31 DE DICIEMBRE: DÍA DE CONTRASTES

Por Nohra Ibargüen.

¿Quién no se ha encontrado con alguien un 30 de enero y le ha dado o ha recibido un efusivo saludo de feliz año?

Personalmente, he recibido abrazos de año nuevo hasta en febrero, y también los he dado. Son los rezagos de una fiesta que está arraigada en muchas culturas. El 31 de diciembre es un día pretexto para festejar. Es un día de contrastes: de recuerdos, de añoranza, de derroche de alegría, de comida, de música, de quereres.  Para una gran cantidad de pueblos en el mundo es un día concentrado de emociones.

Para todos aquellos que organizamos y regimos las actividades en función del calendario juliano, el 31 de diciembre viene cargado de sensaciones. En nuestra sociedad, la publicidad, la vecindad con el 24 de diciembre, el fin de año escolar, las vacaciones de algunos, el balance empresarial, son algunas de las señales que nos indican que vamos a entrar en una etapa de reorganización de nuestras vidas.  El último día del año se macera desde días atrás como un ponqué de bodas. Y así, son varios los condimentos que le van dando sabor a ese día: las noticias de los nuestros y de los vecinos, la publicidad, el resultado de nuestros proyectos, la economía, la salud y el afecto.  El 31, estrenamos vestido, compramos champagne, bailamos, reímos y abrazamos con gran alegría a todo el que se nos cruza.  Se felicita a la familia, a los amigos, a los vecinos que no son tan, tan amigos, a los conocidos de nuestros amigos, a todo el mundo.  Hay quienes dejan ese día para perdonar al que lo ha ofendido o para desobligarse de faltas cometidas.  Es un día de euforia. Un solo día donde casi todos inadvertidamente nos ponemos de acuerdo para sentirnos bien.

Normalmente nos dejamos seducir por la alegría del ambiente festivo que nos rodea por esta época.  Pero hay quienes viven circunstancias difíciles y dolorosas que los abstraen de vivir este día de la misma manera.  La enfermedad, la muerte de un ser querido, la ruptura familiar, el secuestro y el recuerdo de situaciones desagradables limitan emocionalmente entrar a esa fiesta mundial. Sin embargo, para ellos y para los que en algún momento pasamos por las mismas situaciones, la fraternidad y el rescate de los valores humanos vienen a colmar los espíritus y a hacer que esta fecha sea  más enriquecedora, más sincera, más humana.

Ciertamente, también están aquellos quienes dicen que esta fiesta es un producto comercial.  Ellos rechazan las demostraciones emotivas y buscan explicaciones racionales para evitar la seducción del ambiente, cuando en realidad, somos nosotros quienes debemos comprender y respetar las diferencias entre unos y otros.  No obstante, si vamos a perdonar, perdonemos, si vamos a saludar, saludemos, si vamos a manifestar buenos deseos hagámoslo con todos y siempre.

Nohra Ibargüen escribe desde Canadá-

En fin, lo que sí es cierto es que queramos o no en nuestras tierras, todos los fines de año son días que nunca pasaran inadvertidos para nadie. El 31 de diciembre y el primero de enero pueden ser cualquier fecha del año, al fin y al cabo, podemos celebrar los nuevos años de todos los calendarios: el chino, el gregoriano, el hebreo, el budista y otros.  El día de nuestro aniversario, hoy, mañana, cualquier momento es bueno para ser generoso, para ser alegre, para comenzar proyectos, para vivir con intensidad la vida y compartirla con el prójimo y consigo mismo.

Hoy, no importa la fecha, les deseo mucho amor, salud y prosperidad.

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