UNA OBRA ALUCINADA

De Fernando Soto Aparicio

A veces, acompañando a Jesús María Stapper en algunas de sus exposiciones, he pensado que, pese a que su pintura siempre es distinta, hay en ella el común denominador de una alucinación, de un asombro ante los colores y las formas, un sacudimiento del creador que busca renovarse, un empeño de quien quiere comunicarle a los otros, la dimensión de su mundo interior, siempre en un proceso constante de interrogación, y de búsqueda.

En cuadros colgados en otros muros, en otras ocasiones, hay, por ejemplo, paisajes que tal vez existan en planetas distintos y distantes, árboles de colores que nos parecen absurdos, planetas y satélites y lunas y asteroides que buscan salirse de la tela y meterse por las pupilas del espectador, hasta colisionar con su propio universo.

Fernando Soto Aparicio, presentando la obra de Jesús María Stapper. Foto somoslarevista.com

Juega con el color, las formas, las dimensiones, los espacios, las profundidades. Y de todo ese juego, nace una extraña armonía, que cada uno puede interpretar a su manera. ¿Delirios de un hombre en busca de sí mismo? ¿Maneras diferentes de ver un sitio, de medir un círculo que no termina de cerrarse, de seguir unas paralelas que se divorcian en la distancia?

Yo no soy un crítico de arte, y esto no es un comentario profundo sobre escuelas pictóricas, cubismo, surrealismo consciente o inconsciente, pintura del absurdo, rompimiento de las formas, muerte de los colores, ataque frontal a la tradición, etcétera. Yo, como dueño de una mirada, veo. Y ese abigarrado enjambre de símbolos, a veces sencillo de interpretar y en ocasiones enigmático, tiene una magia que no se puede describir, porque solo impacta al sentirla.

Nuestras coordinadas existenciales, y me refiero a las mías y a las de Stapper, han coincidido varias veces en diferentes sitios. Y me admira su tesón, su persistencia, la fe con que enfrenta sus hermosas obligaciones y sus responsabilidades de creador. Se entrega a lo que hace, se da entero, convencido de que va andando por el camino que lo lleva al futuro y a su permanencia en la memoria colectiva.

Y aunque su pintura varía en cada exposición, hay en la totalidad de su obra una unidad temática, unas características que lo definen. Si el arte es una búsqueda infinita, Stapper ha sabido asumir esa búsqueda con entusiasmo y con mística, y eso le da a su trabajo una individualidad que lo personaliza y lo ubica en su lugar y en su época.

Jesús María Stapper lleva años pintando y escribiendo. Sus poemas y sus cuentos también han pasado por múltiples etapas. A veces son sencillos y luego complicados y de alguna manera crípticos. Pero él, como todos los creadores, busca. Ya la posteridad dirá si esa búsqueda constante tuvo la recompensa del encuentro, la duradera sorpresa del hallazgo. El paso inexorable del tiempo determinará si su obra se muele en los trapiches negros del olvido, o si queda como su testimonio sobre la tierra.

 

Casa de Risaralda, Bogotá, octubre de 2011

 

Texto escrito por Fernando Soto Aparicio, en calidad de oferente de la Exposición surreal VERTIENTES de Jesús María Stapper, inaugurada en la Casa de Risaralda en Bogotá, en homenaje a su obra pictórica, evento organizado por la Revista Mefisto de Pereira dirigida por Germán López Velásquez. 

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