DISPARO AL AIRE: SUCEDIÓ EN CÚCUTA

Sin palabras para definir esta escena.

Pummm, retumbó en vísperas de la Fiesta de Reyes Magos el disparo proveniente de la calle 12 en la amplia avenida 6ª de Cúcuta, y de una nube de palomas sobre el firmamento, una de ellas cayó a nuestros pies, con el pecho groseramente explotado, en una de las acciones de echar tiros al aire por irresponsables, al parecer con más frecuencia de la que pensamos, causando lamentables muertes humanas, estimadas en 1000 en los últimos años, en especial niños, como las que se están lamentando por éstos días en Soacha, Medellín, Cali, Manizales y otras ciudades colombianas.

Se volvió peligroso tertuliar a lo cucuteño, en las amplias aceras de la ciudad, aún en pleno corazón de la ciudad a menos de 50 metros del Parque Santander, tipo 11 de la mañana y a la hora de nuevo se volvieron a escuchar disparos, porque esa palomita de las que a diario alegran nuestros cielos, salvó seguramente la vida de un o una inocente persona de las miles que diariamente transitan por nuestras vías o trabajan en ese céntrico sector, suerte que no han tenido 1000 personas en los últimos 10 años, según estimativos de la ONG Centro de Recursos para Análisis del Conflicto, Cerac.

Los decesos fatales por gatilleros irresponsables  se incrementan para despedir e iniciar año, como le ocurrió los primero segundos del 2011 a Esteban Giraldo Ramírez, de 7 años, en el Barrio San Nicolás, en Soacha, Cundinamarca, o a una señora en Medellín que estando en la ventana de su casa recibió un mortal impacto, al igual que a la universitaria Mónica Andrea Muñoz de 26 años que deja en Manizales huérfano a su pequeño hijo; menos desafortunados pero hospitalizados están el cartagenero Andrés Felipe Castillo de solo 5 años, con un disparo en su  cráneo, o un bebé caleño de 5 meses víctima de un menor de edad que le disparó bajo los efectos del alcohol.

Como no es delito disparar injustificadamente, sino una infracción policiva, algunos legisladores colombianos al parecer ya están proponiendo cárcel a los infractores; quizá por ello cuando le mostramos muerta la paloma a un agente de Policía Nacional, se dirigió hacia el lugar de donde al parecer provinieron los disparos, pero al cabo de 15 minutos nos retiramos sin respuesta alguna, solo la condena unánime de la gente que pasaba por el sector, alertando sobre el peligro para los transeúntes. Por seguridad personal, no sea que siguieran disparando, no se verificó la versión reinante en el sector, que el fin de semana, hubo muchas palomas misteriosamente muertas  en el Parque Santander.

Rafael Camperos higuera

Comunicador social, en formación, Universidad de Pamplona

San José de Cúcuta, 5 de Enero 2011

Comentar

Su correo electrónico se mantendrá en privado.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.