DIARIO DE UNA VIDA MODERNA: EN UN MUNDO DE EXTRAÑOS, CONFIAR MI ÚNICA OPCIÓN

Catalina Aldana Bitar

Por Catalina Aldana.

El vivir sola y despertarme cada mañana para seguir con mi lucha con este país (si, literal no todo en Canadá es un lecho de rosas, como lo pintan) son mi única realidad, escogida obviamente y cada día más positiva al respecto, porque a pesar de todo, me considero optimista y pienso que si se puede.

Una chica en sus 20 enfrentándose sola al mundo, sin familia, teniendo que tomar decisiones a diario que pueden cambiar el curso de su vida; suena como algo desafiante para la realidad cotidiana de muchos seres humanos, que como yo hace un tiempo estábamos acostumbrados a ese mundo que gira en torno a nuestro núcleo familiar, esa zona de confort, refugio de penas y altar de alegrías con el que los privilegiados de tener una;  sea como sea, pero que sabemos que  está ahí y que familia es familia, hemos sido bendecidos, esa que en mis momentos de soledad tanto añoro.

El estar sola, tan lejos es una realidad compleja, pero afortunadamente no soy ni la primera, ni la última persona en esta situación, por el camino me he encontrado con mucha gente en condiciones similares a la mía, que por decisión propia, o por azar del destino terminaron en el mismo lugar, entre esas mis extraordinarias amigas.

Ese mismo destino, en el cual no creía mucho, siento que de una manera u otra ha puesto gente en mi recorrido que me ha servido como espejo de lo que quiero y lo que no, en mi vida, porque realmente al estar tan sola, muchas veces las decisiones más fáciles parecen un problema de física nuclear, y a veces  pensar las cosas con cabeza fría no basta; y el confiar en extraños deja de ser una alternativa. Porque en palabras de John Donne, “ningún hombre es una isla”, todos somos un conjunto en esto a lo que llamamos sociedad.

Mi vida está plagada de extraños, como diría mi mamá – puros aparecidos, ¿pero, no somos todos en la vida de los otros simples aparecidos entonces? Somos la nada que espera convertirse en el todo de la vida del otro, somos esa esencia que huye de la soledad, y requiere del sonido contagioso de la risa para llenar el vació del silencio.

Darlo todo, sin pedir nada a cambio, todo por un poco de compañía ¿es ese el punto entonces de abrir tu vida a un aparecido que por el azar del destino conociste una noche de lluvia en un club? ¿Confiar tu vida a alguien que no sabes de donde viene y que quizá tarde o temprano en cucuteñísimas palabras pelará el cobre?, o cerrarse al mundo, vivir una vida de autosuficiencia y auto indulgencia, siendo incapaz de confiar en las demás personas alrededor, esas parecen ser mis alternativas, pero en un mundo de extraños he decido que confiar es entonces mi única opción.

Voy con la frente en alto, creyendo que en algún lugar de esta gran ciudad hay seres como yo que quieren escuchar y creer que la gente buena existe, que la amistad desinteresada es posible y que todos construimos un mundo mejor cuando confiamos los unos en los otros.

 

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