LA CULTURA: CENICIENTA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA…

Catalina Maldonado Acevedo

Por Catalina Maldonado Acevedo.

Ahora que el proceso electoral está llegando a su recta final y los candidatos a gobernaciones y alcaldías se desbordan en promesas, nos damos cuenta que para algunos políticos el sector cultural seguirá siendo la cenicienta de la administración pública, y eso fue precisamente lo que pudimos observar durante la suscripción de los pactos ciudadanos por la cultura llevados a cabo el viernes 16 de septiembre en el teatro Municipal de Cúcuta.

El poco interés demostrado por los señores Donamaris Ramirez, Andres Cristo y Jorge Acevedo, grandes ausentes de la jornada, y para quienes al parecer la cultura carece de importancia política, así como la falta de sentido común del señor Edgar Díaz, quien  desconoce que un pacto ciudadano está revestido de legalidad y que sólo puede ser suscrito entre la comunidad y los candidatos “legalmente inscritos” y no con emisarios, deja entrever que de llegar al poder, nuevamente improvisarán igual que lo han hecho sus antecesores. Ni que decir del candidato Santaella, quién se marchó después de su intervención dándole a entender a la comunidad que tenía cosas más importantes que hacer que cumplir con el “deber” de suscribir los pactos.

Quiero agradecer en nombre de todos los que hicimos parte del proceso la gentileza de los candidatos quienes, a pesar de su apretada agenda, asistieron y socializaron sus propuestas culturales frente a la comunidad y especialmente quiero reconocer, para quienes aun no lo saben,  el interés que desde hace meses ha mostrado el candidato Gregorio Angarita Lamk por construir políticas públicas que contribuyan al fortalecimiento del sector cultural. Las reuniones que viene sosteniendo desde hace algunos meses con artistas de la región, a las cuales he tenido la oportunidad de asistir, le han permitido estructurar un programa de gobierno como debe ser: Planificado, concertado y no improvisado.

No soy política, eso quiero aclararlo, soy hija de artistas y por eso conozco el sempiterno calvario del arte frente a la administración pública; tampoco soy amiga de la crítica, excepto cuando esta contribuye a generar cambios positivos que beneficien a la comunidad. Pero en este caso, siento que es un deber ciudadano despertar conciencias si queremos que Cúcuta llegue a ser reconocida como una ciudad cultural y no como un pueblo sin identidad, lleno de foráneos que solo vienen de paso y con la intención de beneficiarse de las bondades de la frontera.

Finalmente, espero que en los próximos discursos políticos cuando se hable de prevención del delito, se tenga en cuenta al arte como un plan efectivo a largo plazo para acabar con la inseguridad pues está plenamente demostrado que las ciudades con mayor actividad cultural son sociedades menos violentas. O acaso, ¿alguien sabe de sicarios que asistan a conciertos de música clásica, o de narcotraficantes inscritos en escuelas de arte?…

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