CACHIRA INUNDADA POR LA DESOLACION… Y EL OSTRACISMO

Jesús María Stapper – Escritor y pintor.

Por: Jesús María Stapper

Nacer en un territorio implica estar anclado a él, a lo largo, de la existencia. Cáchira es el lugar en donde nacimos, es el “mapa que nos pertenece”. Significa que estamos anclados al vientre de nuestra madre tierra cachirense: nuestra “Pacha Mama”, como le dicen con fulgurante amor, al planeta, nuestros apreciados indígenas, en su razón de ser ancestral milenaria. Por ello, ese cordón umbilical es irrompible, e inextinguible. De manera tal,  estamos comprometidos, con todos los sucesos e in-sucesos que en nuestra pequeña Patria ocurren. Ello repercute de manera directa en nuestro espíritu. Así nos llenamos de alegría, expectativas, positivismo, ideales, sueños…; o por el contrario, nos sentimos invadidos por la tristeza, la desesperanza, la derrota, o en últimas circunstancias, por la vergüenza, (incluidas, ante todo, las vergüenzas “políticas” que nos invaden cual estigma impreso en el cartapacio de sus mezquindades, sumadas al montón, con un alto índice de perfección. La politiquería nuestra es perfecta, no tiene ningún defecto o precariedad, infortunadamente).

A nuestra tierra cachirense le han correspondido, y le atañen, venturas y des-venturas. Quizás como igual le sucede a todo territorio. No obstante, los in-sucesos territoriales nuestros de los últimos años, nos dejan una estela de sinsabores, so-pretexto, de jugar claro, al mantenimiento de la desidia y el conformismo, por parte nuestra. Sin excepción, todos, somos culpables. Hemos visto cómo consecutivamente, se ha desmembrado nuestro territorio, y no hemos presentado al respecto, malestar, queja, o contradicción, alguna. Al parecer, poco a poco, desaparecemos; o nos extinguimos a tal ritmo, que un día seremos leyenda -si es que… “logramos serlo”- de lo que algún día pretendimos, y en realidad, no fuimos, o no supimos ser. Con estos territorios se ha ido parte de nuestra riqueza.

Los in-sucesos naturales también nos han castigado de manera inmisericorde. ¡Cuánto nos duele! Ahora, al parecer, como una “cuestión de moda”, vivimos avalanchas naturales temporales o periódicas. Impotentes sostenemos a la rebelde montaña que en cualquier instante, “se nos viene encima”. Entonces nuestra existencia, con sus desbaratados pertrechos, toma su rumbo letal, rio abajo. Nos quedamos entonces con la destrucción, la desolación y la miseria. Y sobre ello, nos consumimos en el eterno olvido… en el ostracismo total. Sin embargo, para “nuestro masoquismo asumido”, es ya una costumbre…, y el espanto no nos asombra, apenas nos conmueve por un corto periodo. Claro que la solución existe, pero no podrá ser paliativa, como siempre, como estamos acostumbrados. No debemos aceptar remedios prescritos, como para que “el muerto viva” de un día para otro. No debemos aceptar ahora, ante la dimensión de nuestra tragedia, que nos formulen una solución coyuntural válida para pasar el vagón del tiempo en un medio día.

De manera irremediable tenemos que optar por otra actitud. Es una necesidad urgente, debemos despertar. Ahora y, en adelante, no podemos aceptar Administraciones Municipales (funcionarios) con mirada cavernícola (súmase ahí, todo lo malo que ello implica). No podemos aceptar alcaldes de pobre instinto “gamonal-ístico”, que inútiles en sus nichos, vivan enclaustrados como sibaritas de lujo, con sus pequeños feudos-roscas. Alcaldes perezosos, o ineptos, en el peor de los casos. Alcaldes mediocres que solamente se convierten en ordenadores del gasto público, pero que no nos ofrecen  ninguna capacidad de visión, de gestión, ni de liderazgo gerencial-empresarial. No podemos aceptar de ninguna manera, la indiferencia consumada  hacia nuestra tierra, por parte de los Gobernadores del Departamento Norte de Santander, que pasan y pasan y pasan… unos y otros; pero que a Cáchira nunca llegan, excepto cuando en comunicaciones “enmarcadas entre papiros sublimes”, suplican por miles de votos para sus campañas. No podemos aceptar, que nuestros Honorables Congresistas nortesantandereanos, lleguen al Parlamento colombiano a formar parte –como es costumbre- de los comités de aplausos. No podemos aceptar que nuestros Parlamentarios, lleguen a recibir portentosos sueldos -y otras prebendas-, sin que su accionar sea digno, ejemplar, y activo. Ponderado en cambio, es el resultado de su incapacidad, he ahí, el lugar de retaguardia que ocupa nuestro Departamento dentro del contexto nacional. No podemos aceptar nosotros, los Miembros de la Sociedad Civil cachirense, nuestra maldita des-unión repleta de envidias y de protagonismos insulsos, que son los elementos que nos llevan hacia la deriva. En realidad debemos auto-juzgarnos. En ciencia cierta, no sé de cuánto yo soy culpable de lo malo,  que en nuestra tierra acontece. A mí, por un motivo o por otro, también me corresponde una porción de nuestra vasta pobreza e ineficiencia.

Las circunstancias actuales, de tragedia múltiple, nos convocan como nunca, por amor o por obligación, a integrarnos de manera definitiva. A emprender nuevas rutas, rutas sólidas forjadas sobre las bases de nuevas dinámicas. Por ello, propongo una organización cachirense que integre lo público y lo social, para que desarrolle un trabajo en red, de manera continúa. Debe ser una organización visionaria, de alto talante, de infinito liderazgo, que desde lo local, regional, departamental, nacional e internacional, optimice resultados, ejecute proyectos, es decir, que emprendamos los caminos del desarrollo bajo los preceptos reales de un plan establecido. La primera tarea será la de realizar un diagnóstico real de lo que nos aconteció. Crear un plan de desarrollo y formular peticiones. La “primera dura pelea” será la de hacer una nueva carretera -con la modernidad requerida-, que le dé a nuestra comunidad y a los turistas, las garantías suficientes de transporte y comunicaciones. Otra necesidad apremiante es la de satisfacer los servicios básicos. Así sucesivamente, irán saliendo a flote, necesidades que requerirán soluciones. Creo en la capacidad de los cachirenses. Aún tengo fe. A veces, creo que pecamos más por defectos, que por falta de virtudes. Las responsabilidades y  soluciones son nuestras. El ostracismo nos invade, no obstante, pienso de manera optimista, que está en su etapa final.

De manera solícita y deferente, convoco al señor Alcalde de nuestro Municipio, doctor Rafael Landazábal Pabón, para que en las actuales circunstancias, ejerza liderazgo, inste e integre a nuestras comunidades, a las entidades, a las autoridades, a los organismos nacionales e internacionales,  hacia las soluciones inmediatas y de largo plazo que necesita nuestra tierra cachirense. Bien sabe que cuenta con nosotros. Si no es así, consideraremos a nuestro territorio, acéfalo de autoridad. El Gobierno Nacional de Juan Manuel Santos, al amparo de la emergencia económica, ofrece toda su colaboración y aportes  -existen recursos-, es así que la diligencia nos corresponde y debe ser inmediata. Expreso en nombre de mis coterráneos, nuestro agradecimiento a Rafael Montagút Ortega -rafita-, ese gran líder de nuestra tierra, por su noble y generosa y encomiable tarea pro-cachirense. Un millón de gracias.  Así como Rafael, otros cachirenses, también merecen nuestro reconocimiento y gratitud, por ello, a cada uno de ustedes, en nombre de nuestro Pueblo, les decimos un millón de gracias. Gracias a ti, periodista Mary Stapper por tu benevolencia y altruismo; tu amor por Cáchira es incuestionable. Es increíble, pero nuestras esperanzas cachirenses persisten… persisten por existir.

Jesús María Stapper

Bogotá, Diciembre 9 de 2010

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