LA ALEGRIA DE SERVIR

Por Jorge Enrique Báez Vera

Rabindranath Tagore

“Dormía, y soñaba
que la vida era alegría.

Desperté, y vi
que la vida era servicio.

Serví, y vi
que el servicio era alegría.»

Repasando, como acostumbro, mis autores favoritos, me reencontré con este bello poema SERVIR, de Rabindranath Tagore, poeta y filósofo indio que se esmeró por lograr una mejor interpretación  entre las civilizaciones occidentales e hindú, pues entendía que el este y el oeste no son enemigos y que pueden entenderse.

Es propicio este poema, cuando nos alistamos a una nueva campaña electoral, en la que pondrán  a escrutinio sus nombres , quienes aspiren a cargos de elección popular en nuestros departamentos y municipios, y ojala ellos estén animados por la alegría de servir, por una vida de servicio y por la alegría de la vida.

Volviendo a Tagore, digamos que se llamaba en bengalí Ravindranatha Thakura,Nació en Calcuta en 1861. Se dedicó a escribir desde niño y a los 17 años publicó su primer libro. En 1878, estudió Derecho en Inglaterra y luego regresó a su país.

Escribió poesías, novelas, cuentos, y obras de teatro, y también compuso muchas canciones populares. Escribió en lengua bengalí literatura impregnada de religiosidad, amor por la naturaleza y la tierra.

Recibió el Premio Nóbel de Literatura en 1913.En 1915 fue nombrado caballero por el rey Jorge V, título al que renunció después de la matanza de Amritsar en 1919, cuando tropas británicas mataron a 400 manifestantes indios.

Muchas de sus obras fueron traducidas al español por Zenobia Camprubí, secundada por su marido, el famoso escritor Juan Ramón Jiménez.En 1929 se inclinó también por la pintura.

Fundó en su propiedad bengalí en 1901 la escuela Santiniketan, para la enseñanza de filosofías orientales y occidentales. En 1921 se convirtió en la Universidad Internacional Visva-Bharati, Entre sus principales obras se pueden citar: El rey y Reina, El Asceta, El Cartero del Rey, y muchas otras

Pero son sus poesía lo que de Tagore, mas me fascina  algunas de las cuales  quiero compartir con ustedes.

REGALO DE AMANTE

Anoche, en el jardín, te ofrecí el vino espumeante
de mi juventud. Tu te llevaste la copa a los labios,
cerraste los ojos y sonreíste;
y mientras, yo alcé tu velo, solté tus trenzas
y traje sobre mi pecho tu cara dulcemente silenciosa; anoche,
cuando el sueño de la luna rebosó el mundo del dormir.

Hoy, en la calma, refrescada de rocío, del alba,
tú vas camino del templo de Dios, bañada y vestida de blanco,
con un cesto de flores en la mano.
Yo, a la sombra del árbol, me aparto inclinando la cabeza;
en la calma del alba, junto al camino solitario del templo.

NO PUEDO OFRECERTE UNA SOLA FLOR…

No puedo ofrecerte una sola flor
de todo el tesoro de la primavera,
ni una sola luz de estas nubes de oro.
Pero abre tus puertas y mira; y coge,
entre la flor de tu jardín,
el recuerdo oloroso de las flores
que hace cien años murieron.

¡Y ojalá puedas sentir en la alegría de tu corazón
la alegría viva que esta mañana de abril te mando,
a través de cien años, cantando dichosa!

LAS FLORES DE LA PRIMAVERA SALEN…

Las flores de la primavera salen,
como el apasionado dolor del amor no dicho;
y con su aliento, vuelve el recuerdo de mis canciones antiguas.
Mi corazón, de improviso, se ha vestido de hojas verdes de deseo.
No vino mi amor, pero su contacto está en mi cuerpo
y su voz me llega a través de los campos fragantes.
Su mirar está en la triste profundidad del cielo, pero
¿dónde están sus ojos? Sus besos zigzaguean por el aire,
pero sus labios, ¿dónde están?

Jorge Enrique Báez Vera. Abogado y politólogo.

3 comentarios para "LA ALEGRIA DE SERVIR"

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