en el parque, unas losas grises, opacas,  deslucidas. Algunas, mal pegadas.

Encontré niños tristes porque las pocas palomas que volvieron al parque  emblemático de Cúcuta, no quieren acercarse a ellos.

Encontré a un General Francisco de Paula Santander reluciente, con su uniforme impecable y la cara bien lavada, lo cual es positivo.

Encontré renovadas las fuentes luminosas con jardineras alrededor para protegerlas de aquellos ciudadanos indolentes quienes siguen tirándoles basuras en vez de utilizar las canecas del parque.

Encontré vendedores ambulantes alrededor del parque frente a bancos, catedral y zona administrativa del municipio y andenes del centro comercial a cielo abierto.

Encontré policías vigilando el sector, unos montados a caballo, otros de a pie.

Encontré gente añorando las tabletas rojas con identidad cucuteña como un homenaje a la tierra productora de la mejor arcilla del mundo .porque las grises, de concreto, no aguantaron.

Encontré mucho calor, no humano precisamente, sino el producido por los rayos del sol que ahora penetran libremente porque las ramas fueron contadas para que se vieran más iluminadas las tabletas grises y rosadas que reemplazaron a las de ladrillo rojo cucuteño.

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