EL GALLO CUCUTEÑO SE VOLVIO MECÁNICO

Mucho se ha hablado del gallo cucuteño, que en castellano macizo es algo así como tomar del pelo, reirse de la vida, de los demás y de sí mismo. Esto lo corrobora este gallo que encontramos cuidado un taller mecánico o reemplazando a un gato hidráulico.

En Cúcuta nuestra, econtramos un artículo de Humberto Africano en el cual habla del gallo. En uno de los apartes dice :

«LE COMPRO EL GALLO

Cuando Cúcuta era aún una aldea, tal vez, por ahí hasta los años sesenta, era supremamente tranquila y sana, con sus mañanas diáfanas, sus tardes apacibles y sus noches frescas. Los únicos escándalos que se daban era cuando alguien se robaba una gallina que encontraba por ahí mal parqueada. También era por esa época, en la que no había supermercados ni neveras, que los alimentos debían comprarse frescos para el día. De modo que cuando a alguien se le ocurría hacer un sancocho de gallina, tenía que ir al mercado público a comprar viva el ave y regresar a su casa con ella bajo el brazo.

El eterno buen humor cucuteño salía a relucir y era común oír gritos como: “¡pa’donde va con ella!”, “¡Agárrenlo que ahí va!”, “¡Ahí viene la policía!”, “¡Le compro el gallo!”, en alusión a un fingido supuesto de que era robada. Así nació el nombre de “gallo” para designar todo artículo de dudosa procedencia y que se asume que es robado.

Con ese humor cáustico cucuteño, cuando alguien va por la calle con algún electrodoméstico: Televisor, radio, ventilador, es común oír que le dicen: “le compro el gallo”. Y no chicanee frente a sus amigos por la compra del nuevo artículo de última tecnología, pues se expone a que le digan: “le compro el gallo”.

(Foto de RACNS)

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