CHARLA INFORMAL: CULTURA Y POLÍTICA

Nohora Ibargüen – Corresponsal Canadá.

Por Nohora Ibargüen – Corresponsal Canadá.

Somos seres pasionales. La pasión entorpece el intelecto. Hablamos sobre lo malo que son los políticos cuando no son de nuestros afectos. Y sobre lo bueno que son cuando los apoyamos durante las contiendas políticas. Nos olvidamos del bien común.  Somos los autores permanentes de nuestra idiosincrasia, de nuestra cultura y nos da miedo romper paradigmas. En el sector de la cultura somos tímidos para exigir o demasiado toscos, ambiguos o pusilánimes.

Desde cuando empezamos a desarrollar nuestro criterio político nos damos cuenta que los políticos mienten o exageran o son ingenuos o son traicionados. Hay un poco de todo.

Hace algún tiempo los discursos en las campañas de elección popular eran más frecuentes que ahora.  Veinte años atrás, era más fácil identificar a los buenos oradores, a aquellos que motivaban y que a través de la palabra, hacían soñar con el progreso de las regiones.  El pueblo valoraba esta descarga de habilidades oratorias y votaba en consecuencia.  Fue la pasión por el contenido lo que llevó a la victoria  a muchos candidatos. Algunas veces, los buenos oradores no son muy buenos estadistas. Este error producto de la ignorancia y la ingenuidad ha impedido una mejor evolución de sectores importantes para la sociedad como son la cultura, el deporte y por supuesto la educación.

La jornada laboral extendida, la distancia y la tendencia a vivir de manera trivial, entre otras cosas, han influido para que ahora la gente prefiera el discurso corto.  Lamentablemente para los políticos, el auge de los medios de comunicación de masa los presiona, los evalúa y les controla sus actos.  Ya no es fácil olvidar sus promesas tan escasas en torno a los proyectos, programas y planes en el área de la cultura. Muchos se han visto empantanados en sus mismas alocuciones porque desconocen estos temas.  La mayoría de los políticos no saben de las largas caminatas que recorren los artistas de barrio.  Y no tienen el interés de hacerlo.

De otra parte, las comunidades se quejan diciendo que la cultura es un sector olvidado que no recibe el suficiente apoyo para llegar al nivel que se desea.  Muchas veces tienen razón, sobre todo cuando no se trata de artistas de élite. Sin embargo, ellos, aun viviendo con un poco más de privilegios que la mayoría, también han hecho un largo y valioso recorrido lleno de esfuerzos para lograr el éxito. En general, los artistas colombianos trabajan con las uñas. Sin embargo, es fundamental saber a dónde se quiere llegar para planificar y llevar a término los proyectos que se propongan.  Para exigir. Hay que pensar en grande como lo hizo Fanny Mickey alguna vez. Ella subió al país en uno de los más grandes y vistosos festivales de teatro de nivel internacional (Festival Iberoamericano de teatro).  Cuando se es claro, directo y se quiere, ese tipo de proyectos tendrán el aval que requieren.

Los políticos no son los dioses del Olimpo.  Ellos necesitan de los votos para ser elegidos, ellos necesitan del pueblo y el pueblo de ellos.  Matemáticamente quienes deben exigir y hacer cumplir son los votantes. El reto es romper el paradigma de votar por la pasión del afecto a los candidatos, a un empleo mal remunerado o votar por la presión de las encuestas. O lo que es peor, no votar por el simple pesimismo incitado por las noticias sobre corrupción. Los votantes son los que forjan la continuidad o el cambio en las políticas de gobierno.

Es necesario reflexionar sobre nuestra identidad cultural y folclórica y por supuesto sobre nuestra identidad como ciudadanos. La pauta es buscar el bien común.

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