MI CABALLITO DE PALO ¡UN CABALLO SÚPER-ÉPICO!

Rocinante de Don Quijote de La Mancha (Foto tomada de Internet)

Por: Jesús María Stapper

El caballo de Casilda (mujer aposentada en Santa Rosa de Viterbo, la pueblerina histórica del regalo al caraqueño trashumante) no es como lo pintan: “Palomo” blanco impoluto, “níveo cantaor”, rítmico paso, melodía flamenca, bogador calé, finta árabe, estirpe emérita, alzada venturosa, presencia divina, brío augusto, porte olímpico, relincho soberano, linaje real, prestigio eterno (solemne eternidad de las estatuas… soledad infinita de las estatuas de los parques olvidados en los pueblos desconocidos). Es, tal vez, un caballo forrado de escarnio y pesares consumados. Un animal forrado con el cuero de su propio lacerado mito, eso lo sabe muy bien, su amo y señor, el famoso “chalán” Bolívar… el andariego jinete de  pretendidas y frustradas libertades. Hombre él, de insulsa e inútil espada secular: su anhelada libertad no existe, es puro cuento. Su martirio sigue vigente. La “cosa” anda igual.

Quizás tampoco  es Palomo, el caballo de Casilda, como Siete Leguas, el caballo ranchero-tequilero-valiente-pistolero  y ensombrerado de Pancho Villa. No es  un As de Oros, el caballo de Emiliano Zapata, el labrador y arriero que enamoradizo raptó a una jovencita, el hijo de Gabriel y Cleofás, el líder que comandó al Ejército Libertador del Sur de México (libertad a saber… ¡vaya usted…!). No vuela como el alado  Pegaso: el caballo de los dioses, el de Zeus Olímpico,  aquel caballo que nació del chorro de sangre que brotaba del cuello de Medusa cuando Peleo le cortó la cabeza de un tajo. Ni siquiera vuela como Águila, el caballo alazán de Porfirio Díaz, el de Oaxaca, el del Plan de la Noria. Tampoco es como el Caballo Prieto Azabache, aquel caballo obrero revolucionario, de corrido y guitarra al hombro, de cananas extendidas, de la voz-lamento del pueblo mexicano; en definitiva, no es el “corcel sufrido” en el perdurable eco del canto adolorido y profundo de la gente que estremeció el alma de Rulfo.

Creo que el caballo de Casilda (timorato y abnegado y resignado y flojo caballo latinoamericano) es tan desgarbado como el debilucho y quejumbroso Rocinante de Don Quijote de la Mancha. Ambos trasegaron por sus estadios de locura, con sus ilusos jinetes. Anduvieron lerdos por  difíciles sendas atizando su desnudez perpetua. Si ubicáramos con precisión bautismal, el caballo de Jesús: El Nazareno, tendríamos en el panel equino, a tres animales tan famosos, y tan pendejos, como sus amos, según sean las propias palabras de Bolívar (es claro que para él, los animales en cuestión, no alcanzaron, como ellos, el status {pedestal} de pendejos). Sin embargo, para no quedar atrás en esta epopeya, viajaré sólo, sobre el flaco lomo de Sufrido, el caballo pampero (quizás) que hoy me llevará desde la sugestiva Patagonia hasta la embriagadora Alaska.

A la medida que camino, encuentro caballos épicos al destajo. Unos más famosos que otros, desde luego. Los que suman “más”, los desconocidos, son incontables (suma semejante a la de los “más-más” en el hombre: los más pobres, los más excluidos, los más explotados, siempre son y serán los “más” descalificados por calificación), como tal vez, son incontables los caballos de oriente, los de dura batalla como los que acompañaron a Temüdjin, el Genghis Khan (Dug era su caballo predilecto), que transportaron a las hordas hacia la “construcción” del primer imperio Mongol, el más extenso de la historia. Claro que en ciertas partes de Oriente cambiaron al caballo por dromedarios y camellos, y qué, curiosamente, en algunos lugares arábigos, no se paga por subir a ellos, se paga por bajarse.

Parte de la manada épico-celestial-histórica, son otros distinguidos jamelgos (millones creo)  como Janto el caballo de Aquiles, de la “gallada de los corceles de la Ilíada”, que era propiedad inicial de Peleo y la nereida Tetis, padres del héroe griego más reconocido de la guerra de Troya: ¡Oh inmortal caballo de Troya que entre su vientre…! En un descuido suyo, encontramos pastando, a Bucéfalo, el caballo “orgullo” de Alejandro Magno, son los dos, el “dúo veloz” que jamás perdió batalla alguna. Así saludamos a  Strategos, el caballo del cartaginés Aníbal, un trotón que dobló a España, la subió a su costillar, y entre una maleta, se la llevó directo para Cartago. Entonces, por el camino, vi a Incitatus (impetuoso) el caballo de Calígula que alcanzó una curul de senador sino estoy mal informado. De pronto escuché un relinchar particular, era un relincho de Genitor, el caballo de Julio César que andaba con sus pies de hombre y con sus pezuñas hinchadas. A ”mil por hora”, entre las dunas, vi correr a Lazlos, el caballo del desierto, real compañero de Mahoma, el animal que precedió a la espada, sobre el que el Profeta hizo su primera peregrinación a la Meca. Si de sobresalir se trata, miraremos a Marengo, el caballo de Napoleón. Sea entonces observar a Othar, el caballo huno de Atila, del que, el mismo rey  dijo: -“Por donde pasa mi caballo no vuelve a crecer la hierba”.

Muchos corceles se han enamorado perdidamente de Aura, la famosa yegua de Philotos. Pero incluso, los poetas tenemos a Acteón (la aurora), como Auriga de Helios, como auriga propia. Sin duda, sé que andaré un día sobre Eclipse el caballo de carreras más grande de la historia. Y quizás, también montaré sobre Babieca, que no fue montado por nadie más después de la muerte del Cid Campeador, pero con su licencia, lo haré, estoy seguro. Por ahí me contaron que en Portugal, por los estuarios del Tajo, en las tardes, cabalga al trote sobre un fino corcel, el inolvidable Saramago. De igual manera supe que un día Pushkin, fue uno de “los jinetes de bronce” y atravesó a Rusia entera, para dividirla en dos: antes, y después, de su palabra.

¡Pero cómo no recordarte, mi caballo albo… mi albo Unicornio! Regalo de mis dioses supremos. Oh fabuloso Unicornio de la India, sea infinito tu mágico resplandor porque  también eres, en el recuerdo, el caballo de Ctesias de Grecia. ¡Vive por siempre en mi habitación con tu colosal estampa… mi  unicornio de plástico: gigante que titán fue, de mi niñez!

¡Allá van los centauros… allá van horadando universos: son los Centauros de Tesalia! Te canto a ti Centauro que fuiste tótem y fuiste reminiscencia  de aquella secta prehelénica. ¡Sean perdurables los centauros en el alma, y en el brioso espíritu  inmortal, de Folo, de Quirón y de Neso¡

A caballo me divertiré de vez en cuando. Saldré a pasear con Tiro Loco, el caballo sheriff, el caballo pistolero. A campo traviesa, a pelo puro, montaré a Silver (Plata), el del Llanero Solitario. Le pediré a Jolly Jumper, el de Luky Luke, el caballo más listo de nuestra era, que  me enseñe sus estrategias. Al Zorro le robaré, en cuestión de segundos, a Tornado.

Pero no crean, yo también, a solas, he tenido, por montones,  mis propios territorios épicos que han contado con su particular caballería. También tengo, en propiedad, un caballo heroico, que anda vanidoso ostentando su  majestad (desde luego, no alcanza la majestad divina de Kantaka, el caballo de Siddhartha). Es mi propio caballo …es mi caballito de palo. Igualmente, ejércitos y guarniciones –de palo-, han sido míos. Incluso, hace poco, invité a una dama galena, mi fabulosa vecina, a jugar en la calesita.  Ella y yo volamos hacia allá, al lomo de mi caballito de palo. Fuimos párvulos montando en los carruseles… vivimos la alegría de los caballitos mágicos. Fue para ella, para mi dama galena, la felicidad total, porque  conmigo compartió, su tarde épica. De verdad, mi felicidad está sin palabras.

Mi caballito de palo es genial y me acompaña, sin cobardía,  a todas mis

Jesús María Stapper Escritor – Artista Plástico

batallas. Es súper-épico. En mis guerras no hay sangre, no hay dolor, no hay muerte. Mi caballito no sabe de vencedores ni de vencidos. Mi caballito tan sólo sabe de sueños. Tan sólo sabe, por ser testigo, de mis febriles pasiones y romances de media mañana… de media tarde… Romances furtivos esencialmente. Cuando mi caballito está cansado por llevarme a cuestas, lo doblo, y lo guardo en el bolsillo estrecho de mi camisa veterana, aunque rota y desteñida, mi camisa predilecta. En las altas horas de la madrugada, mi caballito de palo, se convierte en un actor del ajedrez (con la participación de un sólo jugador), casi siempre es derribado, no obstante, en ocasiones, ríe y presume porque pleno de satisfacción, se come a la reina; y con vergüenza digo, que también, a veces, se come al rey, al rey del ajedrez, claro está. ¿Qué sería de mí, cuando en el aposento de mi soledad, yo viviera sin mi caballito de palo, mi caballito súper-épico? ¿Pará dónde mandaría yo, entonces, a todas mis penumbras?

Jesús María Stapper

Escritor – Artista Plástico

Bogotá D. C. Colombia – Sudamérica, enero 20 de 2011.

2 comentarios para "MI CABALLITO DE PALO ¡UN CABALLO SÚPER-ÉPICO!"

  1. Amante lectora  febrero 1, 2011 at 3:49 pm

    Maravilloso artícuculo, el escritor no solo nos ilustra en historia, tambien nos presenta esta, de un modo literario que muy pocos logran y se dan a la tarea de regalarnos sus escritos, sin restricción alguna, hojalá nos demos tambien a la tarea de leer y releer estos artículo son excelentes. Mil Felicitaciones y adelante

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  2. RAMIRO LAGOS  febrero 4, 2011 at 5:15 pm

    Estimado amigo, pintor, poeta, ensayista y cuentista Stapper: francamente se ha lucido tu pluma con los esbozos históricos, épicos y míticos de los caballos, a los cuales habría que agregar los caballos sabaneros de Marroquín que trotan en las páginas de su clásica novela. Pero no me hagas caso, todo lo que has escrito con la perfección de tu estilo, es merecedor de laude. Ya te lo dije, te has superado como escritor, y me alegro que con este nuevo texto, nada se pueda comentar como oscuro lunar, sino todo lo contrario, como triunfal ascenso hacia un destellar de reflejos humanísticos encubiertos que le dan categoría de magistral a éste y a otros escritos de tu pluma. Lo que, para concluir, te digo sinceramente, que tus escritos se imponen, como éste del caballo épico, y ojalá, también tus escritos se impongan épicamente a nivel nacional e internacional.
    Cordial saludo,
    Ramiro Lagos Castro
    Ex-Director Cátedra de Literatura Hispanoamericana, y Professor Emeritus (Universidad de Greensboro, North Carolina, USA) Fundador Centro de Estudios Poéticos Hispánicos Madrid- España

    Febrero 3 de 2011
    Greensboro, North Carolina, USA

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