ESCLAVAS ANTES DE LA ESCLAVITUD

Nadia Naileth Báez Rojas.

Por NADIA NAILETH BAEZ ROJAS

“…la mujer era una simple pieza de servidumbre, es decir la mujer era esclava desde antes de que existiera la esclavitud

Por lejos  que remontemos el pasado del hombre y siguiendo con el proceso de reconstrucción social, encontramos la horda como primera comunidad humana. La horda que parecida a un rebaño de bestias, satisfacía sus instintos sexuales desordenadamente y sin formar parejas, las mujeres pertenecían a la tribu y no existían reglas para las uniones entre hombre y mujer. fuerza física , pero lo que ha iniciado la servidumbre de la mujer en los tiempos primitivos , lo que produjo una desproporción tan marcada  en las fuerzas físicas e intelectuales entre ambos sexos y agravo el estado de opresión de la mujer, fueron sus particularidades como ser sexual.

Aun cuando la mujer ofreciese, desde el punto de vista de sus fuerzas morales y físicas, un desarrollo análogo al el hombre, se encontraba en estado de inferioridad con respecto a éste, cuando los periodos de embarazo, parto y crianza de los hijos la sometía al apoyo, al socorro, a la protección del hombre.  En los tiempos primitivos, en los que solo se estimaba la fuerza, y la lucha por la existencia revestía  sus formas más crueles y salvajes  y la necesidad de proteger a la mujer en ciertas épocas  condujo a un cumulo de violencia contra el sexo femenino.

Fue precisamente posesión de la mujer e  hijos lo que hizo desear al hombre una morada fija: las  mujeres, por ser las que llevaban a los hijos en el vientre, eran las encargadas de su cuidado y por lo tanto del cuidado del hogar; el hombre era el amo. Esta relación con el tiempo fue degenerándose, hasta el punto de que la mujer era una simple pieza de servidumbre, es decir la mujer era esclava desde antes de que existiera la esclavitud.

Mujer esclavizada – Foto tomada de Internet.

Más adelante, y cuando se  legaliza la institución de la unión matrimonial, se hace frecuente la costumbre de que las mujeres conserven su virginidad para hacer con ella  una especie de ofrenda religiosa al primero que llegaba a pagar  su precio, y así, cuando una mujer no era virgen al llegar al matrimonio, era considerada pecadora y por lo mismo condenada por la iglesia que obligaba a  las mujeres a seguir el ejemplo de María, la mujer sin mancha.

Aparece entonces el cristianismo predicando  en sus doctrinas la negación de la carne y poniendo en evidencia un desprecio hacia la mujer, dejándola reducida a la condición de sierva del hombre, y aún  hoy la obliga a prometer solemnemente, ciega obediencia ante el altar.

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