LEO PORQUE NO SE LEER

Por: Jesús María Stapper

Reflexiones posteriores al II Encuentro de Crítica Literaria celebrado en la Universidad Nacional

El título de este comentario “sugiere un contra-sentido”, pre-supone la expresión de algo con-sentido pero  también puede ser algo  sin-sentido. No se preocupen, la verdad, es así. Y por lo tanto, quiero “confundirlos” un poco (advierto que quien primero  está así, confundido, soy yo). Estamos imbuidos en la era de la crónica  y la narrativa del desastre. Implícitos en esta diligencia de la  llamada “mala literatura”: cosas paupérrimamente escritas, están (estamos) los escritores, o quienes pretendemos serlo en un “guerrear constante”  a lo largo de nuestra vida (pelea dura con la palabra, con las madrugadas, con la impaciencia, con la imaginación y con  el papel, o, con la “sugestiva” y onerosa cara del computador).

Otros, acusando su riqueza económica, su poder, o su elevado estrato social, se “convierten” en escritores de un momento para otro con el único y deleznable fin de ganar status, prestigio, honra y nombre ante su  familia y demás…; y también,  para poder vitorearse ante el aplauso socarrón de  sus lectores “manzanillos” constituidos por el noventa y nueve por ciento de sus amigos (caso Andrés Pastrana quien recibió un premio- reconocimiento  en España en nombre de los escritores y de la literatura colombiana: qué desprestigio y qué ridículo tan grande para nosotros, cuánta vergüenza nos dio). Entiendo que una persona, en el ocaso de su vida puede pretender ser escritor, luego solamente su legado perdurará por la fuerza vital de su calidad narrativa. Hay quienes escriben siempre y publican en su vejez con lo cual se adjudican un punto meritorio, amén de la calidad de su obra. Hay escritores que en sus inicios sufrieron contingencias de distinta índole, descreencia en el valor de su trabajo, envidias, crítica mal-sana, mal-pensante, y des-crédito editorial, caso Balzac, Vargas Vila, Joyce, Barba Jacob, García Márquez, Rushdie etc.)  La edad no califica o descalifica al escritor. Hay escritores especialistas en participar en concursos (con amplia vocación de escribir para los jurados). Concursos que ganan por suerte, “rosca”,  o “confabulación en pro”, por parte de los jurados; pero cuando alguien los lee y los sabe leer, se sorprende al encontrarse de frente con una literatura innocua,  carente de resultados y de valor literario; sin embargo, ello también depende del valor, seriedad y responsabilidad del concurso, pues los hay –aunque pocos- de una ponderada y manifiesta categoría.

Ser escritor en lo contemporáneo, también es una moda. Dejó de ser un esfuerzo de “combatientes” o “iluminados” que se queman –o quemaban- sus pestañas con la única idea de sembrar pensamiento, gestar transformación, o, de ofrecer un valioso e inmortal  legado. Legado basado únicamente en la generosidad y el valor de su palabra-pensamiento (su sacrificio implicaba estos menesteres, no es así: un correr repentino tras la “fama”, calzando lujosas y brillantes zapatillas). Ahora la mayoría de los escritores van en un esmerado afán por el “estrellato”, por el billete, por la publicidad mediática, o por convertirse en “deidad” y ser fuente de adoración.

No me opongo, de ninguna manera (puesto que no soy Dios, ni ley, ni juez, ni verdad, ni sabio, más bien soy un tanto…) a que alguien escriba. Por el contrario, creo todos los seres humanos debemos escribir y leer. Ojalá saber escribir, saber leer. No pretendo matar la ilusión de quien algo escribe, tenga calidad o no (alguien puede hacerlo por placer o con el mínimo deseo de decirse algo, de decirle algo a alguien, que puede ser a su novia, su madre, o a un eucalipto, por ejemplo, o para matar el aburrimiento, o porque se le da la gana.

No obstante, pienso que quien desea ser escritor en serio (o periodista: quien está “obligado” a escribir), quien desea  hacerlo en su proyecto de vida, debe tenerlo como algo que se lleva en el alma, algo arraigado en las entrañas, ahí está el “sacrificio”, la honradez, la virtud y el humanismo. Elemento sine qua non también esencial en el ejercicio de cualquiera otra profesión u oficio (presento excusas por este Latín tardío propio del Derecho, nunca lo uso, pero digamos que no me quedó “más remedio”). Entonces me remito a la carencia que tenemos en el mundo contemporáneo de buenos escritores, de buenos periodistas (los hay de unos y otros, pero faltan más… muchos más, porque abundan de… los otros). Nos faltan aquellos seres “paradigma” que ante la dimensión de su creación, de su talento, de su ingenio, de su trabajo, “no nos queda otra” que la de ofrecerles sumisa genuflexión como un símbolo de respeto, de admiración y de agradecimiento. Pretender ser escritor y ser escritor, son dos cosas totalmente distintas, según Salman Rushdie nos lo dijo  hace algún tiempo. Al respecto, le otorgo al escritor indo-inglés absoluta razón.

En la diligencia de la mala escritura de la narrativa-información está comprometido de manera severa lo mediático. Vivimos   el show-snob-show de la mayoría de los Medios de Comunicación (algunos con su venta de “baratijas informativas” para cuyo ejemplo solamente sustraje lo siguiente: -La prestigiosa revista (…)  informa que el hombre más bello y apuesto que hay sobre la tierra es Enrique Iglesias, hijo de un famoso cantante… (De cuyo nombre no me acuerdo, digo yo). –Después de su vigésimo romance, vividos todos en seis meses, la respetada señora, actriz y cantante (…) mantiene un cruento romance con el actor (…). Las “celebridades” hacen el amor cuarenta y ocho veces diarias con las posiciones del sapo, el sapito, la ranota, la ranita, el renacuajo, el renacuajo chiquito y otras mil porno-posiciones batracias más. Ella no solamente jadea en la cama, la cocina, la iglesia, el avión, o la piscina, también gritando se lo cuenta a todo el mundo. Son estos los Medios que escriben para los lectores que no saben leer. Otros Medios de parcializada vocación, nos invaden a cada instante con sus informaciones de-informantes. Son las estrategias mediáticas tan necesarias para permanecer al vuelo. Siendo subjetivo, en realidad, no culpo totalmente a los Medios, pues persistir por existir en un país como el nuestro (y en el mundo actual) es muy duro, sacrificado y en ocasiones, delirante. Prevalece necesariamente el detalle: “hay qué vender para prevalecer” acosta de…. El sacrificio se maximiza hacia los Medios Alternativos, que algunos por independientes, buenos,  veraces o verticales, y culturales, tienen duración efímera.

Como diría alguien coterráneo y profano en estas lides de la literatura: -Abundan libros “como arroz partido”, que el leerlos, en su mayoría, dejan poco, tan poco… o nada. Nos entregan el mismo resultado de las telenovelas tan baratas, tan mediocres y tan sin-sentido de nuestra desafortunada televisión latinoamericana.  Epicentro de capos, capitos, narcos, narquitos, puticas, gay-sitos, ladronzuelos, tetas grandes, tetas chiquititas, en una apología del personaje pícaro y prostituido; y otros repetitivos y re-quemados temas, con lo cual, la “literatura televisiva”, se muestra carente de imaginación en la que predomina su gran vacío estético, pero se muestra rica en lo anti-valor y en lo anti-literario; aunque al parecer, producen muchos dividendos –eso es lo que cuenta-.

No implican las incipientes reflexiones anteriores, que sea una obligación escribir en un metalenguaje, expuesto en rimbombante curul, en complejo barroco, en trasnochado culteranismo. No importa el estilo. Creo que tan poco importa la forma, allende la preceptiva, allende los cánones, allende las estructuras. Se debe evitar lo in-“rosa”, lo Corín “trillado”. Empero, se debe tener en cuenta al lector, éste merece respeto. Hay que tener en cuenta, que el lector, en ocasiones, sabe leer. Con lenguaje sencillo, con voz desnuda, se puede decir mucho, la valía prevalece (atrevidamente digo yo) en la calidad y en el valor del contenido. Lo escrito con calidad no necesita ser complejo, no tan complejo como le sucedió a aquel escritor de novela negra que ante el mediano éxito de su primera obra escrita y publicada, soñó con una perfecta segunda obra, tan perfecta que no la pudo terminar, en su escritura se confundió tanto que no fue capaz de descubrir al asesino.

De tal manera, haciendo acopio de mis vagos e inútiles pensamientos reflexivos, celebro el próximo pasado II Encuentro de Crítica Literaria realizado en la Universidad Nacional, Facultad de Ciencias Humanas, a donde fuimos convocados por el Departamento de Literatura y la Maestría de Estudios Literarios. En esta segunda ocasión el tema central fue: “El lugar de la crítica en el campo cultural literario colombiano”. Destacados Académicos de distintas universidades del país (algunos de los académicos con trayectoria internacional docente en universidades de Estados Unidos, por ejemplo) ofrecieron lo más granado de sus análisis hacia la crítica, entre ellos, Victor Manuel Rodríguez, Fabio Jurado Valencia, Miguel Rocha Vivas, Carmen Millán, Estercilia Simanca Pushaina, Natalia Romero, Sandro Romero Rey, Rubén Darío Zuluaga, Octavio Escobar, Hermínsul Jiménez, Gonzalo Márquez Cristo, Azriel Bibliowicz Goldstein,  Juan Guillermo Gómez,  Hernando Motato, Mario Barrero Fajardo, Marta Orrantia, Roberto Burgos Cantor y otros. En el rol de coordinadores de las mesas de trabajo participaron Ivan Padilla, Enrique Rodríguez, Victor Viviescas, Oscar Ocampo, Patricia Trujillo y otros. Participó también Enrique Rodríguez, Director del Departamento de Literatura y la híper-activa Alejandra Jaramillo Morales quien ofició como coordinadora de este Encuentro.

Este Encuentro de Critica celebrado en la Universidad Nacional, me dejó otras reflexiones, desde luego. Ahí está su trascendencia. Pero les manifiesto que sigo confundido, igual que al comienzo de este comentario. Por ejemplo, no entiendo lo siguiente: -“Para embotellar las aguas de los océanos tendría que agacharme pero mi estómago no es flexible”. Eso lo dijo alguien y yo no lo entiendo. Entonces les hago una confesión sincera: -En definitiva, yo también leo. Leo porque no sé leer.

Jesús María Stapper

Escritor – Artista Plástico

Bogotá D. C. Octubre 13 de 2010

4 comentarios para "LEO PORQUE NO SE LEER"

  1. GABRIEL ALONSO MANTILLA  octubre 19, 2010 at 11:32 am

    Tiene razón. De todo hay en la viña del Señor. Hoy por hoy, todos quieren parecerse a Gacía Márquez y se convierten en malas copias. Lo mismo que en periodismo, impera la moda pero con mala calidad porque lo único que interesa a nuevos profesionales es el amarillismo.

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  2. jessica manjarres  octubre 28, 2010 at 9:08 pm

    Muy buen articulo, esta es la cultura que nos estan dejando nuestros padres y maestros?? analicemos un poco que estamos comprando para leer, estamos persiguiendo la moda? que les vamos a enseñar a nuestros hijos? definitivamente somos muy incultos.

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  3. Gloria García Torres  mayo 28, 2014 at 4:25 pm

    Bien interesante lo que plantea Jesús María en este artículo. Lo interpreto como un desafío de evolución y conciencia, en el que lamentablemente seguimos dando vueltas y avanzando poco, a veces nos puede más el orgullo, el afán de protagonismo.
    Me gustó mucho esta frase: «se debe tener en cuenta al lector, éste merece respeto». Un llamado a escribir con ética y profesionalismo.

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  4. Gloria García Torres  mayo 28, 2014 at 4:26 pm

    Gracias por sus aportes y críticas constructivas. Conciso y contundente.

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